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Área: Política >> Elecciones
Actualizado el 2005-12-21 a horas: 21:19:10

12 países de la región renuevan presidentes: ¿Vuelco a la izquierda?

Redacción Bolpress

Nuevos actores progresistas, que no son precisamente izquierdistas de la línea dura, emergen con fuerza en varios países de Latinoamérica ofreciendo soberanía política, la retoma del control de los recursos naturales y la recuperación del Estado, con la convicción de que otro mundo no sólo es posible sino necesario. El neoliberalismo ha hecho de América Latina la región más desigual del planeta en términos de redistribución de la riqueza y también una de las más ingobernables. Algunos gobiernos del sur fueron derribados por insurrecciones populares, y los que quedan en pie son incapaces de consensuar políticas. Los ciudadanos ya no respetan a las instituciones.

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En ningún otro momento histórico América del Sur tuvo tantas posibilidades de contar con gobiernos “realmente volcados hacia su gente”, observó el presidente de Brasil Inacio Lula da Silva refiriéndose al ascenso de Evo Morales en Bolivia –antes de que el líder indígena gane la elección con más del 51% de los votos– y a la consolidación de corrientes progresistas en Venezuela, Uruguay, Argentina. El líder cubano Fidel Castro pronostica una tendencia irreversible hacia la izquierda en el intenso año electoral que se avecina. Según los analistas, el giro ideológico en América Latina es evidente, pero no precisamente hacia la izquierda revolucionaria.

Arturo Fernández, presidente de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP), precisa que en Sudamérica se asienta una izquierda de corte socialdemócrata y reformadora que busca mejorar el sistema capitalista, pero no destruirlo, aunque “con matices”. Sus exponentes son ex guerrilleros antiimperialistas, nacionalistas, socialdemócratas, ecologistas, anarquistas, autonomistas y socialistas revolucionarios que se moderaron en los últimos años.

Si bien estos personajes no pueden ser considerados revolucionarios, en la medida de sus posibilidades sí intentan mantener distancia de la pléyade de gobernantes que administraron el fracasado modelo de desarrollo dictado por Washington en las últimas dos décadas, al menos en plano discursivo. [1]

Algunos son reformistas conservadores (keynesianos), propugnando la regulación del capitalismo en alianza con la socialdemocracia y la centroizquierda. Los otros son radicales que alientan la redistribución del ingreso, aún afectando la continuidad del sistema, con el apoyo de formaciones políticas socialistas y anticapitalistas.

Este reformismo se presenta a sí mismo como una “alternativa de cambio” a la derecha y que “supera” a los proyectos de la izquierda revolucionaria postulando la readecuación del sistema sin que sus elementos esenciales varíen, es decir manteniendo la vigencia del régimen económico y político del capitalismo dependiente. [2]

Los candidatos

En los últimos siete años candidatos populistas de izquierda y centroizquierda, algunos más radicales que otros, tomaron la presidencia en Argentina, Brasil, Ecuador, Uruguay y Venezuela por la vía democrática. Y la tendencia es que esas posturas políticas se consoliden en el próximo quinquenio.

Se cuentan 12 elecciones en el hemisferio entre 2005 y 2006. Honduras dio inicio a la seguidilla de comicios el domingo 27 de noviembre. El opositor Manuel Zelaya se impuso sobre su contrincante del oficialista Partido Nacional, Porfirio Lobo Sosa. Ambos son de centroderecha.

En Venezuela, Hugo Chávez volvió a arrasar en las legislativas del 4 de diciembre y ahora controla el parlamento. En Chile venció la socialista Michelle Bachelet el domingo 11 de diciembre y ahora debe batirse con el derechista Sebastián Piñera en una segunda vuelta electoral.

Al próximo año renuevan dirigencias Haití (8 de enero), Costa Rica (5 de febrero), Perú (9 de abril), Colombia (28 de mayo), México (2 de julio), Brasil (1 de octubre), Ecuador (15 de octubre), Nicaragua (5 de noviembre) y Venezuela (4 de diciembre).

Más de 30 candidatos se han presentado a las elecciones de Haití y es muy difícil prever quién será el elegido. En Costa Rica el favorito es el candidato centroizquierdista del Partido Liberación Nacional, el ex presidente Oscar Arias (1986-1990), con 45 por ciento de la intención de voto según los más recientes sondeos.

En América del Sur, Colombia y Perú parecen encaminarse a consolidar candidaturas conservadoras y afines a Washington, con la reelección de Alvaro Uribe y con la victoria de la abogada Lourdes Flores Nano. A pesar de ello, candidatos de izquierda y centroizquierda han ganado una suma de alcaldías y municipios de Colombia, como por ejemplo Luis Garzón del PDI en Bogotá. En Perú, las propuestas de izquierda de Javier Diez Canseco y Ollanta Humala todavía no pegan en el electorado.

Los analistas consideran que Lula da Silva no tiene muchas opciones de se reelegido y podría sucederle en una segunda vuelta el socialdemócrata José Serra, actual alcalde de Sao Paulo. En tanto, diversos estudios indican como prácticamente segura la reelección de Chávez en Venezuela.

