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Actualizado el 2005-12-22 a horas: 17:19:17

CADAL expone una visión de los neoliberales sobre Bolivia

Elecciones en Bolivia: apenas el primer paso

Matías Franchini*Sorteando los pronósticos electorales que vaticinaban una definición más cerrada con el ex presidente Jorge Quiroga (ADN: 2001-2002) y postulante de Podemos (Poder Democrático Social), Evo Morales, candidato del Movimiento Al Socialismo (MAS), se ha convertido en el virtual presidente de Bolivia, superando, según datos no oficiales, la mayoría absoluta de los votos (lo que le da inmediatamente la nominación presidencial) o bien alcanzando una distancia lo suficientemente significativa como para asegurarse el voto positivo del congreso en enero. Los datos preliminares también otorgan a la agrupación de Morales una fuerte presencia en el cuerpo legislativo bicameral, lo que refuerza la probabilidad de su elección, máxime teniendo en cuenta que Samuel Doria Medina (UN: Unidad Nacional), llegado tercero en la contienda, ha asegurado el apoyo de su bancada para la designación de Morales, por haber sido el claro ganador de la disputa.

La elección de Evo Morales como presidente de Bolivia inaugura una nueva etapa en la vida política del país andino, y no solo porque el proceso eleccionario busca ser el primer paso hacia la normalización política después de largos meses (o años) de inestabilidad, sino porque las pautas de comportamiento del sistema político han cambiado radicalmente, empezando por la virtual desaparición de los partidos políticos tradicionales, que animaron la dinámica pública boliviana desde la democratización de los tempranos 80s(1) y la definitiva asunción a nivel protagónico de un rosario de nuevos actores políticos y sociales, de los cuales Evo y el MAS son claro, los principales referentes.

En esta lógica de cambio, el proceso eleccionario y su resultado es apenas el primer paso en un camino cargado de obstáculos y dificultades. En el seno de la sociedad boliviana conviven una serie de conflictos regionales, políticos y sociales de difícil solución. El tiempo dirá si Evo es capaz de construir puentes con la oposición en el marco de un escenario de alta polarización y distanciamiento ideológico y si, en el caso de lograr un mínimo de gobernabilidad (bien escaso en la Bolivia de los últimos tiempos) es capaz de dar satisfacción a una serie de demandas cuyos portadores consideran absolutas y de resolución casi inmediata.

Algunas consideraciones

La elección general ha sido fruto de un gran esfuerzo, desde que fuera propuesta por parte de la dirigencia política allá por junio de 2005 como salida a la crisis provocada por la caída del Presidente Carlos Mesa (2003-2005). Y muestra lo difícil que ha sido encontrar niveles mínimos de entendimiento en la clase política boliviana. Hubo que hacer una serie de forzados movimientos para que la transición recayera en el entonces Presidente de la Corte Suprema Eduardo Rodríguez, se necesitó una reforma legal para acortar el mandato de los legisladores (y así cumplir con la consigna de elecciones generales) algunos de los cuales se negaban a dejar un lugar que probablemente nunca volverían a ocupar y finalmente, se precisó la firme intervención del presidente Rodríguez para mediar en una disputa regional de distribución de escaños que estuvo a punto de suspender el comicio, y que de hecho obligó a retrasarlo algunas semanas.

