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Actualizado el 2006-03-27 a horas: 01:19:36

Lo indígena chileno, un arco iris que no vemos

Wilson García Mérida

(Datos & Análisis).- Cuando Bolivia perdió su costa oceánica tras la guerra con Chile, nuestro país perdió también un invalorable patrimonio intangible al ser despojado de una población indígena estrechamente ligada a la cultura marítima. El mar que perdimos en 1879 fue un mar aymara.

Wilson García Mérida

Es periodista. Reside en Cochabamba.

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Aunque la visión dominante acerca de la población chilena nos muestra una nación fuertemente impregnada por las culturas hispana y anglosajona (al extremo de que la oligarquía chilena se arroga el mismo rol que el Estado judío ejerce en Medio Oriente, estigmatizando a movimientos indígenas de quechuas, aymaras y mapuches como “los musulmanes terroristas de Sudamérica”), no se debe perder de vista que en el territorio vecino habitó y habita una importante y variada masa originaria que todavía hoy lucha por sobrevivir ante los embates de la colonia exterminadora, de la república excluyente y de la modernidad etnicida.

Luego de siglos de presencia europea en el territorio chileno, varios de estos pueblos, tales como los aónikenk y los sélknam en el extremo austral de Chile, sucumbieron frente a la violenta usurpación de sus territorios ancestrales; aunque etnias como la de los mapuche, los aymaras, los atacameños y los rapa nui todavía conservan casi intactas sus identidades originarias, en una lucha social y étnica cotidiana donde el enfrentamiento con el Estado señorial chileno adquiere connotaciones sangrientas. Hoy, los líderes de las comunidades indígenas que resisten el exterminio racial en Chile, particularmente mapuches, son víctimas de sistemáticos crímenes políticos e injustos encarcelamientos.

Diversidad en extinción

Desde hace miles de años el territorio actual de Chile, al igual que el de la mayor parte de América, ha estado habitado por diversas agrupaciones humanas que vivían fundamentalmente de la caza y la recolección. Algunos pueblos, como los aymaras y los atacameños en el norte, vivían de la agricultura (cultivo de papa y quinua) y la ganadería de auquénidos (llamas y alpacas). Otros, como los changos en la costa norte, los rapa nui en Isla de Pascua, los chonos, los kawéskar o alacalufes y los yámana o yaganes en los canales australes, subsistían fundamentalmente de la pesca y la recolección de moluscos. Finalmente los mapuche, que habitaban entre el Choapa por el norte y las islas de Chiloé por el sur, los aónikenk o tehuelches de la Patagonia y los sélknam de la isla de Tierra del Fuego, vivían del producto de la caza y la recolección.

Sus formas de organización social también diferían unas de otras. Así por ejemplo, los aymaras se organizaban en ayllus que eran unidades territoriales formadas en base al parentezco, los que a su vez podían agruparse en confederaciones de ayllus o “señoríos”.

Los rapa nui, que habrían estado divididos en diversos grupos o tribus hasta el siglo XVI o XVII, tenían un sistema jerárquico de jefes a “ariki” y “cortes reales” que subsistieron hasta fines del siglo XIX.

Para los mapuches, la familia —compleja y extendida— bajo el liderazgo del cacique (lonco, ulmen), habría sido, en tiempos de paz, la organización fundamental.

La llegada del conquistador español introdujo grandes alteraciones en la vida de estos pueblos. El control del territorio hasta entonces habitado por los indígenas y el sometimiento de estos últimos se intentó materializar a través de la fundación de ciudades fortificadas a lo largo del país, de la distribución de las tierras de los indígenas a soldados españoles en pago de servicios y de la repartición de los indígenas a estos últimos a través del sistema de encomienda, como en el resto del Continente; con el agravante de que en Chile la migración anglosajona en el siglo XIX, impulsada por el capitalismo en expansión, consolidó el exterminio a extremos casi irreversibles.

Mapuches y aymaras

En el Censo de Población y Vivienda de 1992, se estableció que la nación Mapuche es la unidad étnica originaria más numerosa de Chile, con aproximadamente un millón de habitantes, la mitad de los cuales habita entre el río Bío Bío y la Isla de Chiloé, en la zona sur del país, en tanto que la otra mitad lo hace en Santiago y otras ciudades en distintas regiones de Chile.

