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Actualizado el 2007-05-26 a horas: 02:15:26

Para alimentar máquinas en lugar de seres humanos

Etanol: la ética del cristal con que se mira

Alfonso Gumucio D.

El debate sobre el etanol ocupa los medios y se dicen y escriben muchas cosas al respecto, casi todas ciertas, a favor y en contra. La abundancia de información puede desorientar al lector sobre un tema que tiene dos vertientes relativamente fáciles de entender. Por un lado está la preservación del medio ambiente, y por otro la preservación de la humanidad… ¿Cómo, entonces lo mismo? Todo depende del cristal con que se mira.

Alfonso Gumucio Dagron

Alfonso Gumucio Dagron

Escritor, cineasta, periodista, fotógrafo y especialista en comunicación para el desarrollo. Ha trabajado en programas de comunicación para el cambio social en África, Asia, América Latina y el Caribe, con agencias de Naciones Unidas, con fundaciones internacionales y ONGs.

Fue miembro de la redacción del Semanario "Aquí" y ha publicado en un centenar de diarios y revistas de Bolivia, América Latina, Europa, Norteamérica, África y Asia. Dirigió películas documentales en varios países. Es Coordinador del Grupo Temático de Comunicación para el Cambio Social en la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC).

Ha publicado más de veinte libros de poesía, narrativa, testimonio, y estudios sobre literatura, cine y comunicación, entre ellos: Historia del Cine Boliviano (1982); Cine, Censura y Exilio en América Latina (1979); Luis Espinal y el Cine (1986); Las Radios Mineras de Bolivia (1989) en colaboración con Lupe Cajías; Comunicación Alternativa y Cambio Social (1990); La Máscara del Gorila (1982) Premio del Instituto Nacional de Bellas Artes de México; Haciendo Olas: Comunicación Participativa para el Cambio Social (2001), Antología de Comunicación para el Cambio Social (2008).

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Hay muchos argumentos en favor del uso del etanol en reemplazo de la gasolina y de otros derivados del petróleo. El etanol es menos contaminante que la gasolina o que el diesel, y si todos los vehículos funcionaran con etanol, tendríamos cielos más limpios en las grandes ciudades, sobre todo aquellas como Los Ángeles, Roma, Sao Paulo, Mumbai o México. Actualmente, respirar el aire de esas ciudades, equivale a fumar dos paquetes de cigarrillos diarios. Es decir, hay un daño evidente a la salud, además del daño a la naturaleza, a las plantas y animales.

El otro argumento a favor del etanol, es que se están agotando las reservas de hidrocarburos, y es mejor pensar ahora en un combustible alternativo que pueda renovarse y no agotarse. Algunas agrupaciones de “verdes” y ecologistas de Europa y de Estados Unidos ven con buenos ojos al etanol, por lo anotado anteriormente.

No faltan los que afirman que la producción de millones de hectáreas de caña de azúcar o de maíz dará trabajo a miles de personas, pero se olvidan que esos miles de personas, tendrán que pagar mucho más caro lo que comen todos los días, porque el precio de los alimentos subirá a los cielos, para poder alimentar a los automóviles. Como siempre, además, estos nuevos negocios no mejoran el nivel de vida de los campesinos pobres, que no son sino esclavos mal pagados en las tierras de quienes realmente se hacen ricos.

También hay razones políticas a favor del etanol, y estas están sobre todo empujadas desde el gobierno de Estados Unidos. La principal, es que a Estados Unidos le está costando cada vez más mantener su supremacía política en el Medio Oriente, que es donde se produce la mayor parte del petróleo que consume. Y sus relaciones con Venezuela, otro país al que le compra petróleo, están muy deterioradas. Estados Unidos sabe que a la larga va a tener que dejar su política intervencionista en Medio Oriente, y eso puede significar que se le cierren las válvulas de los oleoductos.

Y si la situación de inestabilidad que ha causado la invasión a Irak se mantiene, los precios de la gasolina seguirán subiendo, y eso no le conviene a un gobierno desde ya debilitado en tantos otros frentes.

