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Actualizado el 2006-09-28 a horas: 13:49:51

El cato de coca y el plazo de Bush

Mario Argandoña YáñezEl 4 de noviembre de 2004, Bolpress publicó un artículo sobre el cato de coca que considero oportuno repetir ahora que el gobierno de GW Bush fijó un plazo de 6 meses para cambiar la nueva política boliviana de la coca. He ampliado esta vez la versión de 2004 con observaciones del sabio Alcide D'Orbigny, y con ligeras modificaciones para poner al día el texto original.

Existe la evidencia histórica de que el uso y el cultivo tradicional de coca en el trópico de Cochabamba se remonta a épocas pre-incaicas y fluye sin interrupción hasta nuestros días, por consiguiente, es falso afirmar que sea un cultivo excedentario en transición que se originó recién en la segunda mitad del siglo XX como respuesta a la demanda internacional de cocaína. El cultivo antiguo y tradicional de cocales en el norte del actual departamento de Cochabamba ha sido acuciosamente documentado por muchos investigadores, entre los que se destaca Fanor Meruvia Valderrama (1) cuyo libro resumo a continuación.

Pocona y los Valles de Cochabamba tenían en tiempos preincaicos una población sujeta a señoríos altiplánicos, constituida por diversas etnias: cotas, chuis, collas, quillacas, sarcos y otros, que cultivaban papa, maíz y coca en un territorio con acceso a puna, valle y -en el nor este de la cordillera-, yungas o monte. Este territorio fue escenario de una penetración incaica tardía. Tupac Yupanqui, que enfrentó los ataques de aborígenes en la frontera sur oriental del Tawantinsuyo, construyó en 1470 la fortaleza de Incallacta en Pocona, destruida en 1525. Wayna Capac edificó la fortaleza de Samaipata y consolidó la conquista de Pocona en 1500 (30 años antes de morir Atahuallpa), año en que los incas reemplazaron a las etnias originarias con mitimaes o mitmacuna provenientes de otras regiones, particularmente aimaras del Altiplano. La presencia incaica en Pocona obedecía a intereses económicos y estratégicos, la producción de maíz y coca, y la contención de las tribus hostiles de la frontera. Los centros más importantes de producción de coca en el Tawantinsuyo fueron tres: Paucartambo en el Cuzco, los Yungas de La Paz y losYungas de Pocona -donde aún quedan restos arqueológicos de caminos que conducen a la región productora de coca en Chuquioma.

Pocona se constituyó en una de las más ricas encomiendas de la conquista. Su primer encomendero fue Per Anzures -fundador en 1540 de la ciudad de La Plata hoy Sucre- quien en 1538 recibió la encomienda de su compañero de armas Francisco Pizarro. Esta encomienda fue desde un principio cargada con grandes tributos en coca, en 1540 tenía 2.000 tributarios que entregaban 12.000 cestos de coca, con un valor de 100.000 pesos. La producción de coca aumentó en la colonia para abastecer la explotación minera en Potosí; hacia 1560 entraban al mercado potosino 90.000 a 100.000 cestos de coca producida en el Trópico de Cochabamba. Sin embargo, la encomienda de Pocona entró en decadencia en el marco de una rápida sucesión de encomenderos en pugnas de poder y de la declinación sostenida de la población: de 2.000 tributarios en 1540, quedaban 575 en 1593 y sólo 97 en 1683. Las cargas de los tributarios no se limitaban a la coca, sino que debían prestar servicios personales a la iglesia, la burocracia, los hacendados, etc. En 1601 se conmutó el tributo pagado en coca por plata, que era más fácil de cobrar y que no tenía los inconvenientes de la coca por las dificultades de transporte, las variaciones de las cosechas, y otros. Mientras tanto, la renta anual de 100.000 pesos en 1540 había bajado en 1601 a 9.665, un monto muy difícil de alcanzar para los tributarios.