En México, Andrés Manuel López Obrador, ex alcalde de la Ciudad de México y miembro de la oposición izquierdista del Partido Revolucionario Democrático, es uno de los favoritos para las presidenciales. Su alianza la conforman tres partidos: el PRD, el Partido del Trabajo (PT) y Convergencia, que se definen de izquierda. La izquierda de Centroamérica también muestra buena salud. En Nicaragua crecen las simpatías por el Frente Sandinista para la Liberación Nacional y es posible que este partido recupere el poder de la mano de Daniel Ortega. Martín Torrijos triunfó en Panamá con el PRD y otros partidos asociados, retomando la herencia del líder populista Omar Torrijos.

En El Salvador, el FMLN, con Schafick Nadal, secretario general del Partido Comunista, es la mayor bancada parlamentaria y ganó la mayoría de las municipalidades. En Guyana se impone Bharret Jagdeo y en República Dominicana Leonel Fernández, quien asegura que el modelo económico neoliberal no resolvió las necesidades básicas de la población.

Al igual que Fernández, los rebeldes de Centroamérica quieren “reformar las reformas” iniciadas en la década 1990-2000 por la desilusión ciudadana con el sistema democrático por su mal desempeño económico y social. Fernández reveló que su gobierno asumió la privatización de las empresas del Estado por necesidad y no porque estuviese de acuerdo con ese modelo. Ahora, “cada nación debe asumir medidas en función de su realidad concreta”. Las recetas económicas no se asumen “como la panacea, sino como una propuesta, una recomendación a ser examinada dentro de nuestra realidad nacional que puede o no ser asumida”.

El discurso

Los matices de la heterogénea fuerza progresista del hemisferio se notan en el discurso de sus líderes. Chávez se esmera por destacar entre los radicales y últimamente ha pedido a la gente que lea “La revolución permanente” de Trotsky, porque en ella hay mucho para aprender. Según el líder bolivariano empeñado en instaurar el socialismo en Venezuela, Trotsky tenía razón en su disputa con Stalin: “No existe una revolución nacional”, para que en un país sobreviva y progrese un proceso revolucionario “la revolución tiene que ser internacional”.

No todos piensan como Chávez. El triunfo del candidato del Movimiento 21 de enero, Lucio Gutiérrez en octubre del 2002 es una prueba de que los “progres” pueden acabar al otro lado de la vereda. Muchos centroizquierdistas de América del Sur llegaron al poder prometiendo luchar contra la pobreza y el desempleo, pero una vez en la silla recortaron conquistas sociales y tomaron partido por los sectores capitalistas. Es el caso de Lula, convertido en un acérrimo defensor del statu quo y que ahora paga el precio de haber asumido compromisos con las clases dominantes que no estaban dispuestas a tolerar proyectos redistributivos.

Los rebeldes no siempre son revolucionarios

El movimiento “altermundista” oficial gira en torno a dos perspectivas: recrear el reformismo conservador– que consolidará por vías no liberales los intereses de las grandes corporaciones– o construir una opción emancipadora de los oprimidos en los marcos del sistema.

El sociólogo chileno Hugo Zemelman opina que un revolucionario es por definición un rebelde, pero no siempre un rebelde es un revolucionario. “Un rebelde enfrenta el sistema, formula alternativas, cumple una función crítica, pero no siempre coloca la transformación del sistema a través de la toma del poder. El revolucionario trata de cambiar o destruir el sistema, no de entrar en él”.

A pesar de su moderación, el hecho es que la nueva camada de políticos se asienta firmemente en las preferencias electorales y comienza a tender lazos para enfrentar al imperio comandado por la ultraderecha de Bush.

Por ahora, dos presidentes expresan abiertamente sus simpatías por el candidato a la presidencia del MAS Evo Morales y le dan la bienvenida al club contestatario del cono sur. Hugo Chávez nunca ocultó sus preferencias por el líder cocalero y ahora Lula da Silva califica como un cambio “extraordinario” la virtual victoria de Evo en las elecciones.

“En ningún momento histórico de América del Sur tuvimos tantas posibilidades de tener una América del Sur volcada para su gente. Yo le decía a Kirchner: Imagina lo que significó la elección de (Hugo) Chávez en Venezuela, imagina lo que significa si Evo Morales gana las elecciones en Bolivia”, comentó Lula antes de conocerse la paliza electoral que recibió la derecha en Bolivia. “Son cambios tan extraordinarios que ni los mejores politólogos podrían escribir (...)”.Según Lula, el triunfo de Morales reforzará el momento histórico que vive Sudamérica, donde la mayoría de los países son gobernados por partidos orientados hacia la izquierda.

Con la victoria de Morales se consolida una fuerza inédita en cinco de las 10 naciones de América Latina, sin contar a Ecuador, que también se inclina a la izquierda, y a los curiosísimos “socialistas” chilenos que se sienten tan a gusto administrando el neoliberalismo.

Notas

[1] Brasil tenía una de las economías de crecimiento más rápido en el mundo durante los 60 y 70, pero desde 1980 el ingreso per cápita ha crecido a menos de 0,5 por ciento anual. El crecimiento del PIB (o ingreso) per cápita de la región fue cerca de 80 por ciento de 1960 a 1979, pero solamente de 11 por ciento de 1980 a 1999 y 3 por ciento de 2000 a 2004. (El marcador del desarrollo: 25 años de progreso disminuido, Mark Weisbrot, Dean Baker, David Rosnick, http://www.cepr.net/publications)

[2] El proceso de recomposición de la izquierda latinoamericana en la actualidad y la problemática del poder, José Antonio Soto Rodríguez, http://www.nodulo.org/ec/

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