Domingo 23 de septiembre del 2018
 
x

¿Olvidó su contraseña?

Área: Sociedad >> Sociedad
Actualizado el 2005-08-25 a horas: 19:05:17

La ofensiva de la tecnociencia

Roberto A. Follari(Alai).- La academia ha estado en los ?ltimos a?os envuelta en diversas discusiones, que han llevado gran parte de su reservorio de energ?as. Una que sin dudas ha tenido peso es la que se reabri? a partir del c?lebre "affaire Sokal", la cual se dibuj? sobre el eje relativismo/realismo, y tambi?n sobre el de empirismo vs. racionalismo (1). As? se dio lugar a la reaparici?n de la "guerra de las ciencias", que si bien se defini? con m?s fuerza en el capitalismo avanzado, tambi?n encontr? ecos a nivel de las sociedades perif?ricas; la pretensi?n de superioridad de las ciencias f?sico-naturales (las ?nicas que merecen llamarse "sciences" para buena parte del pensamiento saj?n) conllev? la necesaria defensa de parte de las sociales, con lo cual se plante? un amplio rango que en sus extremos conllev? los peligros del monismo reduccionista que todo lo valora en relaci?n con una noci?n estrecha del mal llamado "m?todo cient?fico", y los del facilismo y la falta de rigor, que a veces se presentan como la contrafigura -por cierto que fallida- de ese m?todo supuestamente infalible y universal.

  • Artículos relacionados

Artículos que le pueden interesar

Otra discusi?n cercana a la anterior, pero no totalmente coextensiva con ella, es la que hace a si la ciencia es el ?nico quehacer humano que merece predicarse como racional, si en cambio es la forma m?s alta de una racionalidad que se aplica a otras pr?cticas y productos humanos, o si es una forma m?s de racionalidad entre otras diversas que de hecho existen. Es una discusi?n impensable en tiempos de auge del positivismo, cuando ?ste limit? el significado del lenguaje a aqu?l que pudiera demostrar correspondencia con los hechos, dejando a la gran mayor?a de los enunciados en la categor?a de "nonsense" (2). Pero no en vano los tiempos han pasado; aunque el positivismo en realidad no fue esa mala palabra con que hoy se lo valora, sino el expediente necesario para producir una ruptura fuerte e inequ?voca con las modalidades previas de pensamiento religioso y metaf?sico, sin la cual la ciencia de los siglos XIX y XX no hubiera podido establecerse. Desde ese punto de vista, jug? un decisivo rol hist?rico progresivo. Pero las condiciones contextuales modifican el significado de los discursos, los cuales no adquieren su significado al margen de tales condiciones, sino s?lo en y con ellas; de tal modo, aquella insistencia en sobrevalorar los datos contra la especulaci?n -pero tambi?n contra la teor?a- se fue volviendo anacr?nica. No s?lo el racionalismo mostr? hasta el hartazgo la imposibilidad de la observaci?n pura y la del m?todo inductivo (3), sino la ciencia misma fue -en sus consecuencias indeseables- dejando el rastro de su fuerte matriz antropoc?ntrica, y de su sojuzgamiento de la Naturaleza a los designios del control y el dominio t?cnicos (4). De tal modo, la raz?n cient?fica fue destilando la conciencia de sus propios l?mites; a partir de lo cual no fue dif?cil advertir los de la Raz?n en general, que fue as? fuertemente destronada de sus pedestales a partir de la implantaci?n de hecho de la cultura posmoderna, en los a?os ochentas (5).

A partir de all?, la reivindicaci?n de la diferencia oper? la posibilidad de que diversos sistemas de creencias fuesen aceptados como posibles, de modo que la ciencia apareci? para muchos ya no como la garant?a de conocimiento adecuado u objetivo, sino como una modalidad determinada de enfrentarse con el mundo a partir de ciertos valores, entre otras modalidades posibles. Y desde tal perspectiva, la ciencia no es m?s racional que lo que puedan serlo el arte, las culturas populares, e incluso la religi?n.

