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Área: Opinión >> Comentarios y enfoque
Actualizado el 2004-06-07 a horas: 12:24:21

La intelectualidad contestataria y su tesis de "la papa caliente"

La intelectualidad contestataria y su tesis de "la papa caliente" La honestidad intelectual ha huido junto con el valor para decir la verdad. Los ha sustituido el amor por una "objetividad" que sabemos no existe, pero que nos permite acogernos al silencio y mantener incólume la imagen incuestionable del analista. El momento histórico demanda de gente capaz de asumir lo que sabe y de decirlo, no de intelectuales a prueba de todo, a los que la verdad les quema las manos y no llega jamás a su boca.

Erick Fajardo

Es periodista, reside en Cochabamba.

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La intelectualidad contestataria y su tesis de "la papa caliente".

Erick Fajardo Pozo

Salvo que el pueblo decida otra cosa, el gobierno de Mesa tiene las horas contadas.

El gobierno de Carlos Mesa podría no llegar al día del Referéndum, salvo que ocho millones de bolivianos anónimos, en su legítima expresión política, consideren y exterioricen que Mesa es aún "el menor de los males" entre diez aún posibles y peores epidemias políticas.

Mesa ha sido sentenciado y aunque se le imputan un par de expresiones públicas internacionales, delirantes de soberanía, su verdadero delito fue el affaire que sostiene con una reforma estatal, que jamás ha llegado a ser un compromiso con la izquierda y el socialismo, pero que así de tibia ya es una amenaza sin precedentes para una lógica de poder y privilegios de casta, clase y séculum que se remonta cinco siglos atrás. Sin importar si será vía golpe constitucional, destitución popular, renuncia forzada o revocatoria de Referéndum, este gobierno ha hecho poco, pero suficiente para que el dolor de los intereses afectados llegue hasta la raíz del nervio; hasta Washington y el Banco Mundial, que han dictaminado su caída.

Hace meses que Pedro Godoy, disidente del PS y profesor del Cedech, escribe desde Chile para advertir las razones históricas tras el fracaso del socialismo de Allende e identificar a los verdaderos artífices de la compulsa derechista: "La izquierda radical en el PC chileno", dice.

Él advierte la sintomática reproducción de un ciclo histórico ya acaecido en la década de 1970; un proceso de desgaste del sistema capitalista que efectiviza nuevamente las condiciones para un empoderamiento de la izquierda continental. Pero también señala la recurrente y cancerígena sintomatología de la ortodoxia marxista, que se reproduce en el tejido más fértil del movimiento social y - cual hiciera el 70 - empieza a contaminar a la izquierda con una radicalidad absurda y "per se", que la enemistó antes y que la enemistará ahora con el sustrato base para cualquier insurgencia popular efectiva: La clase media.

Godoy escribe solitario y exiliado por la misma izquierda a la que denuncia. Escribe contra el exitismo patriotero de Chile y su absurda política regional de aislamiento vía enseñoreamiento y favores del libre mercado. Pero también escribe contra el aún más absurdo exitismo boliviano y el mitema heroico que improvisados literatos oceanofílicos bolivianos explotan para inspirar la descabellada idea de que la causa marítima, la causa antiliberal y la causa de la nación americana se definirán en las calles. Analistas atrapados entre el ethos marxista y la prebenda neoliberal, pregonando guerra al imperio y recuperación del mar "de facto", nunca sabremos qué les impele a empujar el sueño de 30 años otra vez al fracaso.

Jaime Solares se ha convertido en "il duce" de un nacional-socialismo tardío, que persigue con obcecación carente de cualquier ética política, cumplir la profecía marxista de la revolución obrera. Entretanto el ahora senador Filemón Escobar, viejo sindicalista de la era "gloriosa" de la COB, dirigente minero, instigador de la Asamblea Popular y de la tesis de la "sovietización", replica desde la experiencia del fracaso más grande de la izquierda latinoamericana y le vaticina a Solares que ese es el camino de la derrota para la izquierda.