Siendo Pocona una frontera y asiento de mitmacuna, el desorden de la colonización fue causa de que la mayoría de los tributarios retornara a sus comunidades de origen, o se internara en el monte para mezclarse con los yuracarés y otras etnias orientales, huyendo del duro trabajo al que eran sometidos por los españoles en los cultivos de coca, donde murieron muchos "indios" por la sobre-explotación, el hambre, las enfermedades tropicales y las epidemias. Por otro lado, al abandonar la encomienda, los "indios" aparecían en otros lugares bajo la categoría de "forasteros", ya que de esa manera evitaban los tributos al Estado Colonial. Dicho proceso fue importante en los Valles de Cochabamba, donde los mitmacuna sin raigambre retornaron desde el inicio de la colonia a sus comunidades de origen, para volver -después de años- al territorio que se había despoblado. Hacia 1683, en los Valles de Cochabamba y Pocona, el 90% de la masa indígena eran forasteros organizados con "gobernadores" y "protectores de naturales", a través de quienes podían plantear reivindicaciones a las autoridades españolas, como la demanda de tierras. Muchos de estos forasteros se empadronaban como "yanaconas de su majestad", y así obtenían el apoyo de aquellos señores que utilizaban su fuerza de trabajo.

En tales condiciones, desde los primeros años de la colonia emergieron chácaras de coca, pequeñas extensiones de tierra que españoles particulares adquirían en propiedad, legítimamente por Cédulas Reales, o ilegítimamente por asentamientos de hecho en las márgenes de tierras comunitarias o de encomienda; o por compras fraudulentas, apropiaciones violentas, etc., tales apropiaciones ilícitas adquirían posteriormente carácter legal mediante el mecanismo de las "composiciones". Así proliferaron las chácaras de propiedad privada, probablemente muy productivas -como en Chuquioma- pero quienes las trabajaban eran los "indios" cuya mano de obra era obtenida por contrato o por la fuerza; de hecho, existió un mercado de esclavos "chiriguanos" para el cultivo de cocales. Se han encontrado también registros de caciques e "indios principales" propietarios de chácaras de coca. La producción privada de coca se comercializaba en los mismos centros productores del trópico, en Tiraque, Mizque, Cochabamba y La Plata (hoy Sucre), desde donde llegaba a las minas y haciendas de la Colonia. Simultáneamente, hacia el siglo XVII, empezaron a prosperar las plantaciones de vid en Mizque, que ocuparon un lugar preferencial en el mercado de vinos de Potosí. Esta actividad representó una permanente disputa de la mano de obra "india", en detrimento de la producción cocalera. Hasta que en 1680 se produjo una devastadora incursión "chiriguana" a los Yungas de Pocona, lo que provocó el abandono de la producción de coca durante décadas.

Después de estos trágicos sucesos transcurrieron décadas antes de que se reorganizaran las actividades cocaleras de la zona. En la década de 1720 Baltazar de Lerna compró las riveras del río Ivirzu pero no pudo reintroducir los cultivos de coca por la falta de caminos y de mano de obra, por lo que vendió sus dominios a José Lizárraga quien los transfirió por 100 pesos al futuro potentado de la coca, el Conde español General Baltazar de Peramas, el mismo que empezó por construir un camino que costó 18.000 pesos, varias casas y una capilla en Chuquioma (2), donde emprendió el cultivo de coca al pie de la "enormísima bajada de 6 leguas". Pero entonces tropezó con un juicio iniciado por los jesuitas de las Misiones de Moxos que se atribuían la propiedad de estos Yungas; el conflicto terminó favorablemente para Peramas con la expulsión de los jesuitas en 1767. Sin embargo, el conflicto de límites renació en el siglo XX y continúa en la actualidad entre los departamentos de Cochabamba y Beni. Por otra parte, Francisco de Viedma informaba en 1788 la existencia de 52 haciendas cocaleras pertenecientes a los hacendados de Cochabamba, Quillacollo, Cliza, Tiraque y Tarata, que lograron adjudicarse grandes extensiones de tierras en las llamadas "Montañas de Yuracarés". Entre los solicitantes y adjudicatarios se encontraban Esteban Arze y Francisco Rivero, próceres de la independencia. Pero ningún establecimiento cocalero se desarrolló en la magnitud de la Hacienda Chuquioma de Peramas.

