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Área: Inf. General >> Variedades, misceláneos
Actualizado el 2005-11-03 a horas: 16:28:39

Gerardo Reyes es un trabajador incansable del periodismo de investigación; critica que algunos periodistas sólo se dediquen a investigar los casos que tocan a personas enfrentadas a sus patronos

?Si existe un gremio realmente impune en América Latina, es la banca?

Ana Mitila Lora / Pedro Jaime Fernández(Clave Digital).- Miami es la meca de periodistas investigadores del fuste de Gerardo Reyes Copello. Un colombiano, de 47 años, de vocación continental, instalado con sus radares en una torre -The Miami Herald- desde donde puede observar sin nubosidad las huellas del tránsito del dinero que fluye desde la saqueada América Latina a la boyante Florida.

Desde las aulas de la escuela de Derecho de la Universidad Santo Tomás de Bogotá se vinculó a finales de los años setenta al centro de investigaciones sociales Propúblicos, donde dirigió un programa de observación de los congresistas para evaluar sus niveles de compromiso con sus electores.

Las habilidades investigativas de Reyes no pasaron desapercibidas para el periódico El Tiempo, de Bogotá, por lo que en 1978 fue nombrado miembro del equipo de investigación de ese diario, uno de los primeros en su tipo en América Latina.

Junto con los reporteros Alberto Donadío y Daniel Samper Pizano -hermano de quien después se convirtió en presidente de Colombia, Ernesto Samper-, Reyes obtuvo en 1983 el Gran Premio Nacional de Periodismo del Círculo de Periodistas de Bogotá, por informes que revelaron los desfalcos en el Banco del Estado.

En febrero de 1987 recibió el mismo premio por una serie de artículos relacionados con el pago de sobornos de la multinacional Ericsson a funcionarios de los gobiernos de Colombia, Perú, Bolivia y Venezuela.

El salto a Miami se produjo en 1988 cuando ingresó a El Nuevo Herald. En 1993 recibió el premio al mejor trabajo en prensa del National Association of Hispanic Journalists por la investigación sobre la muerte de un cantante en manos de un cirujano plástico. En 1997 ingresó a The Miami Herald, donde participó en el equipo de investigación que obtuvo el Premio Pulitzer por sacar a la luz las irregularidades que caracterizaron el fraude electoral de las elecciones celebradas en Miami en 1997.

El año pasado recibió el premio María Moors Cabot, que entrega la Universidad de Columbia en Nueva Cork, por su trayectoria periodística, la promoción del periodismo de investigación en América Latina y sus logros en esta disciplina del periodismo.

De vocación gremial, Reyes fue nombrado el pasado mes de octubre como director del Instituto Interamericano de Periodismo de Investigación de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Ese nombramiento antecede a actividades como la de fundador de Periodistas de Investigación de México o la de organizador del primer seminario latinoamericano de investigación que fue celebrado en Chile en marzo de 1993.

Con el encanto que suelen darle los colombianos al castellano, propaga entre sus colegas los "secretos" de su especialidad. Su curiosidad lo lleva siempre a colaborar y aportar en los trabajos de otros.

Sea seguirle el rastro a la compra de un helicóptero en República Dominicana, a una abultada cuenta bancaria, o a los registros de propiedades de latinoamericanos ?sospechosos de corrupción- radicados en Estados Unidos.

La semana pasada estuvo en Santo Domingo invitado por Clave Digital y la Universidad Iberoamericana (Unibe) como profesor invitado para el diplomado Periodismo de Investigación en una Sociedad en Cambio, que se desarrolló en el mes de octubre.

Autor de "Don Julio Mario: biografía no autorizada del hombre más poderoso de Colombia"; "Made in Miami: vida de narcos, santos seductores, caudillos y soplones", coordinador para la edición del libro "Los dueños de América Latina", y autor del didáctico texto "Periodismo de Investigación".

Reyes, como la mismísima descripción de su especialidad es una combinación de suerte, perseverancia, tenacidad e inteligencia. Y así se muestra, con espontaneidad, en la entrevista concedida a Clave Digital.

Lo que se ha perdido en el periodismo Clave Digital (CD) Después del 'boom' provocado por el caso Watergate (que llevó a la renuncia del ex presidente estadounidense Richard Nixon), que repercutió en República Dominicana con la creación de equipos de investigación, en América Latina hubo un reflujo. ¿Qué sucedió? ¿Qué explica ese proceso? Gerardo Reyes (GR) Lo mismo pasó en Estados Unidos. El impulso inicial se ha perdido, en gran parte por la falta de apoyo de los dueños de los medios de comunicación. Los periodistas de investigación, aparte de cosechar premios y reconocimientos, se convirtieron en empleados incómodos, en provocadores de dolores de cabeza para los propietarios de los medios.