En un cierto sentido lo anterior es irrefutable; la objetividad es un valor como ya planteaba Max Weber, y por tanto quien se instala en la ciencia se instala de entrada en un espacio valorativo. En otro sentido es muy problem?tico: la ciencia, a?n con sus limitaciones y supuestos, resulta un factor decisivo en la superaci?n de prejuicios y dogmatismos, los cuales en nuestros pa?ses de capitalismo subalterno se mantienen con fuerza suficiente como para que el auxilio a dichas ciencias siga teniendo una funci?n importante en el debate ideol?gico.

De cualquier modo, existe un deslizamiento en este debate (6): hay quien cree que si la ciencia es un sistema de creencias entre otros, se justifica que en ella pueda imponerse el "todo vale"; algo as? como que ello implicar?a una indistinci?n de su especificidad en relaci?n con otro tipo de discursos y pr?cticas.

Se trata de dos cuestiones diferentes: que la ciencia sea o no un sistema de creencias comparable en validez a otros de los que se sostienen en la sociedad, poco tiene que ver con cu?les son las exigencias para que un enunciado pudiera ser considerado como cient?fico. Pues la validez que se asigne el sistema de creencias, poco dice de cu?les son las caracter?sticas espec?ficas que definen a dicho sistema. Por ejemplo, alguien podr?a sostener que el arte no es un ?mbito que ofrezca conocimiento; pero ello no impide que para que algo sea denominado "arte", tenga que cumplir con ciertos requisitos que no cualquier obra cubre. Siendo as?, la ciencia para ser tal sigue guardando algunas caracter?sticas distintivas; y el hecho de que hace mucho tiempo ya no existan "criterios de demarcaci?n" como se quer?a hasta los a?os cincuentas del siglo pasado (7), de ninguna manera implica que no pueda exigirse de lo cient?fico algunas caracter?sticas que lo diferencien de lo que no lo sea.

Por ahora, diremos que lo cient?fico es met?dico, p?blico -es decir, publicitable-, controlado por l?gica interna, argumentaci?n y empiria, e institucionalizado en espacios especializados. Y si bien es cierto, como dice Laudan, que "no hay propiedades que todas las ciencias, y s?lo ellas, tengan" (8), tambi?n lo es que podemos tomar a estas caracter?sticas en el sentido que Putnam ha asignado a la forma en que se define cualquier clase de objetos: por una serie de caracter?sticas que mayoritariamente comparten quienes pertenecen a dicha clase (9). De tal modo, las ciencias, por ej., se institucionalizan en universidades, y ello es compartido por la mayor?a de ellas y no, por ej., por la Astrolog?a.

Con esa diferenciaci?n, queremos defender que lo cient?fico, considerado o no como sistema de creencias homologable a otros en su valoraci?n, implica en cualquier caso espec?ficas restricciones. Siendo as?, no puede admitirse el debilitamiento conceptual, ideol?gico o metodol?gico (o los tres a la vez), como hoy se est? advirtiendo en buena parte de las ciencias sociales (10); y no puede admitirse a ?ste en nombre de considerar a la ciencia como una creencia m?s. En todo caso, si la ciencia no es una forma de objetividad en el sentido tradicional, es sin dudas una peculiar forma de "objetivaci?n", la cual para obtenerse requiere cumplimiento de requisitos m?nimos (11).

Por otro lado, la epistemolog?a desde Kuhn abandon? su tradicional rol normativo por el cual se pon?a como juez "por afuera y por encima" de las pr?cticas cient?ficas sustantivas, rol por dem?s inadmisible en lo que guardaba de jerarquizaci?n idealista y universalizante. Pero a su vez, la disoluci?n progresiva de la epistemolog?a en la sociolog?a de la ciencia no puede realizarse hasta el l?mite de su mutua identificaci?n en unidad; ello, por la simple raz?n de que sus funciones son diferentes. La sociolog?a de la ciencia cumple en lo epistemol?gico una funci?n auxiliar, pues viene a ser una forma peculiar de respuesta a las preguntas filos?ficas por el valor veritativo del conocimiento cient?fico, su pretendida neutralidad y objetividad, etc. Es decir, es una respuesta sociol?gica a preguntas filos?ficas, por lo que en realidad su valor se sostiene s?lo en la medida en que sea considerada filos?ficamente, a los fines de advertir en qu? medida da respuesta satisfactoria a las preguntas previamente formuladas.