La producción de coca en Chuquioma se organizó con el sistema de hacienda, que consistía en otorgar una parte de las tierras de la hacienda a cambio de mano de obra. La familia Peramas, que fijó su residencia en Totora desde 1780, acumuló poder económico y político, llegando a acaparar los cargos públicos de alcaldes y corregidores en Totora, Pocona, Pojo, Aiquile, Mizque y otros pueblos en los que poseía extensas propiedades. Bajo estas condiciones la Hacienda se auto-abastecía de mano de obra y alimentos para sus cocales. Al estallar la guerra de la independencia, el hijo y un yerno de Baltazar fueron muertos por los patriotas en 1812, otros parientes se refugiaron en Chimoré. La hacienda se fraccionó entre los herederos, pero el clan Peramas mantuvo el predominio de la producción de coca, enriqueciendo a un grupo de hacendados totoreños que permanecieron fieles a España muchos años después de la fundación de la República, de modo que en Totora, no se celebró la Independencia de Bolivia hasta el 6 de agosto de 1891.

En 1830, el famoso explorador y científico Alcide Dessaline D'Orbigny que recorrió el territorio boliviano durante la presidencia de Andrés de Santa Cruz, registró los siguientes datos sobre la hoja de coca:

(20 de mayo de 1830) "A la entrada del valle y en la cima de cada colina, noté, en toda la ruta, montículos de piedras más o menos voluminosos, coronados por lo general con una cruz de madera, y cubiertos de manchas de una materia verdusca... supe que eran apachetas. Esos montículos existían antes de la llegada de los españoles. Eran formados por los indígenas cargados que, trepando trabajosamente las cuestas escarpadas, daban gracias al Pachacamac o dios invisible, motor de todas las cosas, por haberles dado valor para llegar a la cima, al mismo tiempo que le pedían nuevas fuerzas para continuar su camino. Se detenían, descansaban un instante, arrojaban algunos pelos de sus cejas al viento, o bien, sobre el montón de piedras, coca, que ellos masticaban, como lo más precioso que poseen, o bien todavía se limitaban, si eran pobres, a coger una piedra de los alrededores, y agregarla a las otras. Hoy nada ha cambiado; sólo que el indígena no agradece más a Pachacamac, sino al Dios de los cristianos, cuyo símbolo es la cruz." (3). [D'Orbigny observó al llegar a Bolivia viniendo, que la sacralidad andina de la coca es constante aunque cambien los dioses].

(2 de agosto de 1830) "La provincia de Yungas de La Paz estaba habitada desde antes de la Conquista de América, lo que me ha sido demostrado por los restos de antiguas tumbas, pero no se dedicó al cultivo de la coca hasta la mitad del siglo XVI, y desde entonces no ha hecho más que prosperar. Hoy adquiere, cada día, mayor importancia por ese cultivo y proporciona mucho dinero a la ciudad de La Paz, capital del departamento del cual depende." (4)

(24 de octubre de 1830) "Aparte de los productos de su valle, Totora se enriquece además con los productos muy diversos de un lugar ganado a los hermosos bosques vírgenes, del lado del territorio de los yuracarés, donde se cultivan, como en Yungas, la coca, el cacao y todas las plantas de las regiones cálidas, razón por la cual se la llama Yungas de Choqueoma. Ese lugar está situado al norte de las montañas, sobre la ladera de la provincia de Moxos. No cabe duda de que ese género de industria puede, si es estimulada, hacer progresar la provincia de Mizque (de la que entonces dependía Totora) e impedir que sea, en la coca, tributaria de la de La Paz." (5) [D'Orbigny escribe Choqueoma por Chuquioma, según la variedad fonética quechua]