Ellos (los principales accionistas de los medios) incursionan en tantos negocios que provocan que el campo de acción del periodista se vaya reduciendo porque (los dueños) no quieren comprometer a amigos, empresas anunciantes o a políticos que son de su simpatía.

Esta situación atenta no solamente contra el periodismo de investigación, sino contra todo el periodismo. Ese cruce de compromisos de los medios de comunicación afecta mucho a la información. Los lectores no son estúpidos, se ven obligados a leer entre líneas y se dan cuenta de que para saber qué pasa realmente tienen que comprar dos o tres periódicos, porque uno callará lo que el otro dice.

CD. ¿Es posible un regreso al compromiso de informar sin ataduras? GR. Habrá que apelar a la nueva generación. A los hijos de los propietarios de los medios que se educan en Estados Unidos, que regresan con otra mentalidad y están involucrados en esa batalla bajo la regla de que la independencia es también un buen negocio. Que la gente respeta y aprecia esa independencia cuando se da cuenta de que puede leer en un solo periódico todas las versiones de una misma información. No solamente la que le interesa leer u omitir al dueño.

CD. Si los propietarios de los medios impiden que sus relacionados sean objeto de investigaciones entonces las únicas historias que podrían publicarse versarían sobre las personas que no tienen padrinos. GR. En ese caso yo preferiría que no se haga periodismo de investigación porque esta iniciativa se convertiría en un arma política para perseguir a aquellos que no tienen padrinos que los protejan en las salas de redacción. Para eso es mejor dedicarse a informar cotidianamente sin tratar de aparentar independencia y que se tiene un equipo de investigación.

CD. ¿Tiene ejemplos de periodismo independiente que sea rentable? GR. Podría hablar de determinadas épocas de medios de comunicación que han demostrado independencia y se han convertido en los medios más leídos, más influyentes y rentables, pero han venido caídas. La revista Proceso, en México, es un ejemplo. No acepta publicidad y se mantiene prácticamente con su circulación. Se caracteriza por su irreverencia ante cualquiera fórmula del poder.

La revista Semana, de Colombia, es otro ejemplo. Durante la investigación sobre Samper fue el medio que dio la pelea y apostó a la independencia, pese a los vínculos de los dueños con el Partido Liberal. Página 12 fue un buen ejemplo, era un dolor de cabeza para todos los políticos y partidos argentinos, porque no tenía compromiso con nadie y decía las cosas como eran, pero en estos momentos está muy gobiernista.

Está muy cerca de (Néstor) Kirchner por cuestiones ideológicas, no por intereses mercuriales. Entre los ejemplos de prensa independiente, mencionaría los últimos años del periódico El Comercio, de Perú, que se enfrentó a Fujimori y a Montesinos. Otro caso relevante es el de La Nación, en Argentina. En El Salvador conocí a un editor joven que perdió un millón de dólares en publicidad por denunciar a uno de sus mayores anunciantes. Existe un ejercicio periodístico estimulante y vibrante que nos da ánimo.

CD. Su firma calza informaciones publicadas en The Miami Herald sobre el empresario dominicano Luis Álvarez Renta. ¿A qué se debe su interés en ese caso? GR. Es parte de mi trabajo. Sigo las ramificaciones en Miami de los grandes casos de corrupción que se registran en América Latina. La Florida se ha convertido en el destino o en una ramificación casi forzada de esos casos. Las historias alrededor de Baninter coparon todos los medios internacionales. Lo que hice con Álvarez Renta fue rastrear sus inversiones en La Florida.

Visité sus propiedades en Coral Gables, en Key Biscayne, para poderle contar a la gente sobre ellas. Igual hice con banqueros ecuatorianos prófugos que se declararon en quiebra en Ecuador y viven como reyes en Miami. Trato de mostrar esos contrastes y sacar a la luz pública informaciones ignoradas por la gente de sus países de origen. Mi interés por Álvarez Renta no es particular.

CD. ¿Cuál ha sido su experiencia con los banqueros latinoamericanos? GR. Si existe un gremio realmente impune en América Latina, es la banca. No hay más de cinco banqueros presos en este continente, pese a todas las crisis financieras que se han registrado. Presos, creo que sólo hay dos en Ecuador y uno que otro en Brasil, -los banqueros Leonel Almonte y Víctor Manuel Rodríguez Concepción, se encuentran presos en República Dominicana, después de 15 años de disfrutar impunidad- .

Esa situación es producto de que en nuestros países se han creado unos fondos de recuperación de los bancos para que cada vez que son asaltados por sus propios dueños, salen los gobiernos a rescatarlos. Es una medida absurda. Quienes terminan pagando esos grandes desfalcos bancarios son los propios ciudadanos. Pero cuando se necesita que el Estado persiga a los banqueros para sancionarlos judicialmente, no aparece dinero para procesarlos.