En cuanto a los resultados de la elección cabe destacar inicialmente dos cuestiones. En primer lugar, y por primera vez desde la apertura política de 1982, un candidato presidencial está cerca o habría ganado la presidencia por voto directo, es decir sin la mediación del congreso al superar la mayoría absoluta de los votos. Hasta el momento, quien había estado más cerca de lograrlo había sido Gonzalo Sánchez de Lozada (MNR) en 1993, al alzarse con 35.5% y en pleno auge del sistema de democracia pactada. Evo Morales ha superado ampliamente las proyecciones preelectorales, que lo ubicaban en torno al 35%, y ha hecho historia(2). El segundo hecho que llama la atención ha sido la polarización del voto, entre los candidatos del MAS y Podemos. Morales y Quiroga sumaron juntos más del 80% de los sufragios, algo también inédito en las elecciones anteriores. A su vez, sus partidos se han llevado la enorme mayoría de las bancas del congreso, dejando menos de una treintena de diputados (sobre 130) y un par de senadores (sobre 27) para las otras fuerzas que participaron de la elección. En virtud de estos datos, uno podría verse tentado a inferir la instalación de una dinámica bipartidista en reemplazo del otrora multipartidista sistema político boliviano. Sin embargo, parece pronto para sacar algún tipo de conclusión en este sentido, sobre todo si se tiene en cuenta que más que partidos en sentido estricto, las siglas que han acompañado a los principales candidatos presidenciales son alianzas de fuerzas políticas y movimientos sociales de escasa cohesión, representantes de intereses sectoriales.

Otra de las novedades de la contienda del domingo 19 de diciembre de 2005, ha sido la inauguración de las elecciones populares para prefecto departamental (provincial o estatal), cuyo nombramiento había sido históricamente potestad del poder ejecutivo. Se especula que estos nuevos representantes modifiquen el esquema de fuerzas en la esfera pública boliviana, y se conviertan en actores protagónicos de la política del país, especialmente aquellos representantes de los departamentos más poderosos, notablemente Santa Cruz de la Sierra o La Paz.

Como decíamos, la elección de Morales se convierte en histórica por el caudal de votos conseguidos y su apoyo en el congreso va a ser grande. Sin embargo, esto no se traducirá en un mandato con gobernabilidad asegurada ni mucho menos y ello por una serie de cuestiones: en primer lugar, porque la presencia del MAS en el congreso, aunque amplia, no llegaría a ser mayoritaria, de manera que para lograr avances en la agenda legislativa debería negociar con la oposición. Como reverso de la moneda, la alianza Podemos habría quedado apenas unos legisladores detrás del virtual oficialismo y su concurso sería necesario para la aprobación de proyectos con mayoría especial. Todo parece indicar que Evo y su MAS se verá obligado a tender puentes con las otras fuerzas. Pero la oposición que enfrentará Evo no solo será de origen legislativo, pues organizaciones como cámaras empresariales y movimientos cívicos sobre todo del Oriente, han recelado históricamente del liderazgo, las ideas y los métodos del dirigente cocalero y seguramente no dudaran en reaccionar cuando consideren lesionados sus derechos. A su vez, se espera que algunos de los flamantes y ahora popularmente electos prefectos, tampoco hagan fácil la vida de Morales en el Palacio del Quemado, sobre todo los de los departamentos orientales, donde su llegada al electorado ha sido menor.

Por otra parte, las dificultades del líder cocalero a la hora de asegurar la gobernabilidad pueden venir de su propio MAS y los movimientos sociales que le han dado apoyo, una fuerza enormemente heterogénea, movilizada, ávida de resultados inmediatos y acostumbrada a presionar en las calles por la satisfacción de sus intereses.

Para finalizar, y en relación a los desafíos que enfrentará Evo en la Presidencia, cabe recordar que la agenda pendiente en Bolivia es amplia, conflictiva y además está establecida. En este sentido, y al igual que Sánchez de Lozada y en mayor medida Carlos Mesa, el nuevo presidente no podrá escapar al juego de las agendas y de los grupos que las sustentan . El congreso ya ha votado la convocatoria a la Asamblea Constituyente (AC) y al Referéndum Autonómico (RA) que se realizarán en junio próximo y el nuevo gobierno deberá asumirlas y llevarlas a su conclusión. Al margen de sus simpatías políticas, los distintos grupos y movimientos van a presionar para la concreción de sus aspiraciones en ese instrumento (AC) que es presentado muchas veces como la respuesta a todos los problemas, cuando en realidad, cabe la posibilidad que se convierta en el escenario donde estos mismos grupos busquen imponer su agenda en desmedro de los otros, sin llegar a acuerdo alguno. Será desafío de Evo trascender los intereses sectoriales de los que ha sido portavoz y considerar otras opiniones, si no quiere que el conflicto lo paralice.

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