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Área: Opinión >> Comentarios y enfoque
Actualizado el 2006-07-24 a horas: 15:02:50

El estar y la nada

Ramón Rocha Monroy

Hay una frase angustiosamente cochabambina: es la respuesta típica cuando uno pregunta por alguien y le responden: "Se está". Alude a ese sentido de la existencia que podría ser formulado a la manera de Sartre: el estar y la nada. Se me vino constantemente a la cabeza mientras veía el estreno de "Lo más bonito y mis mejores años", la laureada primera película del cineasta cochabambino Martín Boulocq. Con sana envidia cochabambina, pensé que nunca hasta hoy se había exhibido lo cochabambino urbano, y lo digo no sólo en términos estadísticos sino como elogio a la profundidad y la aguda percepción de Martín que no igualaría ningún estudio de tantos sociólogos locales que infestan el mundo académico y hasta el cotidiano.

Ramón Rocha Monroy

Ramón Rocha MonroyOjo de vidrio: Publicó las novelas: ¡Qué solos se quedan los muertos!-Vida de Antonio José de Sucre (Ed. El País, 2006), Potosí 1600 (Premio Alfaguara 2001), Ladies Night, La Casilla Vacía, Ando volando bajo (Premio Guttentag 1994), El run run de la calavera (Premio Guttentag 1983), Allá Lejos (Ed. Los Amigos del Libro, 1978). Inició su carrera literaria con Pedagogía de la Liberación (Premio Franz Tamayo de Ensayo 1975). Tiene dos libros de crónica gastronómica: Crítica de la sazón pura, Todos los cominos conducen aroma y La importancia de vivir en Cochabamba. Es también guionista de cine.
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Duele ver a esos personajes de la clase media local tan verosímiles que parecen el elenco de un reality show: seres que repiten gestos y actitudes sin una idea fuerza, sin un proyecto generacional como no sea el disbunde, la joda, el estar, la nada y, de ser posible, la evasión, la huída. Estarse mientras este infierno circular dure y luego marcharse adonde Dios quiera, pero lejos.

Una sorpresa grata es la actuación de los tres artistas que encabezan el elenco: Juan Pablo Milán, Roberto Gilhón y Alejandra Lanza; el tono de sus parlamentos que salta con soltura de la vida cotidiana al ecran, realzado por el excelente sonido y la música compuesta por Diego Boulocq que es parte fundamental de la dramaturgia. Es como si del otro lado del espejo apreciáramos por primera vez algo tan cotidiano como el habla de nuestros jóvenes clasemedieros. La contundencia de la actuación destaca por una serie de factores: los actores han sido librados a sus formas espontáneas de expresión oral, gestual, aunque un guión secreto muestre al final la mano demiúrgica del director (en este sentido, me ha impresionado muy bien el montaje); y la poda consciente de todo amago de romanticismo y de esteticismo, para privilegiar más bien una expresividad descarnada, sin arrumacos, sin noviecitos de manos sudadas, sin suspiros.

El lenguaje cinematográfico depende mucho del uso de la cámara, un uso vanguardista que me seduce en particular porque el Ojo de Vidrio es ante todo un voyeur, alguien que se asoma a las ventanas para espiar la vida íntima e invitar a los lectores a que compartan la epifanía. Hay una gramática constante, una sintaxis de imágenes que jamás declina en su opción voyeurista.

Este estar y la nada tan cochabambino es como las aguas del Rocha, el río menos heraclitano de estos pagos porque sus aguas se están ¡y sin embargo se mueven! No me llamo Heráclito, pero nunca fui dos veces el mismo Rocha: ¿lo dice el río o el Ojo?

¿A quién le echamos la culpa de esa falta de proyecto generacional en que parecen sumidos los personajes de esta película? ¿Al neoliberalismo? ¿Al sistema? ¿Al fin de la utopía? ¡Qué anacrónicos parecen hoy los jóvenes ilusos y heroicos de los 60 y 70 que cantaban música protesta, empuñaban el fusil y se inmolaban culminando así su destino de héroes, de íconos! ¿Alguien podría considerar un ícono a Berto, el eje de la película? Sin embargo hay una constatación positiva que quiero subrayar: quienes hicieron posible este film son parte de una generación local extraordinariamente creativa, colectiva, en movimiento, con ramificaciones en el cine, la literatura, la danza, el teatro, la música, el diseño gráfico, que los dómines de la cultura oficial, los especimenes del parque jurásico de la cultura regional se resisten a admitir.

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