Esa es mi experiencia. Conozco muy bien la impunidad de esos banqueros, porque la mayoría se instala en Miami a esperar que escampe, a esperar que prescriban sus demandas para regresar a sus países. Después regresan y terminan como los políticos, reciclándose y haciendo nuevos negocios, como si nada hubiera pasado. Hay una islita en Miami, que por una atracción fatal, allí suelen instalarse banqueros, políticos o ex propietarios de empresas que quebraron fraudulentamente. Miami es el destino de la corrupción de grandes ligas de América Latina.

CD. Muchos periodistas investigadores se sienten frustrados porque sus trabajos no desencadenan consecuencias judiciales. GR. Los resultados del periodismo de investigación están supeditados al interés y a la acción que provoque en un fiscal o en un organismo de vigilancia que se interese por lo que uno demuestra. Crea mucha frustración que algunas de nuestras publicaciones no muevan a la acción pública.

El reportero se queda con la sensación de que perdió su tiempo. Con la publicación de una investigación, el periodista cumplió su rol. Si no hay consecuencias, esa omisión corresponde al Estado o al gobierno. Aconsejo, no obstante, no desfallecer en el seguimiento que debe dársele a esos casos para que el tema no muera.

CD. Algunos tienen la impresión de que las investigaciones que provocaron los sometimientos contra Fujimori, Menem y otros ex presidentes quedan deslegitimadas cuando esos personajes recuperan parte del favor público. GR. De acuerdo a las mediciones del Latinobarómetro, a los ciudadanos ya no les importa que sus presidentes roben un poco, siempre y cuando construyan o realicen algunas obras.

Son actitudes de nostalgia por alguien que hizo algo. Personajes como Menem y Fujimori fueron presidentes fuertes que adoptaron iniciativas muy notorias en sus países. Menem privatizó y vendió todas las empresas estatales.

Argentina disfrutó de millones de dólares que le permitieron a su gobierno impulsar obras sociales e inaugurar grandes construcciones. Lo mismo hizo Fujimori. Lo más frustrante para los periodistas que los investigaron y denunciaron es que ellos no queden marcados ni intimidados por su pasado judicial. A Menem le retiraron varios de los cargos que había en su contra. Samper, en Colombia, obtuvo una absolución, y ellos aprovechan esa impunidad para reciclar su imagen pública.

CD. Algunos insisten en que no existe el periodismo de investigación. Postulan que el periodismo es investigación en esencia, empezando desde la necesidad de responder a las cinco preguntas de la pirámide invertida. GR. Todo reportero cumple un proceso investigativo mayor o menor. El periodista investigador, a diferencia del que cubre la cotidianidad, está dedicado a un tema que es de su propia iniciativa y que alguien trata de ocultar. En el periodismo diario la gente quiere dar declaraciones. En el periodismo investigativo la gente no desea hablar. Todo el periodismo es investigación. Lo que lo diferencia de los demás es la profundidad y el tiempo.

CD. Existe alguna estrategia para abordar las investigaciones sobre el narcotráfico.

GR. Cuando revisamos lo que se publica sobre narcotráfico en América Latina confirmamos que no hay periodismo de investigación. No existe una sola publicación que sea una iniciativa del periodista porque es un mundo blindado.

Los periodistas que escriben de narcotráfico están en manos de sus fuentes. Se ven obligados a creer lo que les dicen informantes del narcotráfico, por un lado, y policías que les conviene dar otra versión y, por el otro, agentes del gobierno de Estados Unidos, que tienen también su propia agenda.

En medio de ellos se encuentra el periodista tratando de encontrar la "verdad" más cercana a la realidad. En materia de narcotráfico, lo que se hace es más bien una reportería. La excepción es la revista Zeta, de México, que se ha dedicado a determinar los grados de complicidad del narcotráfico con los políticos, pero confronta los riesgos de tener que depender de las informaciones que entrega la Policía.

CD. En su libro "Los Dueños de América Latina" usted describe la reunión de los hombres más ricos del continente en mayo de 2003 para hablar de la pobreza. ¿A qué le puede temer Carlos Slim, Julio Mario Santo Domingo o Gustavo Cisneros? GR. La pobreza no les produce ganancias a los ricos. La pobreza está desafiando el poder de ellos. Están surgiendo fenómenos como Evo Morales, como Hugo Chávez. La pobreza está fabricando líderes populistas que desafían todo su poder.

CD. Algunos editores alegan que el periodismo de investigación es caro. GR. Los editores deben entender que el periodismo de investigación les da un valor agregado a sus medios, ante la competencia despiadada de la televisión y la Internet.

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