Pese a que al establecerse la República los mercados mineros del altiplano fueron copados por la coca de los Yungas de La Paz, la coca de Totora se comercializaba hasta fines del siglo XIX en Cochabamba, Chuquisaca y Potosí, y en el norte de Argentina. Sin embargo, a partir de 1900 la producción cocalera de los Yungas de Pocona y Totora tuvo su segunda decadencia. Entre las causas de ésta se menciona una enfermedad de la coca, la estalla. Pero la causa profunda e irremediable de esta decadencia estaba en la falta de caminos para transportar la hoja desde el Trópico de Cochabamba a los centros de consumo. En la actualidad la situación es la siguiente:

Los Tiempos el 26 de septiembre de 2006

"Cocaleros de los Yungas de Vandiola, en el parque Carrasco y colindante con Chapare, buscan diálogo con la Prefectura para que se les permita cultivar tres catos de coca. En esta zona sólo se permite un volumen de coca de 112 hectáreas para consumo tradicional.Los campesinos dijeron ser atropellados con la erradicación y que el cultivo de coca en el lugar se remonta a los tiempos del incario. "Incluso tenemos ruinas", dijeron."Pedimos al Gobierno que como zona tradicional nos dé tres hectáreas, y si llega el camino al lugar nos rebajaremos a dos y si nos dan proyectos, como los colegios que dan a Chapare, nos rebajaremos a una hectárea", explicó Josefa Huanta, dirigente. Los representantes señalaron que no existe una vía de comunicación con el lugar y que ellos deben caminar tres días para sacar, en mulas, su producto al mercado."Aunque no tenemos caminos nosotros mantenemos el cultivo legal haciendo llegar de forma legal al mercado. Queremos el diálogo", dijo otro de los representantes, Nicanor Churata."

De esta manera, al ser desatendida la advertencia del sabio D'Orbigny, no sólo Cochabamba, sino toda la población de Bolivia, pasó a ser tributaria de La Paz. Respecto de la coca.

En contraste, la hoja de los Yungas de La Paz era transportada rápidamente y a bajo costo a La Paz y Oruro, de donde se distribuía con los ferrocarriles que llegaban a las minas y a la Argentina. Cuando se inauguró el ferrocarril a Cochabamba, éste quedó alejado de Totora puesto que había sido construído para transportar maíz, frutas y hortalizas de los valles a Oruro y las minas. La situación de Totora y Pocona empeoró con la crisis económica mundial de 1930 y con la Guerra del Chaco en 1932.

Mientras tanto, en la primera mitad del siglo XX, los Yungas de La Paz fueron el asiento de casi la totalidad de la producción de hoja de coca en el sistema de haciendas. La Sociedad de Propietarios de los Yungas, presidida por el aliado de la gran minería J.A. Gamarra, adquirió el poder suficiente para proyectar un ferrocarril a Coroico y logró que la hoja de coca sea declarada por el gobierno, en 1940, "artículo de primera necesidad" (6). Según el Censo Agropecuario de 1937-1938, La Paz producía el 97% del total de la coca del país. Con las condiciones favorables de producción de coca en los Yungas de La Paz, la competencia de los productores paceños tendía a aplastar a los de Totora. La producción de coca en el Chapare, repuntó recién al promediar el siglo XX, no obstante de que los primeros asentamientos datan del siglo XVIII, por ejemplo, en Todos Santos, Villa Tunari, márgenes del río Chapare, Chimoré, etc.; pero, por falta de vinculación vial la producción de coca era marginal.