Es por esto que la sociolog?a de la ciencia no puede clausurar las preguntas filos?ficas en respuesta a las cuales ha aparecido en el horizonte de la filosof?a de la ciencia contempor?nea (12). Inevitablemente, la Epistemolog?a seguir? guardando, al margen del an?lisis sociol?gico al cual pudiera apelar, un sesgo que sea normativo, aun cuando ya no se pretenda aprior?stico o universal. Si tal m?nimo de normatividad desapareciera, dejar?a de tener sentido la pregunta misma por la cientificidad de una determinada teor?a cient?fica y -evaporada por completo la frontera diferencial de la ciencia con otro tipo de discursos- ya la Epistemolog?a misma deber?a desaparecer por completo. Pero se advertir?a all? el ocaso del proyecto de la ciencia como "creencia socialmente v?lida" para nuestras sociedades; y si bien ello es posible que se diera en alg?n momento (el Luk?cs joven as? lo cre?a), es de advertir que una sociedad s?lo se hace las preguntas para las cuales tiene preparado su suelo hist?rico. Y desde ese punto de vista, entiendo evidente que la ciencia a?n tiene mucho que aportar en el campo de su relaci?n con la cultura y con las creencias contempor?neas; es decir que, seg?n la noci?n de Marx, no est?n dadas las condiciones para su desaparici?n, pues a?n susbsisten parte de las que produjeron su surgimiento.

Este tipo de discusiones tiene su pertinencia, por eso nos hemos detenido en ellas. Pero no creemos que por all? pase hoy la gran transformaci?n hist?rica. Esta m?s bien ha sido ocluida por problemas como los anteriormente citados, de modo que el avance monumental de la tecnociencia, la imposici?n de la performatividad generalizada, y el impulso pragmatista permeando todos los procesos de producci?n, evaluaci?n y financiamiento de las investigaciones, en buena medida pasa desapercibido. Y mientras los acad?micos discutimos sobre los l?mites de la cientificidad en lo te?rico, ?stos est?n siendo fijados en lo operativo por los bur?cratas de la administraci?n de ciencia, quienes cada vez m?s piden resultados en t?rminos medibles de aplicabilidad inmediata.

La ciencia tecnologizada

Siguiendo en este punto a la primer Escuela de Frankfurt (a nuestro juicio, la que supo sostener un s?lido rechazo hacia el mundo tecnoburocr?tico del capitalismo actual), Habermas en su cl?sico "Conocimiento e inter?s" mostr? a la ciencia -sobre todo a la que trabaja sobre lo f?siconatural- como continua con la tecnolog?a (13). Se?al? que el "inter?s t?cnico" es el que sostiene de modo cuasi-trascendental la investigaci?n en estos ?mbitos, lo cual implica afirmar que aquello que resulta relevante desde el punto de vista de la mirada cient?fica, lo es porque aparece como tal en cuanto a su capacidad para ser t?cnicamente manipulable.

Si bien luego Habermas busc? matizar esa afirmaci?n, nosotros dir?amos que ella se sostiene como v?lida. Aun cuando supongamos cierta ruptura epist?mica entre ciencia y tecnolog?a como de hecho persistiendo, tal parcial ruptura se dar?a al interior de un espacio m?s general de continuidad entre ambas, es decir, de pertenencia en com?n a un criterio que las subtiende a las dos, donde la utilidad es el "a priori" no expl?cito pero operante.

Tal criterio habermasiano estar?a en consonancia -al margen de la enorme diferencia de posiciones filos?ficas m?s generales- con la postura heideggeriana de entender al pensamiento cient?fico como la forma moderna de la metaf?sica, caracterizado por la calculabilidad (14). La modernidad no ser?a aquella que dispone una cierta imagen del mundo, sino m?s bien la que por vez primera pone al mundo como imagen; como algo exterior dispuesto al ser conocido, a los fines de ser manipulado instrumentalmente. Siendo as?, la ciencia es un proyecto enormemente antropoc?ntrico, pues hace del mundo una trasposici?n de las habilidades del hombre para manejarlo; s?lo ese mundo vale la pena de ser tomado en cuenta, medido, calculado. Consecuentemente, la Naturaleza es por completo subordinada a su rendimiento en t?rminos t?cnicos, y la ciencia ser?a la operaci?n por la cual ello se realiza. No cuesta entender, en esta clave, el surgimiento -muy posterior a la interpretaci?n heideggeriana- de la cuesti?n ecol?gica y de defensa ambiental: la ciencia se hizo sin tener en cuenta los l?mites del crecimiento, ni los da?os irreversibles a los recursos naturales.

