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Área: Internacional >> Latinoamérica
Actualizado el 2005-02-16 a horas: 17:10:57

Paraguay: Duarte no logra "vender" su reelección

Redacción Bolpress

Federico Tatter Nos encontramos a casi a dos años (40 por ciento desde la fecha de las elecciones generales del 27 de abril de 2003) de acceso al "poder real" de la República del Paraguay de Duarte Frutos. Entendemos como real, la suma de todos los mandos y compromisos, desde la conducción sólida de un reunificado y fortalecido partido colorado, hasta el ejercicio pleno de la primera magistratura. También es necesario incluir el control sobre los demás órganos constitucionales como la Corte Suprema de Justicia, Consejo de la Magistratura, Fiscalía General del Estado, ambas cámaras del Parlamento Nacional, sin dejar de "vigilar estrechamente" las principales gobernaciones y municipios del país. Aún así, y por razones específicas de su propio estilo de gestión, el ex periodista y recientemente hacendado Nicanor Duarte Frutos, ve esfumarse la posibilidad concreta de aspirar a una reelección en el año 2008, al no poder "posicionar mediáticamente" la necesidad de la reforma constitucional que habilite tal posibilidad.

Federico Tatter

Nos encontramos a casi a dos años (40 por ciento desde la fecha de las elecciones generales del 27 de abril de 2003) de acceso al "poder real" de la República del Paraguay de Duarte Frutos. Entendemos como real, la suma de todos los mandos y compromisos, desde la conducción sólida de un reunificado y fortalecido partido colorado, hasta el ejercicio pleno de la primera magistratura. También es necesario incluir el control sobre los demás órganos constitucionales como la Corte Suprema de Justicia, Consejo de la Magistratura, Fiscalía General del Estado, ambas cámaras del Parlamento Nacional, sin dejar de "vigilar estrechamente" las principales gobernaciones y municipios del país. Aún así, y por razones específicas de su propio estilo de gestión, el ex periodista y recientemente hacendado Nicanor Duarte Frutos, ve esfumarse la posibilidad concreta de aspirar a una reelección en el año 2008, al no poder "posicionar mediáticamente" la necesidad de la reforma constitucional que habilite tal posibilidad.

El tiempo pasa, la dificultades del ejercicio del gobierno crecen en forma agobiante y no le brindan un espacio de tranquilidad para "vender la reelección" a las demás fuerzas políticas vernáculas con presencia parlamentaria, ni siquiera a cambio de permitir, luego de décadas de oposición colorada, el voto de los paraguayos y paraguayas en el exterior, la eliminación de las listas bloqueadas y la segunda vuelta electoral. En principio porque el voto del exterior ya no sería desequilibrante por la creciente presencia de adherentes al nuevo partido UNACE (colorados oviedistas) en el extranjero, las listas desbloqueadas podrían beneficiar a todos por igual, y en el caso del "ballotage", el partido de gobierno puede continuar respaldándose en la aplastante ventaja que obtiene con la utilización (ilegal pero impune) de los bienes y fondos públicos, sin dejar de contemplar que, en última instancia, el partido-estado, por estrictas razones de "supervivencia mutua en la administración pública" podría obtener el apoyo de los recientemente colorados escindidos.

Peor es la situación en el exterior, donde el gobierno paraguayo antes que ganar espacio y presencia internacional, hoy estaría encaminando a la nación en su conjunto hacia uno los más delicados momentos de alislamiento político y diplomático, sin un rumbo definido en un Mercosur, en su totalidad con gobiernos progresistas, sin lazos hacia los países andinos en expansión hacia el Asia-pacífico, con una presencia anodina, errática y conservadora en los foros internacionales, y con relaciones innecesariamente "carnales" con una ignota isla de nulo valor político y económico, tan aislado como el Paraguay, cuya vida independiente tiene los días contados, no es reconocido por el pleno de las Nacionaes Unidas, aunque sí "muy conocido" por su historial de utilizar sin escrúpulos la "diplomacia de la chequera".

No reviste la más mínima seriedad vender en el exterior ningún proyecto que tan siquiera huela a reeleccionista, cuando Brasil, Chile, Argentina, Venezuela y Cuba firman multimillonarios acuerdos comerciales y de inversión productiva con la República Popular China, motor indiscutido de la economía mundial, mientras la cancillería nacional insiste en las vergonzantes "donaciones taiwanesas" o tantito peor, se va a rezar de rodillas al Congreso norteamericano. Ni hablar del tipo y calidad de alianza estratégica recientemente firmados entre países con vocación claramente latinoamericana, soberana y desarrollista como Venezuela y Brasil.