La época de los gamonales terminó con la Reforma Agraria que liquidó las haciendas coqueras bajo el principio de que la tierra es de quien la trabaja; desde entonces la producción de coca en los Yungas de La Paz está a cargo de campesinos minifundistas. En Cochabamba, con la Reforma Agraria se puso en servicio la primera carretera de Cochabamba a Santa Cruz, y en 1974 la nueva carretera que cruza los antes llamados Yungas de Pocona y Totora, en las zonas tropicales de las actuales provincias de Tiraque, Chapare y Carrasco. Estas circunstancias determinaron el nuevo auge de los cocales. Mientras que la ciudad de Totora agonizaba desde principios de siglo, la producción de coca en el Trópico de Cochabamba, que desde la colonia había sido dependencia de Totora, se puso muy por encima de la producción en los Yungas de La Paz, a partir de la década de 1970. El Estado recién intervino en el Trópico de Cochabamba con las dictaduras de Bánzer y García Mesa, cuando los militares y sus áulicos se enriquecieron con la cocaína que exportaban a los países consumidores del alcaloide.

Después de la Reforma Agraria, la producción de coca en el trópico de Cochabamba, ha sido tarea exclusiva de familias campesinas minifundistas que migraban desde los valles de Cochabamba (7), haciendo revivir el patrón precolombino de cultivos en "archipiélagos" que abarcan distintos pisos ecológicos, al mismo tiempo que mantenían sus minifundios productores de maíz o papa en los valles y las punas (8). Tal tarea se realizó utilizando mecanismos pre-incaicos de reciprocidad, como el ayni y otros, que suplieron la falta de apoyo estatal. Al finalizar la década de los años 80, el Trópico de Cochabamba recibió a muchas familias de mineros "relocalizados" que trajeron a la región su rica experiencia en organización política, lo que determinó el comienzo de la lucha por la soberanía y la dignidad contra los dictados imperialistas de la "guerra contra las drogas".

Aunque la Convención de las Naciones Unidas que condenó la coca y el acullico a la extinción data de 1961, Bolivia no se adhirió a esta Convención hasta la fecha 23 de septiembre de 1976, mediante el Decreto Ley Nº 12906, durante la dictadura de Hugo Banzer. Cuando gracias a los pactos democráticos de los partidos tradicionales este dictador racista y sanguinario llegó por segunda vez a la presidencia promulgó en fecha 20 de febrero de 1998, el Decreto Supremo Nº 24963, mediante el cual se establecía que A partir del año 2002 no existirá ningún tipo de compensación (por la reducción voluntaria de los cultivos de coca), habida cuenta la eliminación de toda la coca excedentaria e ilegal en el territorio nacional. Este decreto fue interpretado por el segundo gobierno de Sanchez de Lozada como que los cultivos excedentarios en transición de la Ley 2008, pasaban a ser ilegales, y que por lo tanto podían ser sujetos a la eliminación forzosa que sirvió de pretexto para violar los derechos humanos de los cocaleros de Cochabamba.

Aún a riesgo de prolongar este artículo, es preciso comentar algunos artículos de la Ley 1008, "Régimen de la coca y sustancias controladas", promulgada por el gobierno de Paz Estenssoro el 19 de julio de 1988, Ley que sin compadecerse de la historia, ni de la realidad, estableció lo siguiente:

Art. 8 Para efectos de la presente ley, se definen y delimitan tres zonas de producción de coca en el país: (a) Zona de producción tradicional. (b)Zona de producción excedentaria en transición. (c) Zona de producción ilícita.

Art 9 La zona de producción tradicional de coca es aquella donde histórica, social y agroecológicamente se ha cultivado coca, la misma que ha servido para los usos tradicionales ... En esta zona se producirán exclusivamente los volúmenes necesario para atender la demanda para el consumo y usos lícitos ... Esta zona comprende las áreas de producción minifundaria actual de coca de los subtrópicos de las provincias Nor y Sud Yungas, Murillo, Muñecas, Franz Tamayo e Inquisivi del Departamento de La Paz y los Yungas de Vandiola, que comprende parte de las provincias de Tiraque y Carrasco del Departamento de Cochabamba.