Sin embargo, por nuestra cuenta sostendremos la existencia de la parcial ruptura entre ciencia y tecnolog?a, aun al interior de aquella l?gica m?s general compartida. La ciencia posee -por v?a de la autorreflexi?n- la capacidad de operar sobre sus propias bases de constituci?n y, desde ese punto de vista, de no ser simplemente continua con lo tecnol?gico, sobre todo a partir de los desarrollos de las disciplinas sociales (las cuales, para Habermas, estaban por fuera del inter?s t?cnico; nosotros no sostendr?amos una posici?n tan taxativa tras la emergencia de la "ingenier?a social", pero sin dudas no reducir?amos la ciencia social a su utilizaci?n t?cnica).

La posici?n bachelardiana quiz?s muestre en el extremo el intento por separar a la ciencia de la aplicaci?n, a los fines de sostenerla en la explicaci?n (15). La primac?a de la teor?a por sobre el dato deja poco espacio a la insistencia tecnocr?tica en los n?meros y cuadros, o al menos subordina estos a la discusi?n conceptual, donde tales n?meros no pueden dar cuenta de s?, sino por v?a de los conceptos que los sostienen.

Frente a las tendencias practicistas del presente, la posici?n de Bachelard constituye de hecho una cierta forma de negaci?n, con sentido pol?tico-ideol?gico que el autor franc?s jam?s hubiera sospechado (16). Mostrar que la ciencia puede interesarse por aquello que est? lejos de lo operativo, que el pensamiento cuanto m?s abstracto es m?s capaz de aferramiento a la teor?a, que no hay continuidad simple entre una explicaci?n acertada y una aplicaci?n eficaz, constituye en el presente una fuente importante de valores para poner freno a la ola tecnocr?tica en crecimiento.

Pero, aunque parezca paradojal, ello se da precisamente porque en los hechos la reducci?n de la ciencia a tecnolog?a es cada vez m?s generalizada y operante. A nivel de principios epistemol?gicos, ciencia y tecnolog?a muestran su no plena homogeneidad; a nivel de financiamiento y criterios de control y evaluaci?n de los investigadores, cada vez m?s la performatividad generalizada se lleva por delante cualquier noci?n de autonom?a del trabajo cient?fico, o de pensamiento que no tenga utilidad calculable.

De tal modo, la profec?a frankfurtiana de una sociedad cada vez m?s instrumentalizada, menos capaz de pensar los fines, m?s automatizada en cuanto a reproducir las relaciones sociales existentes, se est? cumpliendo a pie juntillas. El surgimiento mismo de la noci?n de tecnociencia (17) muestra la tendencial fusi?n de la ciencia con el campo de su aplicabilidad; espacios que en su momento estuvieron fuertemente diferenciados, como ocurr?a para los griegos, que pon?an a la ciencia en un papel superior, y dejaban a la t?cnica por debajo en cuanto a lo valorativo, privada a la vez de apoyo conceptual (18).

Seg?n los criterios utilitaristas hoy en boga, cient?ficos como Einstein o G?edel no hubieran sido considerados valiosos, ni tampoco hubieran merecido financiamiento (19). Se les hubiera preguntado para qu? iban a servir sus indagaciones, cu?ndo tendr?an seguridades sobre dicha aplicabilidad, qu? c?lculos econ?micos pod?an hacerse sobre la utilidad de su trabajo. La noci?n de "financiamiento alternativo" por la cual se supone que el cient?fico es una especie de vendedor ambulante que tiene que conseguir "sponsors", los cuales obviamente se consiguen acorde a la medida en que la investigaci?n sea ?til a tales financiadores, no especialmente benevolentes ni desinteresados; o la de "transferencia", que cuando se la entiende en sentido restringido implica usuarios inmediatos y prescritos de los resultados de la investigaci?n, van limitando desde los inicios la pesquisa a un estrecho horizonte de usos posibles y predeterminados, que impiden a su vez los trabajos de largo aliento y alta abstracci?n, que pudieran desembarazarse de la inmediatez.

