Martes 14 de agosto del 2018
 
x

¿Olvidó su contraseña?

Área: Seguridad >> Coca y narcotráfico
Actualizado el 2007-02-02 a horas: 14:42:48

Ignorancia y discriminación en sectores de la justicia argentina

Preso en Buenos Aires por vender coca

El juez federal Carlos Ferreiro Pella, de Lomas de Zamora, mantiene preso desde marzo del año pasado al ciudadano boliviano Irineo Mora Sandi por vender en su negocio de herboristería hojas de coca. La detención solicitada por el fiscal Alberto Adrián María Gentili fue cuestionada por la Federación Argentina de Colectividades (FAC). Algunos jueces argentinos no entienden que la hoja de coca no es cocaína ni que “la coca es para los bolivianos como el mate para los uruguayos”.

  • Artículos relacionados

Artículos que le pueden interesar

En marzo del año pasado Mora Sandi fue detenido y el juez Ferreiro decidió procesarlo por infracción al art. 5º inciso a) de la Ley 23.737, según el cual “será reprimido con reclusión o prisión desde 4 a 15 años y multa de $ 225 a $ 18.750 el que sin autorización o con destino ilegítimo siembre o cultive o guarde semillas utilizables para producir estupefacientes, o materias primas, o elementos destinados a su producción o fabricación”.

La tenencia de hojas de coca no es en sí misma delito: el art. 15 de la misma ley establece que “la tenencia y el consumo de hojas de coca en su estado natural, destinado a la práctica del coqueo o masticación, o a su empleo como infusión, no será considerada como tenencia o consumo de estupefacientes”.

El argumento del juez Ferreiro Pella y del fiscal Gentili se basa en que, aunque tener hojas de coca no es delito, la hoja de coca es “materia prima” de la cocaína, lo cual justificaría que Mora Sandi esté preso desde marzo del año pasado.

Según la presentación de la FAC, “no se ha tomado en cuenta la costumbre boliviana de consumo de estas hojas en su estado natural. La ignorancia de la cultura y la formación de los inmigrantes que integran el territorio nacional o de los pueblos originarios, más allá de generar una falta total de equidad, se transforman en focos de discriminación”. La Federación también observa que “la hoja de coca se ha llevado al ámbito internacional de la mano del propio Presidente Evo Morales, además de otros jefes de Estado que están comprendiendo y valorizando una cultura de siglos, que fue ocultada por los prejuicios y los negocios de la explotación de los centros de poder”.

Al gobierno boliviano le cayó como un balde de agua fría la noticia de que uno de sus ciudadanos estaba detenido en Argentina por comercializar coca. El ministro de la Presidencia Juan Ramón Quintana aseguró que no se les había informado de la situación y anunció que se harán gestiones para recuperar la libertad de Mora.

En varias entrevistas sostenidas con funcionarios de la Casa Rosada, en el marco de la Comisión Mixta Argentino Boliviana, se ha propuesto despenalizar el consumo de la hoja de coca en Argentina “teniendo en cuenta el enorme consumo que existe en las provincias del Norte”.

“Resulta un contrasentido que en Tucumán, Salta y Jujuy exista un mercado de la coca, pero su circulación esté prohibida. Es como una política de doble moral, porque se contradice la norma y la costumbre. Creemos que el consumo de hoja de coca en Tucumán, Salta y Jujuy no constituye una moda, sino una costumbre arraigada. Así lo demuestra la investigación de Silvia Rivera Cusicanqui, que determinó que el comercio de hojas generaba 50 millones de dólares. Eso quiere decir que toda esa cantidad de dinero circula ilegalmente”, dijo el ministro Quintana.

La investigación de Rivera Cusicanqui determinó que anualmente se exportan de Bolivia hacia Argentina 1200 toneladas de la hoja sagrada boliviana. Este volumen no está destinado al consumo de bolivianos, sino de argentinos que han hecho del “akhulliku” una costumbre socialmente aceptada. Rivera descubrió que muchos pequeños comercios del Norte subsisten gracias a la comercialización del arbusto y que la disponibilidad de mercancía se anuncia incluso en letreros de neón.