Hay razones a favor desde esa perspectiva “desde el norte”. Pero también en el sur hay intereses que apoyan el desarrollo de la producción de etanol. Por una parte gobiernos que saben que el mercado se va a ampliar rápidamente, y que las inversiones de ahora rendirán frutos en los próximos años. Y por otra la empresa privada, siempre lista para hacer un negocio rápido y fácil. Unos y otros recibieron con los brazos abiertos a Bush en su gira “etanol” a principios de marzo, cuando vino a decirles: “Ustedes producen todo el etanol que puedan, y nosotros lo vamos a comprar”.

El problema es que producir ese etanol significa destruir el medio ambiente en el sur del planeta, para salvar el medio ambiente en el norte. El etanol puede representar un enorme peligro para nuestra estabilidad ambiental. Puede que los gringos y los europeos tengan cielos más limpios, pero eso significaría un daño irreversible al medio ambiente de los países productores, pero además, como lo han señalado Fidel y Chávez, significaría más hambre.

La misma advertencia la lanzó hace poco Al Gore, exvicepresidente de USA y protagonista del documental “Una verdad incómoda”. Durante el Primer Congreso Americano de Biocombustibles Gore se refirió al "peligro de una disminución innecesaria" de los bosques y a la "reducción de los alimentos disponibles".

El etanol se produce ya sea a partir de la caña de azúcar (como lo ha hecho Brasil desde hace muchos años), o a partir del maíz. En ambos casos, su producción significa daños incalculables.

Primero, un dato fundamental: se necesitan 20 millones de hectáreas de maíz para un millón de barriles de etanol. Ese solo dato es siniestro, espeluznante.

¿Qué significa eso en primera instancia? Significa que los países que quieran producir etanol tendrán que “ampliar la frontera agrícola”, que en buen castellano significa liquidar millones de hectáreas de bosques, para plantar caña de azúcar o maíz. Estamos hablando de cultivos intensivos, que van a ir comiéndose todas las tierras disponibles. Conociendo a nuestros gobiernos y a nuestros empresarios, no dudemos que se van a entender muy bien para hacer negocios de mutua conveniencia, en perjuicio de los países y de su gente.

Las tierras que se van a usar para plantar etanol son reservas forestales o son tierras que han sido usurpadas a los campesinos. Eso está clarísimo en cualquier mapa.

En Brasil la penetración en la Amazonía se ha hecho salvajemente y ni siquiera el gobierno progresista de Lula ha podido frenarla. Siguen cayendo los bosques a un ritmo acelerado, mientras se asesina a los dirigentes que se oponen (una religiosa gringa de 80 años fue el último caso sonado), y los “Coroneles” terratenientes y latifundistas expulsan a las comunidades indígenas tierras adentro o hacia la marginalidad urbana. Es inmoral el poder supremo y la impunidad de la que gozan.

Guatemala es otro caso de estudio. En este país feudal, donde 50 familias controlan el 80% de las tierras productivas (incluso las ciudades antiguas de la cultura maya están dentro de esas tierras), se está liquidando la selva del Petén a pasos agigantados. El propio presidente de la república, Oscar Berger, tiene tierras en esa zona donde mantiene plantaciones de palma africana, otro negocio jugoso. En esas plantaciones colocan serpientes para que no se acerquen los campesinos de la zona. El Petén, que es el pulmón de Guatemala, puede acabarse muy pronto ahora que complacientemente los dueños de Guatemala se han puesto de acuerdo para producir etanol para Estados Unidos. Es increíble lo que puede lograr una visita de 24 horas del emperador de gringolandia.