Art 10 La zona de producción excedentaria en transición es aquella donde el cultivo de coca es resultado de un proceso de colonización espontánea o dirigida, que ha sustentado la expansión de cultivos excedentarios en el crecimiento de la demanda para usos ilícitos. Esta zona queda sujeta a planes anuales de reducción, sustitución y desarrollo, mediante la aplicación de un programa Integral de Desarrollo y Sustitución; iniciando con 5.000 hectáreas anuales la reducción hasta alcanzar la meta de 8.000 hectáreas anuales. La concreción de estas metas estará condicionada por la disponibilidad de recursos financieros del presupuesto Nacional, así como por compromiso y desembolsos de la cooperación técnica y financiera bilateral y multilateral sufiente, que deberá orientarse al Desarrollo Alternativo.

Esta zona comprende las provincias Saavedra, Larecaja y Loayza, las áreas de colonización de Yungas del Departamento de La Paz y las provincias Chapare, Carrasco, Tiraque y Arani del Departamento de Cochabamba.

Art 11 La zona de producción ilícita de coca está constituída por aquellas áreas donde queda prohibido el cultivo de coca. Comprende todo el territorio de la República, excepto las zonas definidas por los artículos 9º y 10º de la presente ley. Las plantaciones existentes de esta zona serán objeto de erradicación obligatoria y sin ningún tipo de compensación.

Art 12 Se define como pequeño productor legal de coca al campesino de las zonas a) y b) del artículo 8º, que trabaja y produce personalmente la parcela de su propiedad, cuya economía es de subsistencia y que tiene entre sus principales características la obtención principal de su ingreso proveniente del cultivo de la coca.

Desde un punto de vista geográfico y regionalista, estos artículos parecen ser el resultado de una "avivada" de las roscas centralistas de La Paz, en momentos en que los campesinos pequeños productores de coca no tenían representación parlamentaria. Todos sabían que la coca es fuente importante de recursos económicos y se decidió que la coca de La Paz mantendría el control monopólico de estos recursos; en perjuicio de las zonas de producción tradicional de Cochabamba, donde el cultivo antiguo y tradicional de la coca -probado por la evidencia histórica, social y agroecológica- había tomado nuevo impulso y amenazaba con restarle ganancias al Departamento de La Paz.

Pero es mucho más importante enfocar esta situación desde un punto de vista político. Es obvio que -regionalismos aparte- la división de los cocaleros en "tradicionales legales de los Yungas" por un lado, y "excedentarios en transición del Trópico de Cochabamba" por el otro, fue el pretexto político para aislar a los cocaleros de Cochabamba (que llegaron a organizar la oposición política más fuerte comtra los gobiernos neo-liberales), durante los años de la erradicación forzosa y violenta. Se había previsto que los cocaleros de los Yungas de La Paz -satisfechos con sus cocales legales- no apoyarían a los cochabambinos y, también, que los campesinos del resto del país tampoco apoyarían a sus hermanos chapareños puesto que no se verían privados de la hoja de coca al haberse calculado que su demanda estaría cubierta con las 12.000 hectáreas de cocales paceños. En tal situación, Banzer pudo saltar por encima de la Ley 1008 y, con el pretexto de la eliminación de la coca cochabambina excedentaria, dar rienda suelta a sus dormidos impulsos racistas y fascistas, que fueron tan atrozmente ejecutados por sus sucesores Tuto y Goni.

Volviendo ahora al campo internacional, recuérdese que cinco meses después de promulgada la Ley 1008, en fecha 20 de diciembre de 1988, se aprobó en Viena la Convención de Naciones Unidas contra el Narcotráfico (9), donde se establece que para erradicar plantas de coca:

...Las medidas que se adopten deberán respetar los derechos humanos y tendrán debidamente en cuenta los usos tradicionales lícitos, donde al respecto exista la evidencia histórica, así como la protección del medio ambiente.