Otro de los fetiches permanentemente presentes es hoy el de la interdisciplina (20), habitualmente planteada de manera a-problem?tica, como si fuera a la vez ideol?gicamente progresista, y conceptualmente superadora. Por cierto que lo interdisciplinar tiene funciones decisivas que ocupar tanto en lo te?rico como en lo operativo (desde investigaciones de punta sobre temas como la noci?n de sistema, de estructura o de actor, a cuestiones como la planificaci?n urbana, o la de la salud colectiva); pero no puede confundirse con una confusa anti-disciplina, con la idea de que todo lo interdisciplinar es siempre mejor, o con la simple yuxtaposici?n de profesionales de diferentes or?genes cient?ficos como supuesto logro.

Lo cierto es que en buena medida lo interdisciplinar encuentra auge a partir de las nociones proempresariales sobre el conocimiento, esas que buscan reducirlo a servicios a la producci?n, es decir, a los due?os de los medios de producci?n. De tal manera, el conocimiento se resiente en su parte epist?mica, siendo cada vez m?s reducido a la pura aplicabilidad en resoluci?n de problemas, y a su capacidad de rendimiento dentro de esa posibilidad de resoluci?n. La interdisciplina aparece necesaria en dicha aplicaci?n del conocimiento a la resoluci?n de problemas. De tal modo, la interdisciplina no opera como una cr?tica epistemol?gica de las limitaciones disciplinares, sino como uno de los brazos conceptuales de la apropiaci?n privatista del conocimiento por los que creen que no se requiere m?s conocimiento que aqu?l que sirva a aumentar sus ganancias.

No estamos negando que la ciencia deba tener m?s uso social, y que ?ste deba ser un aspecto a tener en cuenta para re-legitimar ante la sociedad a las universidades y los centros de investigaci?n. De ninguna manera se trata de reivindicar una ciencia cerrada sobre s? misma. Se trata, en cambio, de pensar en una forma diferente de relacionarse con la sociedad, que no transfigure a la ciencia en pura tecnolog?a, y piense la relaci?n ciencia-sociedad de una manera m?ltiple y compleja. Es decir: la tecnolog?a puede servir y de hecho sirve socialmente (pero para ello habr?a que evitar que sirva s?lo a los grandes empresarios), pero tambi?n son ?tiles todas aquellas ?reas que est?n siendo abandonadas en aras de la primac?a unilateral de lo t?cnico, tales como las Humanidades, las Ciencias B?sicas, la teor?a y la cr?tica en las ciencias sociales.

El servicio a la sociedad no est? ligado a la inmediatez, sino a la calidad cognitiva y a la perspectiva ideol?gica con que se realicen las tareas de investigaci?n. Los trabajos cr?ticos no suelen dar soluciones pr?ximas, pero ofrecen las bases para la discusi?n de los problemas, y su debate de largo plazo en un entendimiento m?s maduro y racionalizado. Las Humanidades ofrecen nociones axiol?gicas imprescindibles para la vida en sociedad, y para evitar el vaciamiento de sentido propio de la ?poca tecnologizada; de tal modo, su necesidad es imperiosa, a pesar de que ellas est?n en las ant?podas del rendimiento pragm?tico. La teor?a social permite a la sociedad autopensarse, y buscar caminos que no sean las de la sola repetici?n a la hora de enfrentar dramas sociales nuevos, por ej. en la actualidad la cuesti?n de la violencia delictiva y escolar, el tr?fico y el consumo de drogas (dos fen?menos muy diferentes entre s?, pero articulados), etc.