Pero a nivel interno, y para terminar de empeorar, los sondeos y proyecciones publicados no ayudan, los índices razonables de "percepción de credibilidad" de la administración colorada en general y en especial de la figura de Nicanor Duarte Frutos se desvanecen día a día, al ritmo del degradante desfile de los escándalos que protagoniza casi sin excepción una administración que no conoce ni le interesa respetar dónde termina la ambición privada y dónde empieza el servicio público, dónde se deja de cumplir con la solidaridad para ingresar al proselitismo. A tal punto está cayendo la confianza en el gobierno y en el propio sistema, que hoy quizás, la base de sustención "no aguante" para llegar a un final de administración más o menos honorable que ahorre a sus responsables el pasarse la vida en los estrados judiciales, y sobre todo donde no es negociable: que no perjudique más de la cuenta, la suerte del centenario partido-estado que ya se está preparando para "mantener" su caudal y cuota en las cercanas municipales del 2006.

La reelección no es una recomendación de manual de los descendientes de Maquiavelo, pero no pocos observadores señalan que varios teóricos de la "campaña permanente" han logrado en la década de los noventa calentar los oídos con cierto éxito a diversos equipos políticos en el poder, desde Menem en Argentina, Fujimori en Perú, hasta Fernando Enrique Cardozo, aunque sin hacerse cargo de las posibles consecuencias, con sociedades balcanizadas, sumidas en la pobreza y la exclusión social, cuando no la privatización salvaje o el franco retroceso autoritario.

Hoy, la campaña permanente, vendida en su momento como una panacea para políticos inescrupulosos fuera de época, es una de las herramientas más cuestionadas del marketing político, por el tipo de engendros que ha producido y por la prolongada permanencia en el poder sin alternancia democrática, la desmedida utilización de fondos públicos en imagen antes que en inversión social, la discrecionalidad que ha alentado en el ejercicio del poder, y que terminó casi siempre en burbujas virtuales que cuando han explotado, lo han hecho muy mal.

Y ya ni siquiera son creíbles los justificativos del escaso tiempo para concretar proyectos y programas de alcance estratégico, del excesivo y permanente electoralismo entre municipales, nacionales, internas y generales, de una más holgada y tranquila gobernabilidad, puesto que detrás de la propagandización masiva de planes y programas que van más allá de los plazos constitucionales, y en este caso con el sello implícito de la "reelección", toda la publicidad se torna en exceso populista, y traza como objetivo demagógico lo irrealizable, tales como "desarrollo en el 2011", "igualdad en el 2015", "prosperidad en el 2020".

La campaña permanente, es filosófica y conceptualmente antidemocrática, y promueve a los postres el emborrachamiento en el poder en detrimento de la estabilidad misma del sistema, puesto que propone la implementación de campañas de gobierno y reelección "en paralelo" desde el inicio mismo del primer mandato, solventadas desde las arcas públicas con profusa publicidad estatal y paraestatal, con el beneficio ilegal y excluyente para quienes las impulsan, amén de una importante "reducción unilateral de costos" de todas las posteriores campañas electorales.

La oferta es grande y tentadora, pero en todos los países donde se implantó la reelección, ha sido siempre en detrimento de la calidad democrática con posteriores y severas secuelas de una mayor división de la sociedad en su conjunto.

Los vendedores de la reelección a través de la "campaña permanente" de gobierno, siempre han ido más allá de las fronteras legales y los trucos impositivos, puesto que toda campaña de gobierno que lleve "montada sobre sí" una otra campaña de reelección, la paga por completo el contribuyente, por ende también la solventan todos los actores económicos y sociales, en especial aquellos más expuestos a la presión tributaria o tienen menor capacidad de "cabildeo". En definitiva, la solventan quienes estén a favor y quienes estén en contra, se promueven ventajas desleales y tramposas, imposibles de igualar por las demás fuerzas políticas, burlando finalmente todas las reglas del juego democrático.

Y fundamentalmente, se tuercen y desvirtúan los roles de contralor y fiscalizador de todos los órganos de defensa de la sociedad, incluidos los medios de comunicación, en principio componentes "íntegros" de la cadena de responsabilidad democrática, pero que van perdiendo tal cualidad a medida que, a veces parcial, aislada y esporádicamente, a veces desde la cabeza hasta los pies, se van "entregando" a proyectos de abuso antidemocrático del poder. El subsidio de la publicidad estatal entra primero como "gozoso ablande", luego vienen la complicidad en licitaciones, sean obras públicas, importación de combustibles, reservas de mercado, de aire, de frecuencias, impresión de libros, y que pueden llevar incluso a las garantías de la impunidad más abierta para operar a través de las aduanas y las fronteras en el inconfesable y muy diversificado comercio delictual.

La metamorfosis opera tornándolos marionetas al mismo tiempo que vehículos de manipulación, de desinformación, de tergiversación, de propaganda lisa llana. Y como se han dejado descubrir actualmente, aunque sólo sea un botoncito de muestra de todo lo que en su seno pueden llegar a cobijar, en abiertos medios de la difamación, la extorsión y el soborno al servicio de los peores intereses que esta República podría tolerar.

Pero, por si aún teníamos dudas, por si no nos imaginábamos todo lo que un proyecto reeleccionista podría traer consigo, por si creíamos que ya nada peor nos podría pasar, por si considerábamos que nuestra capacidad de asombro habría llegado al límite, es justo y prudente reconocer aquí y ahora, que aún no hemos visto nada.

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