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Área: Opinión >> Comentarios y enfoque
Actualizado el 2005-12-16 a horas: 23:11:45

Presente y futuro de las elecciones generales y prefecturales en Bolivia

Mauricio Ochoa Urioste

Desde la crisis del año 2003, Bolivia vive una de sus etapas de mayor incertidumbre política, económica y social. Luego de la caída de Gonzalo Sánchez de Lozada se socializó la necesidad de la participación ciudadana en los asuntos que anteriormente eran privativos del monopólico aparato gubernamental y se marcó el punto culminante de una serie de reformas de los gobiernos neoliberales de la década de 1980 y 1990. Pero no se pudo materializar las demandas sociales: el rompimiento ? al menos formal - de la coalición parlamentaria, sumada a la inestabilidad de las fuerzas políticas opositoras y la falta de voluntad de los últimos dignatarios de Estado, imposibilitó lograr consensos entorno al debate y la configuración de la asamblea constituyente, las autonomías departamentales, regionales y de los pueblos indígenas y originarios, y la política sobre los recursos naturales.

Así, las elecciones generales y prefecturales de 2005 en Bolivia, son el resultado del acuerdo de los partidos políticos y las agrupaciones ciudadanas, que se inició con un conjunto de modificaciones legales y constitucionales que tenían el objetivo de acortar el mandato de los congresistas y encauzar la elección del nuevo Presidente y Vicepresidente, de prefectos, y renovar la relación de las fuerzas políticas parlamentarias. Sin embargo, estas reformas no han solucionado por sí mismas la crisis del país, y han prolongado la insatisfacción colectiva de los grupos radicales, reformistas y conservadores.

Causas del repunte de la izquierda y el declive de la derecha

Para comprender el repunte de la izquierda, y el paulatino declive de la derecha tradicional en los últimos años, es necesario conocer dos fenómenos sociales.

En primer lugar, las elevadas tasas de desempleo, la mortalidad infantil y la emigración económica, el bajo índice de desarrollo humano, la falta de acceso a la educación, justicia y salud gratuita, la precaria institucionalización de los Poderes del Estado, la corrupción en el proceso de privatización de las empresas estatales, la postergación de la asamblea constituyente y la recuperación efectiva de los hidrocarburos según el referéndum del año 2004, el agotamiento del modelo económico neoliberal – que es reconocido inclusive entre los sectores académicos más conservadores y los partidos políticos de la derecha - deja entrever la expectativa que tiene gran parte de la población boliviana por un gobierno que liderice cambios estructurales.

En segundo lugar, ciertos sectores conservadores que protagonizaron la política boliviana los últimos veinte años, han justificado las reformas neoliberales e incluso la profundización del establishment neoliberal, recordando que la inestabilidad económica del gobierno de la Unidad Democrática y Popular (UDP) a principios de la década de 1980 no pudo contener la hiperinflación. Sin embargo, estos sectores conservadores han desatendido en su discurso político la problemática macroeconómica y los conflictos sociales de una aplicación a ultranza de la política monetaria y fiscal del BID, el Banco Mundial y el FMI, los efectos adversos de la privatización de empresas estratégicas y de servicios públicos en algunos países de América latina, y tampoco han propuesto modelos económicos menos ortodoxos o alternativos. Esta ortodoxia neoliberal, si bien con relativo éxito conserva aún parte del electorado tradicionalmente afín a la derecha; ha sido varias veces repudiada por amplios sectores de la clase social media urbana, profesional, empresarial, campesina e indígena de todo el país, que sólo como ejemplo, apoyaron casi unánimemente la recuperación de la propiedad estatal de los hidrocarburos en el referéndum del año 2004 y el incremento de la renta petrolera que perciben los departamentos, los municipios y las universidades, tras la aprobación de la nueva ley de hidrocarburos.

El futuro de las elecciones generales y prefecturales

Según la Constitución boliviana, si en las elecciones generales ninguna de las fórmulas para Presidente y Vicepresidente de la República obtuviera la mayoría absoluta de sufragios válidos, el Congreso elegirá por mayoría absoluta de votos válidos, en votación oral y nominal, entre las dos fórmulas que hubieran obtenido el mayor número de sufragios válidos. En caso de empate, se repetirá la votación por dos veces consecutivas, en forma oral y nominal. De persistir el empate, se proclamará Presidente y Vicepresidente a los candidatos que hubieran logrado la mayoría simple de sufragios válidos en la elección general.

En consecuencia existen dos posibilidades: que el Presidente y el Vicepresidente sean elegidos con la mayoría absoluta de sufragios válidos; o que sean elegidos por el Congreso. En el primer caso, es indudable que la legitimidad social del Poder Ejecutivo podría lograr más fácilmente consensos parlamentarios para la aprobación de leyes sustanciales. En el segundo caso, el Parlamento tiene el imperativo de alcanzar acuerdos programáticos mínimos en el menor tiempo posible, y no entorpecer la elección del próximo Presidente y Vicepresidente.

Por otra parte, muchos analistas concluyen que la elección para la selección de prefectos – criolla innovación normativa boliviana que ha sido acusada de inconstitucional – puede ser, antes que un remedio al centralismo político y administrativo, un escollo para la reforma constitucional y la estabilidad política del próximo gobierno. Esto es así, porque según la Constitución boliviana, las leyes de la república y la configuración del Estado Unitario desconcentrado, los prefectos únicamente representan al Poder Ejecutivo en los departamentos y son ineludiblemente designados por el Presidente de la República. Por lo tanto, una aparente representatividad social de los Prefectos podría originar enfrentamientos con el Poder Ejecutivo, e incrementar innecesariamente la regionalización del discurso político.

En definitiva, cualquiera sea el resultado final de las elecciones generales y el nombre del próximo Presidente y Vicepresidente, la democracia boliviana puede fortalecerse asegurando la estabilidad económica, la paz social, y propulsando los cambios estructurales en el más breve plazo. Los prefectos, por su parte, pueden contribuir en este proceso cumpliendo a cabalidad la representación del Poder Ejecutivo en los departamentos, sin atribuirse mayores competencias de las previstas por la Constitución y las leyes de la república.

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