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Actualizado el 2005-12-18 a horas: 08:28:31

Histórica, por el lado que se le mire

Bolivia elige entre el neoliberalismo y la incertidumbre

J. Osvaldo Calle Quiñonez

Por el lado que se le mire, probablemente la elección que hoy se realiza es la más importante de la historia republicana de Bolivia. La campaña electoral acentuó la polarización que el país ya tenía, los bolivianos acudirán a las urnas para elegir la continuación del neoliberalismo, cuya mejor expresión es Jorge Quiroga, o la incertidumbre encarnada en la candidatura del aymara Evo Morales, a quien todas las encuestas le dan como favorito. No se esperan muchas sorpresas, excepto el porcentaje de diferencia que habrá entre Morales y Quiroga.

J. Osvaldo Calle Quiñonez

J. Osvaldo Calle QuiñonezPeriodista especializado en economía. Trabajó en el Semanario Aquí, los periódicos, La Razón, Ultima Hora, Hoy, La Prensa y el semanario Pulso. En 2000 incursionó en el periodismo electrónico organizando el sitio report-e.com y en la actualidad dirige el periódico por Internet www.bolpress.com.

Ha escrito libros sobre los procesos de reforma económiica y es colaborador de publicaciones en México, España y Bélgica. En la actualidad reside en Alemania.

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Las elecciones que se realizan hoy intentarán ser una salida a la crisis provocada por el colapso del modelo neoliberal en Bolivia que, además de generar condiciones casi inmejorables para las transnacionales, aumentó la pobreza de las mayorías de la población. Bajo el neoliberalismo, se aplicaron leyes que desmejoraron las condiciones laborales, a la par que se impusieron monopolios privados que impusieron elevadas tarifas para los servicios prestados por las empresas que habían sido propiedad del estado.

La movilización de octubre de 2003 fue el principio del fin para el modelo neoliberal y la consolidación de los movimientos populares que, con fuerte contenido étnico, se declaran opuestos al neoliberalismo. Fue la fuerza de la movilización, que generada en el altiplano y fortalecida en la ciudad de El Alto, la que obligó a la huida del expresidente Gonzalo Sánchez de Lozada huya a Estados Unidos, no sin antes haber ordenado una sangrienta represión calificada como genocidio, fue esa misma movilización la que impuso la llamada “Agenda de octubre”, cuyos aspectos centrales ahora son la nacionalización de hidrocarburos y la realización de una asamblea constituyente para la refundación del país.

Pero la movilización de octubre no tomó el poder, sólo lo debilitó. Los dos gobiernos que le sucedieron permanecieron en manos de la casta que hizo de Bolivia una colonia al servicio de las trasnacionales. Uno de ellos fue el gobierno de Carlos Mesa, el periodista convertido en portavoz del neoliberalismo hasta convertirse en el acompañante Sánchez de Lozada en las elecciones de 2002. Convertido en presidente como resultado de la fuga de su mentor, Mesa intentó rearticular al golpeado sistema político y entregó los cargos clave de la economía a personajes vinculados a las transnacionales, particularmente petroleras. Su obsecuencia ante esos intereses erosionó el apoyo que en algún momento de su mandato llegó hasta el 80 por ciento y fue echado del gobierno en medio de una nueva movilización. Mesa fue el hombre que generó las condiciones para articular la llamada “agenda de junio”, es decir los pedidos de autonomía regional que se convirtieron en una argucia de las oligarquías regionales, apoyadas por las transnacionales, para mantener las ventajas que hoy disponen para la explotación de los recursos naturales.

Las elecciones de hoy intentan ser una salida al llamado “empate histórico” entre los movimientos sociales opuestos al neoliberalismo y la oligarquía apadrinada por las transnacionales y los gobiernos imperiales.

Neoliberalismo o incertidumbre

Como pocas veces ocurrió, la campaña electoral polarizó al país en torno a la candidatura de del expresidente Quiroga y la del aymara Evo Morales, lo que significa que Bolivia está polarizada entre el neoliberalismo y la incertidumbre que significa el intento de reconstruir el país.

Aunque por los resultados de las encuestas es poco probable, de ganar Quiroga es previsible lo que ocurriría en el próximo tiempo. El nuevo gobierno estará formado por tecnócratas formados en Harvard y que tienen al inglés como su segundo idioma. Se ratificarían los cuestionados contratos petroleros, se mejorarías las condiciones para la explotación de los recursos naturales por parte de las petroleras, se fortalecerían los llamados acuerdos de protección a las inversiones, se suspendería los juicios de responsabilidades contra los acusados por genocidio y se impulsaría nuevas formas que permitan a las oligarquías regionales conservar el poder.

Este probablemente es el escenario ideal esperado por las transnacionales, el gobierno de Estados Unidos y los llamados organismos internacionales de financiamiento, además de las oligarquías regionales, Quiroga —el niño mimado de las transnacionales— no garantiza la ansiada paz social, aun en el caso de tener el apoyo de Samuel Doria Medina, el empresario que probablemente será tercero en la justa electoral. En ese escenario es previsible también una profundización y radicalización de las protestas sociales con imprevisibles consecuencias.

De elegirse a Morales, Bolivia ingresará a un escenario de incertidumbre. Es posible que gane las elecciones con hasta el 45% (la sorpresa sería que logre la mayoría absoluta), pero casi de inmediato se enfrentará a problemas derivados de la capacidad y experiencia necesaria para el gobierno, casi con seguridad se enfrentará a gobierno regionales controlados por las oligarquías que intentarán generar la ingobernabilidad del país.

La incertidumbre también alcanza a las condiciones de la actividad económica, particularmente para las transnacionales. La población demanda la nacionalización y los más radicales piden revolución socialista, aunque el programa de gobierno del MAS apenas habla de capitalismo andino y reformas a la reforma. Además, Morales tendrá que hacer frente a un previsible embate de las oligarquías, que controlan los medios de comunicación y casi la totalidad de la actividad productiva en el país.

Los bolivianos están al frente de la elección más importante de su historia. Es la primera vez en la que en una elección, la mayoría habla de la posibilidad de elegir a uno de los suyos.

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