De modo que coincidimos con autores que reivindican una "ciencia con la gente", para los casos de temas aplicativos, por ej. lo ambiental, lo urban?stico, o la salud (21); pero advertimos que no todos los temas permiten intervenciones de usuarios, como sucede en estos. Tambi?n compartimos la noci?n de De Sousa Santos cuando ?ste se?ala que la Universidad est? deslegitimada por su falta de atenci?n a lo social (22), y que debe encontrar formas de poner la ciencia a un servicio definido de resoluci?n de necesidades sociales. Sin embargo, creemos que este autor deja poco espacio a aquello en que la ciencia no pueda tener aplicabilidad tangible, de modo que de alguna manera produce una inversi?n de los usuarios (ahora, las clases sociales desfavorecidas), pero mantiene el eje de la aplicabilidad como el ?nico que valida a la ciencia contempor?nea.

M?s aplicaci?n a lo social entonces, pero mantenimiento a la vez de atenci?n a la ciencia b?sica, como ?nico modo de garantizar que exista alg?n conocimiento para aplicar, y no se trate de aplicaci?n de la obviedad o del sentido com?n. Acentos en los usos sociales, pero sin detrimento de la investigaci?n a mediano plazo sin aplicaci?n inmediata, de modo que tales usos sociales no sean un horizonte que impida pensar con libertad y sin coacciones inmediatistas.

Por supuesto, esto es lo que queremos, pero no aquello que hoy encontramos. La insistencia en los criterios cuantitativos de evaluaci?n, y el economicismo en muchas de las convocatorias para financiar investigaciones, dejan poca esperanza a quienes queremos salvar a la ciencia de su reducci?n a tecnociencia. Por el contrario, los criterios de autores como M.Gibbons (22), que suponen que hay una nueva forma de producci?n de conocimiento que articula a la Universidad con la empresa y que ha reemplazado a la ciencia tradicional, parecen imponerse con el peso que la innovaci?n tecnol?gica tiene dentro de la competitividad econ?mica contempor?nea.

No se puede ignorar ese peso econ?mico; pero el conocimiento cient?fico no se limita a esa funci?n de precipitador de avances tecnol?gicos. Es tambi?n base de servicio social, autorreflexi?n colectiva, explicaci?n de inc?gnitas intelectuales. Y no puede razonablemente renunciar a ninguna de estas funciones que le est?n asociadas, sin mengua sensible para la sociedad en su conjunto.

No se escuchan demasiadas voces entre los cient?ficos, sin embargo. Nuestra forma social de organizaci?n institucional, por la cual actuamos aislados y en mutua y callada competencia, ayuda a que cada uno soporte la cada vez mayor tensi?n institucional como una especie de fatalidad a la cual cabe eludir cuanto se pueda, como si se tratara de un mal adventicio y pasajero, que nos quitaremos de encima con apenas disimularlo.

Esa es, sin dudas, una err?nea percepci?n de la cuesti?n. Se trata de un movimiento epocal y generalizado, que est? disminuyendo al l?mite la autonom?a del trabajo intelectual, y reduciendo el pensamiento a la inmediatez de lo que sirva-ya-mismo. Se est? afectando la calidad propiamente te?rica de la producci?n en investigaci?n, y a largo plazo de la formaci?n de los nuevos cient?ficos; y se est? dando muerte al pensamiento que no muestre trazas de utilidad visible y mensurable (en t?rminos que, adem?s, no son los que los cient?ficos podamos establecer por nosotros mismos). La situaci?n clama por su evidencia e intensidad, y fuerte es el silencio de los investigadores ante la cuesti?n. Ojal? tengamos la capacidad para reaccionar a tiempo, antes de que los criterios externamente impuestos nos remitan a la supuesta inanidad de nuestro propio trabajo, pues estar?amos condenados por ser anticuados; por pretender, todav?a, que la ciencia est? ligada no simplemente al hacer, sino al pensar las condiciones de lo que se hace.