Es por eso que Quintana toma la investigación de la socióloga de la Universidad Mayor de San Andrés, de La Paz, para justificar su pedido. “No se trata de una moda, sino de una costumbre muy arraigada”, dice, y la investigación lo demuestra con datos: en 1916 ya se exportaban 200 toneladas de coca boliviana hacia Argentina y en la actualidad el 25 por ciento de la producción de las 28.000 hectáreas de coca producidas en Bolivia llegan de manera legal a las fronteras con Argentina y Chile, superando ampliamente la capacidad de consumo de las poblaciones fronterizas.

Rivera apunta que el consumo permaneció sumergido hasta 1989, cuando el gobierno argentino promulgó la Ley 23.737 que legaliza la tenencia y consumo de la hoja de coca en estado natural, pero que prohíbe tanto su comercialización como su cultivo. Esto creó un mercado ilegal dinámico, en el que la coca boliviana cruza la frontera para ser entregada a manos argentinas con una red de coimas que les permite llegar a los centros de consumo masivo (Salta, Tucumán y Jujuy).

Las idas y vueltas de la legalización

“En la Argentina, las hojas de coca se utilizan especialmente en dos áreas: la primera está integrada por la mayor parte de la provincia de Jujuy, gran parte de Salta y la porción andina de Tucumán, así como las plantaciones azucareras y otras agrícolas en el noroeste; la segunda está integrada por la mayor parte de las ciudades importantes del país, donde los inmigrantes andinos constituyen un porcentaje significativo de la población”, precisa la investigación “Coca sagrada o ilegal”, efectuada por Valeria Fernández y Carlos Sandro Vásquez en la cátedra Derecho de los Pueblos Indígenas, de la Facultad de Derecho de la UBA.

El trabajo aclara que “mascar coca no significa consumir cocaína”, ya que “el alcaloide cocaína no es estable en un medio ácido: en el estómago, que es un medio ácido, se hidroliza y se convierte en ecgonina”.

La investigación traza una historia de la situación jurídica del consumo de hojas de coca en la Argentina. Hasta 1977, se había mantenido la autorización para comercializar y mascar coca en la “zona de consumo habitual”, integrada por las provincias de Jujuy y Salta (Tucumán, aunque de hecho formaba parte de esa zona, había sido formalmente excluida). Pero ese año, bajo la última dictadura militar, “se producen cambios rotundos: el cupo de importación autorizada, que ya el año anterior había descendido a 10.000 kilogramos, se redujo a cero; y se dictó la Ley 21.556, por la cual, en todo procedimiento donde se secuestraran hojas de coca, el juez dispondría su incineración”. Un año después, por el decreto 648/78, “queda prohibida en todo el país la importación de hojas de coca para el consumo habitual o coqueo”.

En 1979, la Ley 22.015 prohibió el uso de coca aun en la “zona de consumo habitual”, con penas de hasta 15 años de cárcel para el coqueo, incluso en privado, y para la tenencia de hojas de coca. Así, “un conjunto de comportamientos habituales en el noroeste argentino fueron convertidos en ilegales y pasibles de severas penas de cárcel”.

El trabajo de Fernández y Vásquez señala que, en el noroeste argentino, la prohibición del consumo “produjo una desorientación completa: la gente estaba acostumbrada, no sólo a coquear en abundancia, sino también a aprovisionarse con facilidad: ahora esto había cambiado y el precio de la coca aumentó excesivamente, lo cual la convertía en un producto casi inalcanzable. La gente de la región no comprendía el porqué, ya que ellos nunca habían sido consultados sobre el tema; la norma se había debatido y establecido lejos del lugar y de la gente a la que iba a afectar. Es más, buena parte de la población campesina nunca llegó a enterarse de esa prohibición, sino que sólo sufrieron sus consecuencias: el desabastecimiento y el consecuente aumento del precio de la coca”.

“No por esto se redujo su consumo, ni se dejó de masticar coca en las provincias del norte”, sólo “aumentó el contrabando, ya que los contrabandistas compraban la coca en Bolivia a bajo precio y podían venderla con ganancias fabulosas”.