Bosques que han tardado siglos en crecer, pueden convertirse en pocas décadas en desiertos. El cultivo intensivo de caña de azúcar “quema” la tierra, la deja vacía de nutrientes. Allí no puede crecer nada más. Sin ir lejos, tenemos la experiencia de Santa Cruz. Yo no recuerdo, por ejemplo, dunas de arena en los años 1950s. Todo eso se produjo porque el cultivo intensivo, sin respetar los criterios de rotación y alternancia de productos, empobreció las tierras hasta convertirlas en arena. Las tierras tropicales, en general, tienen menos de un metro de profundidad con nutrientes. Debajo de ese metro hay arena, que sale a la superficie cuando se talan los árboles y se abusa de la capa rica en nutrientes.

En los cultivos intensivos de caña de azúcar, algodón, de soya, etc., se impone siempre en Bolivia una mentalidad “minera” del lucro. Es decir, los empresarios que cultivan de manera irracional las tierras, sacándoles provecho al máximo, tienen una mentalidad extractiva similar a la de los empresarios mineros. Solamente les interesa extraer, sin pensar en las consecuencias. Seguimos siendo un país minero en todo lo que hacemos. No existe una mentalidad de la agricultura como recurso renovable.

Pero hasta ahí no hemos visto sino parte del problema. El problema mayor, es la condena al hambre.

Cualquiera que haya leído noticias en las últimas semanas, se habrá enterado que el precio de la tortilla sigue aumentando en México y en Guatemala. Este no es un dato cualquiera, es un dato de primerísima importancia, porque la tortilla es la base de la alimentación en Mesoamérica. Si sube la tortilla, aumenta el hambre, así de simple. La razón para ese aumento es obvia: el maíz está siendo convertido en etanol, por eso su precio aumenta. También subirá el precio del pollo y del cerdo, porque los alimentos balanceados a base de granos subirán su precio.

En Guatemala habrá escasez de maíz para alimentar a la población, porque la exportación de maíz a Estados Unidos se ha incrementado. Por supuesto que a los ladinos guatemaltecos que lucran con ese negocio no les importa: ellos no comen tortillas sino hamburguesas.

Fidel Castro tiene el valor y la integridad moral de oponerse al etanol aunque Cuba es uno de los mayores productores de caña de azúcar y no tiene muchas fuentes alternativas de energía. Esa actitud ética es similar a la que adoptó Fidel cuando encabezó la campaña contra el hábito de fumar, siendo que Cuba produce los más apreciados habanos. No hay muchos líderes como Fidel, que reflexionen sobre los temas y asuman actitudes éticas antes que oportunistas. Por eso no hay muchos líderes de su talla en el mundo.

La realidad es escalofriante. Los países del G8, los más ricos, generan las dos terceras partes de los gases de invernadero y usan más energía que el resto del planeta. Gracias a estos depredadores mayúsculos la naturaleza planetaria está quebrada, y ahora nos quieren pasar la factura al sur, para seguir gozando de un confort desmedido a nuestra costa. La temperatura de la tierra habrá aumentado 8 grados a finales de siglo, con catastróficas consecuencias, entre ellas, la escasez de agua. Cada día, afirman los científicos, desaparecen 150 especies de plantas y animales.

Lo lógico sería que cada país produzca etanol para su propio consumo, no para exportarlo. Así, Estados Unidos, que tiene un territorio bastante amplio, debería plantar maíz para producir su propio etanol y no afectar a México, a Brasil a Colombia, o a esa pobre Guatemala que no va a aguantar semejante presión sobre su agricultura.

Lo peor de todo es que se viene una nueva era de “repúblicas etanoleras” (como antes las bananeras) a merced de Estados Unidos, que hará lo necesario con su ejército, con su CIA y con sus presiones políticas, para preservar el negocio del etanol a cualquier precio.

Si los líderes mundiales y de cada país pudieran ver más allá de sus narices, pensarían con mayor seriedad en otras formas de energía renovable que ya conocemos desde hace mucho tiempo, pero que no han merecido, salvo en algunos países, el apoyo de políticas de Estado: la energía eólica, la energía solar y la energía geotérmica, entre otras. Es cierto que requieren de grandes inversiones, pero gracias a ellas podríamos parar esta locura de hipotecar el futuro de la humanidad.

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