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Área: Opinión >> Comentarios y enfoque
Actualizado el 2007-02-26 a horas: 00:05:41

La ridícula lucha “a mano” contra el narcotráfico en la ruta Santa Cruz – Cochabamba

(ASC-Noticias).- Es casi la media noche, los pasajeros de uno de los tantos buses que van hacia Cochabamba desde la ciudad de Santa Cruz son despertados por una voz militar que ordena y casi grita “¡Deben bajar todos!” e inmediatamente se encienden las luces internas de la flota, como se conocen en Bolivia los vehículos de pasajeros que realizan viajes interdepartamentales. Casi todos los viajeros, somnolientos, se preguntan asustados entre ellos “¡qué pasa!” “¡qué sucede!” “¿es un bloqueo?” “no, es la tranca de control, hay que bajar” responden otros que no han dormido durante el viaje y que informan a los demás.

Los pasajeros se mueven lentos, adormilados, tropezando entre los asientos y entre ellos, con los ojos irritados por las luces, se escuchan refunfuños y protestas por la molestia de tener que descender del bus en medio camino y a media noche. Pero nadie les explica nada, ni el chofer ni su ayudante que se quedan en silencio actuando temerosos, como si en ese momento quisieran evitar cualquier estorbo a la estruendosa voz que ha despertado a sus pasajeros. Todos bajan casi tambaleantes del vehiculo y afuera se encuentran, efectivamente, con la tranca de control “contra el narcotráfico” que se encuentra en Villa Tunari. La tranca es parecida a la de los puestos de retenes que se encuentran a las salidas de las ciudades, donde se paga el peaje para usar las carreteras. Está techada con calaminas, bien iluminada y cuenta con una plataforma muy elevada que permite revisar la carga de vehículos como camiones o chatas de trailers que pueden llegar a medir tres y hasta cuatrometros de altitud. Alrededor, pululan pequeños puestos de venta de refrescos, de galletas, de comida y hasta el baño público; todo un movimiento económico que está allí bajo alguna condición.La voz que ha despertado a los pasajeros de nuestra historia es la de un oficial que lleva uniforme militar, una gorra negra, una pistola automática en el cinto, y un chaleco que dice UMOPAR (Unidad Móvil de Patrullaje Rural), el grupo especial que en la lucha contra el narcotráfico es el encargado de perseguir en las áreas rurales el tráfico ilegal de cocaína, de coca ilegal, de sustancias controladas, reactivos para la elaboración del alcaloide y a veces participa en la incursión armada a pozas de maceración en lo profundo del bosque y en la erradicación de cultivos de coca calificados de “excedentarios”. Aunque se denomina “de patrullaje rural”, es absolutamente normal escuchar y ver que sólo se remiten a actuar en la zona rural llamada “Chapare cochabambino”, la extensa zona tropical donde se cultiva coca en Bolivia y donde se produce cocaína; zona que es atravesada por la nueva carretera que une Santa Cruz y Cochabamba.El oficial de UMOPAR que parece ser el líder del grupo, sube a la flota en cuestión, junto a uno o dos uniformados subalternos, para supuestamente realizar la labor de buscar alguna carga ilegal o que parezca sospechosa. Los viajeros preocupados por sus cosas miran por las ventanillas del bus, y con desconfianza, la labor de los uniformados que ya están adentro del vehículo. Los ven revolver mochilas, bolsas y maletas, dejar cierto desorden. Algunos justamente preocupados se acercan lo más que pueden a las ventanas temiendo que algo de valor después se les desaparezca, cuando de repente una voz grita ¡Por favor señores pasajeros caminen veinte metros más adelante y esperan allí a que el vehiculo avance cuando terminemos! El chofer y sus ayudantes inmediatamente acarrean a los pasajeros diciéndoles en tono de reproche “por favor señores vayan para allá, no estorben, ellos tienen que revisar”. Los pasajeros aprietan los dientes y molestos pero intimidados ante lo que pareceun operativo serio, obedecen mientras tratan de no perder de vista cada movimiento de los uniformados que en ausencia de ellos rebaten sus pertenencias personales. También abren el compartimiento donde están encomiendas, paquetes y esos bultos de los pasajeros demasiados grandes para ser llevados a mano; y lo rebaten todo a mano. Usan un punzón muy delgado con el que atraviesan los paquetes o bolsas “sospechosas” sin importarles si ello puede arruinar algo, luego lo retiran y buscan en su extremo algún rastro… de droga o algo que se