Además, “muchas veces las autoridades hacían caso omiso de la ley, porque no podían reprimir algo que formaba parte de la cultura de la población: los gendarmes estaban muchas veces instalados en regiones donde la mayoría de la población coqueaba, y ellos formaban parte de esa población, tenían familiares o amigos que usaban la hoja de coca”; en definitiva, “el ingreso de coca seguía siendo tolerado”.

Hubo incluso casos de “magistrados que absolvieron a personas que ingresaban con hojas de coca a nuestro país, ya que ‘el encausado no es ajeno al ámbito donde el coqueo es una costumbre arraigada y generalizada en un acto sector de la población’, según uno de los fallos.

En 1989 se dictó la Ley 23.737, en vigencia, por la cual “la tenencia de hojas de coca fue legalizada. Esta norma no hizo más que formalizar la realidad, ya que la coca seguía entrando a nuestro país en forma ilegal, incluso como forma de protesta contra las autoridades nacionales a quienes se consideraba como ‘gringos’ de la Capital que legislaban sobre lo que no conocían. Esta particular forma de protesta también procedía de las elites de las zonas urbanas del noroeste, donde era común, en las reuniones, que se ofrecieran platitos con hojas de coca”.

La ley actual, “si bien despenaliza la tenencia, no permite la comercialización o transporte de coca en cantidades superiores a las aceptables para el coqueo o la infusión, pero no se establece en la ley una cantidad o peso máximo aceptado, y esto es utilizado muchas veces por las autoridades para secuestrar la coca de quienes la distribuyen, aunque esté destinada al coqueo”, observa el trabajo de Fernández y Vásquez.

Con datos de notas de prensa del periodista Pedro Lipcovich.

Volver atrás
Enviar el artículo por E-mail
close



15 + 1 = echchange

Con el uso de ese servicio Ud. acepta:
Su dirección E-Mail y la del destinatario serán utilizados sólo para avisar al destinatario sobre el envío. Para evitar el mal uso del servicio, Bolpress registrará el IP del emisor del mensaje.

Compartir el artículo en Facebook Versión para mprimir
+ Restaurar tamaño del texto -
Mas informacion
Uhr 9

min.

... a fondo

La influencia histórica de la convicción patriótica

Eduardo Paz Rada

La historia de la sociedad boliviana ha estado marcada por la dinámica y las contradicciones de las relaciones con las potencias capitalistas mundiales en torno a la explotación de los recursos naturales acompañada con la dominación política e ideológica sobre el conjunto de América Latina. En este contexto, los estudios, aportes y (...) :: Más detalles

Otros artículos de análisis

El gobierno de Evo Morales acelera el montaje de la planta nuclear

AnaliaPandoCabildeo

¿Por qué el gobierno de Evo Morales quiere gastar más de 2 mil millones de dólares en la construcción de (...)

Elites económicas y decadencia sistémica

Jorge Beinstein

A raíz de la llegada Mauricio Macri a la presidencia se desató en algunos círculos académicos argentinos la (...)

El gobierno del MAS se hunde en un mar de mentiras

AmaliaPandoCabildeo

El gobierno del MAS ha perdido tres elecciones consecutivas desde 2014 porque las grandes mayorías, sobre todo urbanas, ya no creen (...)

Quintana tiene el hábito de desviar fondos públicos y de impartir “línea” a los periodistas

Wilson García Mérida

La difusión de un audio que registra una reunión “de trabajo” entre el ministro de la Presidencia Juan (...)

la frase

Álvaro García ha leído pocos libros Cita a Hegel pero leyó citas de citas nada más Por eso carece de espíritu humanista y sufre acomplejamiento social e intelectual

Wálter Chávez, ex asesor del MAS

¿Cuál es el principal desafío del nuevo gobierno

  • Seguridad ciudadana
  • Lucha contra el narcotráfico
  • Industrialización
  • Empleo y educación
  • Otros

Encuesta vigente desde el 13-10-2014

Encuesta anterior:

Por quién votará en las elecciones de 2014