Por consiguiente, para cumplir con sus compromisos internacionales, el Estado boliviano tenía que reconocer y declarar que la coca del Trópico de Cochabamba es histórica, tradicional y legal, no es excedentaria, ni en transición, ni ilegal. Lo único ilegal, ante la legislación internacional, es la Ley 1008, una verdadera trampa que "madrugó" a la Convención de 1988 para evitar su aplicación racional y correcta. Diez años después, en 1998, el Decreto Supremo 24963 de Banzer, dio un paso más en la ilegalidad al fundamentar la erradicación forzosa de la coca del Trópico de Cochabamba, con violación plena de los derechos humanos, para llegar a la meta de "coca cero"

El mismo año de 1998, ante el pobre resultado mundial de las medidas contra el tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrópicas, el Secretario de Naciones Unidas convocó a una Asamblea General para endurecer la "guerra contra las drogas"; fue entonces que la "comunidad internacional" sometida a los Estados Unidos dio su pleno apoyo al Plan Dignidad con el que Hugo Bánzer justificó la represión sin tregua en el Trópico de Cochabamba. En el año 2008, al cabo de otros diez años, se reunirá nuevamente la Asamblea General de Naciones Unidas con el propósito de decirle al planeta que se han erradicado, a sangre y fuego, o con cultivos alternativos, las plantaciones que los países poderosos del Norte, con la complicidad de gobernantes del Sur, han infamado como ilícitas.

Para terminar, quiero insistir en que con la evidencia existente, los cocales del Trópico de Cochabamba no son un excedente en transición provocado por el narcotráfico, estos cocales están desde siempre en esta región, y probablemente estarán allá para siempre. Por consiguiente, la concesión de 3.200 hectáreas de coca para ser distribuidas entre familias campesinas, no es ninguna graciosa concesión al reclamo de los sindicatos, sino que es el reconocimiento de que el gobierno actual es capaz de empezar a razonar dentro de la evidencia, la ética y la ley. El cocal del pequeño productor campesino de coca, el cato, es legal en el Trópico de Cochabamba, diga lo que diga la ley 1008, es fundamentalmente un derecho sagrado e inalienable, tradicional e histórico, por lo que no puede aceptarse un plazo para su erradicación, ni el desarrollo alternativo para reemplazarlo por otro cultivo. Lo único racional y justo es el desarrollo integral del Trópico de Cochabamba, y de toda Bolivia, con coca.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Meruvia Balderrama, F, (2000), Historia de la coca, Los Yungas de Pocona y Totora (1550-1900), Plural, La Paz

(2) Chuquioma, Cantón de la provincia Carrasco, primera sección municipal, en la región meridional de los Yungas de Totora. (Gonzáles Moscoso, R, 1984, Diccionario Geográfico Boliviano, Los Amigos del Libro, Cochabamba). Hoy corresponde a la segunda sección municipal de la provincia Carrasco.

(3) D'Orbigny, A, (2002), Viaje a la América Meridional, Tomo III, Plural, La Paz, p 1054

(4) ibid, pp 1116-1117

(5) ibid, p 1173

(6) Díaz A, (1998), Hoja, Pasta, Polvo y roca, El consumo de los derivados de la coca, Universitat Autònoma de Barcelona, pp 88 y siguientes.

7) Blanes J, (1983), De los valles al Chapare, Ceres, Cochabamba

(8) Condarco R, Murra J, (1987), La teoría de la complementariedad vertical eco-simbiótica, Hisbol, La Paz

(9) CONVENCIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS CONTRA EL TRÁFICO ILÍCITO DE ESTUPEFACIENTES Y SUSTANCIAS SICOTRÓPICAS (1988): Artículo 14, inciso 2, MEDIDAS PARA ERRADICAR EL CULTIVO ILÍCITO DE PLANTAS DE LAS QUE SE EXTRAEN ESTUPEFACIENTES

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