En "Filipo" hay aceptación explícita de culpas pasadas, por los mismos errores que comete la COB del presente.

"Llevamos a la izquierda al despeñadero, con nuestros errores propiciamos el surgimiento de la más sangrienta dictadura, produjimos 15 mil víctimas y aislamos geográficamente a la revolución cubana", rememora.

Pero Solares no advierte el riesgo - o advierte demasiado -; la COB es una estructura decadente y putrefacta - ya lo dijo García Linera - pero está como posesa por una voluntad ultrasindical, ultranacional y ultracontinental y eso le imprime vitalidad sobrenatural. Tambaleante pero resuelta hace el trabajo sucio de la derecha, pregona los postulados separatistas de la nación camba, se apoya en la "media luna" y los comités cívicos, recrudece la fase ya superada del conflicto, posterga la ejecución de un proyecto político de empoderamiento efectivo e institucional de la izquierda y - lo más inconcebible de todo - destruye desde dentro el movimiento social las nuevas formas de representación que la evolución natural de la historia predispuso para sustituir al sindicalismo en esta nueva fase de lucha contra el capitalismo neoliberal.

La COB ya no reivindica nada para el pueblo, apenas si alcanza a articular lo que le caiga en mano para sustentar el sistema político que le dio origen.

Álvaro García Linera lo sabe, pero habla de una izquierda sin capacidad de empoderamiento, una izquierda atrapada en la doctrina filosófica, una izquierda culposa pero no cómplice. Yo le pido el valor de los años del EGTK, para enfrentar el hecho de la verdadera identidad política de Solares y denunciar la nueva conspiración que compromete - como hace 30 años - a un sindicalismo y a una partidocracia tan dialécticos y antagónicos como pueden serlo un brazo del otro en una misma persona, en el intento de preservar ese sistema del cual ambos son parte y sin el cual tendrían que resignar su existencia.

Los partido políticos, los comités cívicos y el sindicalismo son estructuras de representación que corresponden no sólo a otra época de la historia, sino que a otro contexto social, histórico y geográfico. Se muestran dialécticos y antagónicos durante todo el ciclo hegemónico del sistema; pero cada que existe un peligro real de que el sistema capitalista perezca, cada que asoma una insurgencia capaz de materializarse en acción política organizada y consciente y hacerse empoderamiento efectivo de la izquierda, entonces sindicalismo, partidos y cívicos cierran filas para defender ese sistema que uno dice odiar y los otros dos justifican, pero fuera del cual ninguno podría sobrevivir y por lo que hacen causa común para defenderlo.

Esa es la paradoja de la izquierda ortodoxa, es una especie que existe en equilibrio simbiótico con las otras de la fauna local; es una especie que no puede existir fuera del escenario del estado capitalista y esa es la razón por la que más allá de la lírica radical, el ciudadano debe ver que es efectiva la sociedad entre la COB y la "media luna".

Porque hablar de Sánchez de Lozada o Sánchez Berzaín en el escenario de la historia, es como pretender achacar a una imberbe Gabriela Oviedo la responsabilidad de un proceso histórico del cual es un mero agente. Tipificar e identificar a los agentes de la sedición antipopular es tarea del gobierno, mostrar que más allá de los nombres existen movimientos, estructuras de representación y una lógica de poder decadente que pugna por sobrevirvir, esa es nuestra tarea; una tarea de la que ciertamente la intelectualidad se ha evadido, pues representa enfrentar el hecho de que para que la izquierda sobreviva, sólo queda el camino de encarar la profunda diferencia entre la izquierda de antes y la izquierda de después de abril de 2000.

¿Cuál es el riesgo? Nos espera, seguramente, la misma condena que a Godoy; el aislamiento, la estigmatización y la presunción de traidor al movimiento. Pero vale la pena el riesgo si la tarea inconclusa de darle un norte a la izquierda y propiciar un empoderamiento efectivo, esta vez concluye. Al final sobre el tema de quién fue efectivamente de izquierda y quién no lo fue, sólo el juicio de la historia es magno y solemne.

El autor es editor regional del diario La Voz.

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