parezca a ese polvo blanco.Todas estas circunstancias, el cansancio, el temor a perder sus pertenencias y la intimidación hacen que los pasajeros no se fijen en ciertos detalles. Primero que lo que guía el olfato de los uniformados es el aspecto más o menos campesino o colla que puedan tener los bultos transportados. Maletas como las usadas en los aeropuertos, por ejemplo, no llaman mucho su atención. Segundo, que entre los oficiales hay unos que tienen un chaleco con siglas diferentes que dicen “Unidad K-9 especial”. Así es, estas son las siglas de las unidades de rastrillaje conocidas por usar canes adiestrados para encontrar alijos ocultos de droga. El problema es que estos oficiales no llevan ningún perro con ellos y como los otros lo único que hacen es rebatir y rebatir las pertenencias de los pasajeros usando el único olfato de su intuición personal o su prejuicio por la apariencia de los bultos o los paquetes. Como ya dijimos con aspecto demasiado campesino o colla.La revisión continúa así, con la gente esperando a que los uniformados terminen aunque sea bajo la lluvia. Tienen suerte porque, de haber sido otro el caso, incluso, pueden ser obligados a esperar bajo el frío o el quemante sol si es que estuviesen viajando de día. Para que nadie se queje y se fije, a veces los uniformados pueden decir a los viajeros “aprovechen para estirar las piernas, ir al baño o tomar algún refresco”. Pero, en la historia que relatamos, algún pasajero muy observador nos se distrae y dice “vaya parece que estuviésemos entrando a otro país, a España”.Mientras tanto por el otro carril pasan vehículos livianos y algunos camiones que también son revisados. La diferencia está en que la minuciosidad de los uniformados, aquellos que no están ocupados revolviendo la flota, es más flexible o casi inexistente con ciertas clases de vehículos, por ejemplo, una vagoneta Mitsubishi o una Toyota Land Cruiser último modelo, aquellos que son demasiados lujosos como para pensar que es de un campesino, o de un indio, pero que también, como se sabe, puede cargar droga y más fácil cuando los oficiales se fijan en la marca del vehiculo y en el color del que la conduce como indicios que libran de toda sospecha.La flota lleva ya parada media hora, y en ese lapso han pasado por el otro carril casi una decena de vehículos livianos, y hasta dos camiones. En el caso de estos últimos los oficiales sólo se remitieron a subir a la cabina del chofer y revisar debajo de los asientos y en la guantera. Algunos del K-9 participan con su olfato, obviamente, y sus manos pero sin ningún perro como deber ser.Finalmente los uniformados terminan de revolver la flota de los pasajeros, dejan todo por el suelo, el chofer y su ayudante se apresuran a meter los equipajes y cajas en el compartimiento llamado buzón, como sea, encienden el motor y recogen a los pasajeros sin dar ninguna explicación o disculpa. Los pasajeros suben y ven confirmados sus temores, todo está revuelto y trastocado. Intentan revisar sus cosas pero de repente el chofer apaga las luces y ya no se puede ver nada. El motor de la flota ruge a toda velocidad para recobrar el tiempo perdido, a los pasajeros no les queda más que resignarse y esperar llegar a destino para revisar si no se les ha perdido nada.Tragicomedia disfrazada de lucha contra el narcotráfico

Esto no es sólo un relato de un viaje más, por vía terrestre, a Cochabamba desde Santa Cruz o viceversa sino una descripción de lo que realmente pasa. No sólo en Villa Tunari hay un control antidroga sino que hay otro a la salida del Chapare, del lado de Cochabamba. Lo destacable es que allí también hay agentes del K-9 pero sin canes amaestrados, que revuelven a la rápida el compartimiento de equipajes y carga de los autobuses, sin obligar a los pasajeros a bajar de las flotas. Nos preguntamos ¿Qué droga encontrarán así?Cualquier perito en control de tráfico de drogas puede decirnos que lo que se hace en las trancas de control asentadas a lo largo de la carretera nueva a Cochabamba es una verdadera farsa. Es casi lo mismo como esperar que los controles contra el terrorismo, que los EEUU y la Unión Europea tienen instalados en sus terminales aéreas y terrestres, busquen cargas explosivas o peligrosas con las manos o fijándose solamente en el aspecto del viajero si es musulmán o no. El uso de canes adiestrados es lo mínimo que ellos ponen en práctica para hacer un control más o menos efectivo, aparte de la tecnología que les sobra.