Notas y referencias

(1)Acerca del "affaire Sokal", puede profundizarse la posici?n de quien lo produjera en el libro de Sokal, A. y Bricmont, J.: Imposturas intelectuales, Paid?s, Barcelona, 1999; una cierta discusi?n al respecto, aun cuando cercana a las posturas de estos autores y que incluye al mismo Bricmont, en Bricmont, J. y otros: La impostura intelectual, Universitat de Valencia, 1999. Hemos sostenido un punto de vista cr?tico sobre Sokal en nuestro art?culo "Alan Sokal: la insuficiencia de pruebas", en Follari, R.: Epistemolog?a y sociedad (acerca del debate contempor?neo), Homo Sapiens, Rosario, a?o 2000. Sobre la "guerra de las ciencias" hay muchas observaciones en el libro de Boaventura de Sousa Santos Conhecimento prudente para uma vida decente, Afrontamento, Porto, 2004.-

(3)Es sabido que el empirismo ubic? al lenguaje no-referencial como pseudo-lenguaje. Ver por ej. D.Lecourt: El orden y los juegos. Ed. de la Flor, Bs.Aires.

(4)Las obras de Bachelard dentro de la tradici?n centroeuropea, y Popper dentro de la de la filosof?a de la ciencia sajona, son centrales al respecto.

(5)Ver por ej. Lyotard, J.: La condizione posmoderna, Feltrinelli, Milano, 1981; Vattimo, G.: El fin de la modernidad, Gedisa, Barcelona, 1987; tambi?n nuestra interpretaci?n en Follari, R.: Modernidad y posmodernidad: una ?ptica desde Am?rica Latina, Aique/Rei/IDEAS, Bs.Aires, 1980, especialmente pp. 66 a 92.-

(6)Lo desarrollamos en nuestro libro Epistemolog?a y sociedad, op.cit., sobre todo pp. 50 a 62.-

(7)Como se planteara en el neopositivismo y el popperianismo. P.ej., Chalmers, A.: ?Qu? es esa cosa llamada ciencia?, Siglo XXI, Bs.Aires, 1988, su cap?tulo sobre "el inductivismo ingenuo"; Magee, B.: Popper., Grijalbo, Barcelona, 1974

(8)Laudan, L.: El progreso y sus problemas, edit. Encuentro, Madrid, 1986

(9)Putnam, H.: ?Es posible la sem?ntica?, Cuad. de Cr?tica n?m. 21, UNAM, M?xico, 1983

(10)A ello aludimos en nuestro libro Teor?as D?biles (para una cr?tica de la deconstrucci?n y de los estudios culturales), Homo Sapiens, Rosario, 2003

(11)Habermas, J.: Conocimiento e inter?s, Taurus, Madrid, 1982

(12)Esa sociolog?a de la ciencia se expresa en el "programa fuerte" de Barnes y Bloor, y tambi?n en los "estudios de laboratorio" de Woogar y Latour. Ver p.ej. Barnes, B.: T.S.Kuhn y las ciencias sociales, Fondo de Cult. Econ?mica, M?xico, 1986; una versi?n latinoamericana que aplica estas posiciones en Prego, C.: Las bases sociales del conocimiento cient?fico (la revoluci?n cognitiva en sociolog?a de la ciencia), Centro Editor de A.Latina, Bs.Aires, 1992

(13)Habermas, J.: Conocimiento e inter?s, op.cit.

(14)Heidegger, M.: "La ?poca de la imagen del mundo", en M.Heidegger: Sendas perdidas, ed. Losada, Bs.Aires.

(15)El racionalismo acompa?a toda la obra de Bachelard, aun cuando ?l deje espacio a la rectificaci?n de las conjeturas te?ricas por lo emp?rico. P.ej., Bachelard, G.: El racionalismo aplicado, Siglo XXI, M?xico, 1980

(16)Bachelard trabaj? s?lo sobre ciencias f?sico-naturales y no sobre las sociales, a la vez que evit? toda referencia en su obra a cuestiones relativas a la ideolog?a. Sin embargo, luego L.Atthusser lo aplic? -no sin modificaciones propias- al an?lisis del marxismo, como su justificaci?n epistemol?gica. Ello dio lugar a un debate sobre el materialismo que pudiera adscribirse o no a la obra de Bachelard, del cual participaron, p.ej., D.Lecourt: Para una cr?tica de la epistemolog?a, Cuad. Anagrama, Barcelona; y M.Vad?e: Bachelard o el nuevo idealismo epistemol?gico, Pre-textos, Valencia, 1977