El segundo grupo étnico de Chile está constituido por el pueblo Aymara, con una presencia de casi 50.000 habitantes concentrados especialmente en las regiones I y II (Tarapacá y Antofagasta) colindantes con Perú y Bolivia. De hecho, cuando Bolivia perdió su costa en el Océano Pacífico tras la guerra con Chile en 1879, nuestro país perdió también un invalorable patrimonio intangible al ser despojado de una población aymara estrechamente ligada a la cultura marítima. Los aymaras poseen ritos y tradiciones que usan frutos del mar como parte de su cultura ancestral. El mar que perdimos en 1879 fue un mar aymara.

Por otra parte, con una población de alrededor de 20.000 habitantes, la etnia de los Rapa Nui se constituye en el tercer grupo étnico que sobrevive en Chile. Este pueblo habita principalmente en la Isla de Pascua, ubicada en el Océano Pacífico a 3.800 kilómetros al oeste de una costa continental rica en recursos naturales que fueron depredados por una compañía inglesa entre 1895 y 1953.

Al igual que en Estados Unidos de Norteamérica, estos grupos étnicos fueron confinados a reducciones poblacionales mediante un sistema legal de despojos territoriales y de individualización de la tierra que sigue vigente. Este hecho resultó devastador especialmente para los mapuches. En su etimología, Mapuche significa “gente de la tierra”.

En virtud de aquella legislación de la tierra vigente en el país vecino, según explica María Ester Grebe, investigadora de la Universidad de Chile, muchas de las tierras más ricas de los mapuche fueron adquiridas mediante arriendo —hasta por noventa y nueve años— por particulares no indígenas en los últimos años, aumentando la migración mapuche a la ciudad y un consiguiente estado de mendicidad en gran parte de esta población expulsada de su hábitat.

Los mismos efectos tuvo esta política etnicida sobre el pueblo aymara; aunque con un matiz emergente de la modernización del norte chileno. Los aymaras de Chile, ligados también a la explotación del salitre en sus tiempos de auge, se especializaron dentro la esfera de la circulación trasladando productos entre la costa del Pacífico y la cordillera de los Andes, en una práctica trashumante común a esta etnia en la triple frontera Chile – Perú – Bolivia.

“Después de la apertura de los caminos hacia el interior de Iquique —ocurrido entre 1960 y 1965—, se inició el tránsito de camiones chilenos que sustituyeron gradualmente a las caravanas aymaras en el transporte y compraventa de productos agropecuarios andinos”, dice la investigadora. Esta situación se prolongó hasta 1977, añade Grebe, año en que los aymaras iniciaron la adquisición de camionetas utilitarias y camiones en la zona franca de Iquique con el fin de transportar y vender sus productos en el mercado urbano sin intermediarios. “De este modo el pastor jefe de hogar se convirtió en transportista, delegando sus funciones de pastoreo en su esposa e hijos”.

Grebe informa asimismo que esa nueva especialización de los aymaras chilenos los desvincula paulatinamente de las tierras de cultivo en un evidente proceso de “descampesinización”. Por esa vía estos aymaras se insertaron en la economía de libre mercado con relativo éxito, al saber combinar su sentido de austeridad y autonomía con sus principios de reciprocidad y complementariedad.

Sin embargo, los aymaras chilenos que todavía persisten en la producción agrícola aferrados a la tierra son sistemáticamente despojados de sus sistemas ancestrales de riego, y no reciben ninguna atención crediticia ni tecnológica del gobierno de Santiago.

Según José Aylwin, experto del Instituto de Estudios Indígenas, a diferencia del caso de los mapuches, la propiedad ancestral de sus tierras nunca les fue reconocida a los aymaras de Chile, quienes han sido prácticamente ignorados por las autoridades que “sólo han implementado respecto a ellos políticas destinadas a lograr su asimilación a la sociedad chilena mediante la aplicación de sus instituciones, principalmente la escuela y el servicio militar obligatorio”.

llactacracia@yahoo.com

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