Pero volviendo al caso de la lucha contra el narcotráfico en nuestro país, nos parece que con el paso de los años empieza a revelarse como la farsa que siempre fue desde su inicio, cuando se la insertó de manera obligatoria como pilar fundamental en los programas de los gobiernos de turno desde hace casi veinte años. En ninguna parte del mundo se busca drogas sin el uso de canes amaestrados, ni siquiera en los aeropuertos donde no puede funcionar para nada ver la cara de la gente y reconocer algún rasgo campesino o indígena que delate a los pasajeros o los equipajes que trasladan ilegalmente cocaína. Un experto en la materia nos diría simplemente que es una ridiculez que gente que lleve la insignia del K-9 busque drogas sólo con sus manos y que no tenga un perro a su cargo.

Algo más. Los pasajeros en los aeropuertos tienen el derecho a estar presentes en el momento en que sus equipajes o su carga son abiertos por los agentes antinarcóticos o de control de migración. De lo contrario se incurre en un delito que los pasajeros pueden demandar ante la justicia por invasión a la privacidad, salvo lógicamente que el pasajero sea sospechoso de ser emigrante. Aun así, los equipajes son revisados en presencia de los pasajeros siempre.Claro que es obvio que en el tráfico vehicular no se puede esperar que también se obligue a los pasajeros a someterse uno a uno a la revisión en persona de sus equipajes. Pero para eso el uso de canes amaestrados puede facilitar las cosas. La labor de “barrido” de un vehículo como una flota, con un trío de canes, puede realizarse en mucho menos de la mitad del tiempo en que toma hacerlo a mano y a pura intuición, aparte de las molestias que se puede ahorrar a los pasajeros que, en el caso de aquellos que usan las flotas o buses interdepartamentales, en especial los de la ruta Cochabamba-Santa Cruz, son tratados más como carga que como humanos por los choferes y por las mismas empresas de transporte.Vale la pena que alguien se pregunte alguna vez ¿Acaso no será un indicador el hecho de que la mayoría de los cargamentos de cocaína que la policía anuncia incautar cada mes, sean encontrados en la ciudad o en el Aeropuerto Viru Viru de Santa Cruz, y no así en flotas o durantes los controles de la tranca de Villa Tunari? Si esta última, con todos los defectos que hemos señalado aquí y con poco éxito, existe en esas condiciones, ¿qué objetivo verdaderamente persigue, aparte de que pueda servir para solucionar en alguna medida el problema del desempleo dando trabajo a la veintena de uniformados que buscan droga con sus manos? ¿Acaso los millones de dólares que vienen de la ayuda de EEUU para luchar contra el narcotráfico, que gobernantes, empresarios y políticos conservadores, claman de rodillas para que no disminuya, no alcanzan para tener canes amaestrados pero si chalecos que digan K-9? ¿Dónde está esa millonaria ayuda? ¿Será que realmente funciona? ¿Sino, de dónde cada año se anuncia que se encuentra o se incauta más cocaína? ¿Cuál es en realidad el juego de todos los gobiernos bolivianos, la policía y los asesores gringos? Puede parecer que con estas preguntas se pueda armar un difícil puzzle o rompe cabezas. Da igual. La próxima vez que viaje a Cochabamba las puede llevar escritas en una libreta, sacarla del bolsillo e intentar resolverlas usted mismo mientras que los de Umopar y los K-9 sin canes, luchan contra el narcotráfico de manera artesanal… con las manos, y revuelven todo su equipaje. Así tal vez se le pase la rabia y la molestia más rápido.

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