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Área: Opinión >> Comentarios y enfoque
Actualizado el 2005-03-31 a horas: 05:05:15

El país del NO

Alfonso Gumucio D.

Este título ya lo han usado otros, quizás yo mismo. Mariano Baptista tiene incluso un libro sobre el tema: "El País Tranca". El NO define cada vez más lo que somos los bolivianos, o demasiados bolivianos: negativos. Sin ayuda de nadie, promovemos un sentimiento colectivo negativo en nuestra sociedad. Hacemos todo lo posible para estancarnos.

Alfonso Gumucio Dagron

Alfonso Gumucio Dagron

Escritor, cineasta, periodista, fotógrafo y especialista en comunicación para el desarrollo. Ha trabajado en programas de comunicación para el cambio social en África, Asia, América Latina y el Caribe, con agencias de Naciones Unidas, con fundaciones internacionales y ONGs.

Fue miembro de la redacción del Semanario "Aquí" y ha publicado en un centenar de diarios y revistas de Bolivia, América Latina, Europa, Norteamérica, África y Asia. Dirigió películas documentales en varios países. Es Coordinador del Grupo Temático de Comunicación para el Cambio Social en la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC).

Ha publicado más de veinte libros de poesía, narrativa, testimonio, y estudios sobre literatura, cine y comunicación, entre ellos: Historia del Cine Boliviano (1982); Cine, Censura y Exilio en América Latina (1979); Luis Espinal y el Cine (1986); Las Radios Mineras de Bolivia (1989) en colaboración con Lupe Cajías; Comunicación Alternativa y Cambio Social (1990); La Máscara del Gorila (1982) Premio del Instituto Nacional de Bellas Artes de México; Haciendo Olas: Comunicación Participativa para el Cambio Social (2001), Antología de Comunicación para el Cambio Social (2008).

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En el lenguaje cotidiano el NO se ha infiltrado de una manera sintomática. "¿No quieres, no?" decimos en Bolivia para ofrecer algo. "¿No vamos a ir?", para salir a alguna parte. El NO nos define de cuerpo entero.

Acabo de leer una crónica del partido de fútbol entre Bolivia y Venezuela, que Bolivia ganó 3-1 en cancha propia, en La Paz, con ayuda de un auto-gol venezolano. La crónica dice que los espectadores paceños, en lugar de alentar a los jugadores -aunque Bolivia iba ganando el partido- se dedicaban a insultarlos. Típica actitud mezquina y negativa, que no he visto en ninguna parte del mundo.

Otro ejemplo: Bolivia siempre sale en los peores lugares en el "índice de corrupción" que anualmente establece Transparencia Internacional. Esta organización no mide en realidad la corrupción, sino las percepciones de la gente sobre la corrupción. Es decir, pregunta a los ciudadanos de cada país, si creen que en su país hay mucha o poca corrupción institucional. Bolivia siempre aparece como uno de los países más corruptos, porque los bolivianos no dudan en decir que su país es el más corrupto. Mientras tanto, otros países conocidos por ser más corruptos que el nuestro o similares, aparecen mejor calificados porque sus ciudadanos no tienen una visión tan negativa, y sienten un mayor orgullo por su nación.

En el país del NO, tenemos esas dos letras en la punta de los labios todo el tiempo. Nos oponemos a todo. Un amigo mío decía que cada ciudadano boliviano es un partido político? con crisis interna. Cuando los bolivianos que vivimos en el exterior regresamos a Bolivia, todo es queja y lamento. Los que cultivan el NO son, además, plañideros y llorones. Da gusto encontrarse con algunas excepciones, gente positiva que a pesar de las dificultades trabaja, progresa y aporta al país, sin esperar que el Estado ?de por sí débil y carente de recursos- le solucione todos sus problemas. Los bolivianos son campeones para exigir, pero se hacen los suecos cuando tienen que contribuir (con soluciones, con trabajo, o con impuestos).

Mientras otras naciones se construyen sobre la base del esfuerzo y la productividad, en Bolivia queremos progresar sobre la base del paternalismo del Estado y la tutela de la ayuda internacional. Pero gritamos contra la intervención extranjera todos los días. Deberíamos aprender del Congo? Hace pocas semanas las organizaciones humanitarias que trabajan en el Congo empezaron a recibir un extraño pedido de varios sectores de la población: "no queremos más ayuda internacional; en cambio, queremos más seguridad para vivir y trabajar". En Bolivia no tenemos problemas muy serios de seguridad (guerra, genocidio, etc.) pero extendemos la mano para recibir limosna cada mes, aunque estamos sentados sobre la segunda reserva de gas más importante de América del Sur. Y esperamos sentados? Nuestra productividad, según las estadísticas, es una de las más bajas del mundo. No es cierto que trabajamos de sol a sol. Puede que algunos lo hagan, pero en general, como país, estamos parados.

Leo en estos días que a pesar de los esfuerzos para relanzar e turismo como fuente de ingresos, todos los días se cierran más la puertas. Las operadoras de turismo internacionales borran a Bolivia de su lista. Es un país que no vale la pena el riesgo. Europeos o norteamericanos hacen sus reservas con seis o diez meses de anticipación para aprovechar sus vacaciones anuales. ¿Qué motivación pueden tener para llegar al Salar de Uyuni o a Potosí, o tomar el circuito de las misiones jesuíticas, cuando saben que en cualquier momento, de un día para otro, el NO se ocupará de paralizar el país y detener el tráfico en nuestras carreteras?

En Bolivia sería imposible una campaña como la que lleva adelante el gobierno de Lula, en Brasil. El eje de la campaña es el lema: "Lo mejor del Brasil es el brasilero". Es una campaña que tiene como fundamento la auto-estima. Nosotros, los negativos, a veces nos burlamos de los brasileños porque todo en Brasil es "O mais grande do mundo". En el Brasil hay muchos problemas y Lula no está pudiendo solucionarlos, pero el espíritu de la gente es diferente, positivo. Lo cierto es que esa percepción de sí mismos los hace grandes y poderosos, seguros de su futuro y orgullosos de su nación. Mientras que nuestra percepción negativa de nosotros mismos, nos hace cada vez más pequeños y más mezquinos, primero con nosotros mismos, y luego con todos los demás.

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