(17)Sobre la noci?n de tecnociencia y sus relaciones con versiones mercadocr?ticas, puede leerse Barbosa de Oliveira, M.: "Desmercantilizar a tecnociencia", en B. de Sousa Santos: Conhecimento prudente para uma vida decente, op.cit., p.241 y ss.; una cr?tica mordaz a la cuesti?n de la aplicaci?n y el burocratismo en la ciencia en Cereijido, M.: El doctor Marcelino Cereijido y sus patra?as, Ed. del Zorzal-Conacyt, Bs.Aires, 2004

(18)Koyr?, A.: "Los fil?sofos y la m?quina", en A.Koyr?: Pensar la ciencia, Paid?s/I.C.E./U.A.B., Barcelona, 1994, sobre todo pp. 72-73

(19)El desinter?s por la inmediatez aplicativa puede advertirse en los m?ltiples escritos de Einstein recopilados por Holton, G.: Ensayos sobre el pensamiento cient?fico en la ?poca de Einstein, Alianza ed., Madrid, 1988

(20)Hemos trabajado el tema en nuestro libro Interdisciplinariedad (los avatares de la ideolog?a), UAM-Azcapotzalco, M?xico, 1982; luego hemos realizado diversos escritos en la misma tesitura cr?tica hacia la utilizaci?n banalizada de ese concepto; el ?ltimo se denomina "La interdisciplina revisitada", presentado a jornadas de investigaci?n de la Fac. de Cs. Sociales de la Univ. Nacional de San Juan, mayo de 2005.-

(21)Funtowics, C. y otros: Ciencia con la gente, Centro editor de Am?rica Latina, Bs.Aires; la posici?n de B. de Sousa Santos en su A universidade no seculo XXI, Cortez ed., Sao Paulo, 2004

(22)Gibbons, M. et al.: La nueva producci?n del conocimiento, Barcelona, Pomares-Corregidor, 1997

Volver atrás
Enviar el artículo por E-mail
close



11 * 2 = echchange

Con el uso de ese servicio Ud. acepta:
Su dirección E-Mail y la del destinatario serán utilizados sólo para avisar al destinatario sobre el envío. Para evitar el mal uso del servicio, Bolpress registrará el IP del emisor del mensaje.

Compartir el artículo en Facebook Versión para mprimir
+ Restaurar tamaño del texto -
Mas informacion
Uhr 23

min.

... a fondo

La influencia histórica de la convicción patriótica

Eduardo Paz Rada

La historia de la sociedad boliviana ha estado marcada por la dinámica y las contradicciones de las relaciones con las potencias capitalistas mundiales en torno a la explotación de los recursos naturales acompañada con la dominación política e ideológica sobre el conjunto de América Latina. En este contexto, los estudios, aportes y (...) :: Más detalles

Otros artículos de análisis

El gobierno de Evo Morales acelera el montaje de la planta nuclear

AnaliaPandoCabildeo

¿Por qué el gobierno de Evo Morales quiere gastar más de 2 mil millones de dólares en la construcción de (...)

Elites económicas y decadencia sistémica

Jorge Beinstein

A raíz de la llegada Mauricio Macri a la presidencia se desató en algunos círculos académicos argentinos la (...)

El gobierno del MAS se hunde en un mar de mentiras

AmaliaPandoCabildeo

El gobierno del MAS ha perdido tres elecciones consecutivas desde 2014 porque las grandes mayorías, sobre todo urbanas, ya no creen (...)

Quintana tiene el hábito de desviar fondos públicos y de impartir “línea” a los periodistas

Wilson García Mérida

La difusión de un audio que registra una reunión “de trabajo” entre el ministro de la Presidencia Juan (...)

la frase

Álvaro García ha leído pocos libros Cita a Hegel pero leyó citas de citas nada más Por eso carece de espíritu humanista y sufre acomplejamiento social e intelectual

Wálter Chávez, ex asesor del MAS

¿Cuál es el principal desafío del nuevo gobierno

  • Seguridad ciudadana
  • Lucha contra el narcotráfico
  • Industrialización
  • Empleo y educación
  • Otros

Encuesta vigente desde el 13-10-2014

Encuesta anterior:

Por quién votará en las elecciones de 2014