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Actualizado el 2004-05-04 a horas: 13:13:49

COB apuesta a Mesa su vigencia, y centralismo político de occidente

COB apuesta a Mesa su vigencia, y centralismo político de occidente Erick Fajardo ¿Qué espera ganar y qué está dispuesto a perder el sindicalismo boliviano con la huelga nacional y el bloqueo de caminos convocado para el 3 de mayo? La impugnación estructural de la COB al modelo económico global hace que su planteamiento ante el ejecutivo resulte estéril y suene a inocencia o pretexto, pues no son resolubles, en el escenario de un estado dependentista y en manos de un gobierno encomendero, la reversión de la capitalización o la derogación de la flexibilización laboral. ¿es ese su margen de negociación y apuesta en realidad a la aprobación de la Ley de hidrocarburos de Codepanal?

Erick Fajardo

Es periodista, reside en Cochabamba.

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COB apuesta a Mesa su vigencia, y centralismo político de occidente

Erick Fajardo

¿Qué espera ganar y qué está dispuesto a perder el sindicalismo boliviano con la huelga nacional y el bloqueo de caminos convocado para el 3 de mayo? La impugnación estructural de la COB al modelo económico global hace que su planteamiento ante el ejecutivo resulte estéril y suene a inocencia o pretexto, pues no son resolubles, en el escenario de un estado dependentista y en manos de un gobierno encomendero, la reversión de la capitalización o la derogación de la flexibilización laboral. ¿es ese su margen de negociación y apuesta en realidad a la aprobación de la Ley de hidrocarburos de Codepanal?

A sólo horas de la huelga general y bloqueo de caminos instruido por CEN (Comité Ejecutivo Nacional) de la COB, sólo la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), la Confederación Nacional de Maestros, los jubilados mineros y las juntas vecinales de El Alto, parecen ir a responder a la convocatoria de Jaime Solares.

Una a una las organizaciones sindicales y campesinas del occidente del país han ido cayendo, sea por la cooptación o sea por el temor a un fracaso, impagablemente caro en esta coyuntura de desprestigio a algunos líderes sindicales como Alberto Machaca (sentenciado por malos manejos económicos), Felipe Quispe (cuestionado por un eventual fin de su mandato en la CSUTCB) o el mismísimo Solares (acusado de paramilitarismo durante la dictadura de García Meza). La resolución del Ampliado Nacional de Huanuni estaba respaldado por 60 organizaciones nacionales, que apostaban todo a ?torcer el brazo? a un gobierno, presionado por el empresariado al oriente del país a reafirmarse en su apoyo al modelo de libre mercado y esa voluntad fue reafirmada en un cabildo popular, durante la conmemoración del día del trabajador, el pasado 1° de mayo.

Pero ya en el umbral de la movilización nacional anunciada para el día martes, los movimientos sociales en Bolivia enfrentan la decisión de llevar adelante el primer asedio sindical serio contra el gobierno de Mesa Gisbert, o declinar sobre el filo del 3° de mayo y mantener la imagen de vigencia y capacidad de interpelación de la COB, que parece se vería comprometida por un fiasco.

Pero hay entre líneas algo más que las organizaciones sociales están apostando en este lance: Que el centralismo político de La Paz le importa más a Mesa que a ellos mismos, una apuesta realmente incierta.

La presencia de los poderes Ejecutivo y Legislativo en La Paz ha mantenido el eje político en el occidente del país desde hace más de un siglo. Este accidente geográfico hace posible la presión cotidiana efectiva y el centralismo político de los movimientos sociales del altiplano. Ante una eventualidad como la de febrero y octubre de 2003, Mesa ha revelado que trasladar la sede de gobierno es la última alternativa; averiguar si Mesa sería capaz de tal pone a la COB en una disyuntiva que excede el plano de las reivindicaciones y obliga a Solares a incursionar en el plano de la estrategia política.

Un país permanentemente convulsionado por la impotencia de los últimos tres gobiernos para resolver las demandas laborales mínimas, ha llegado a las antípodas de la gobernabilidad cuando cambiar la sede de gobierno se ha convertido en el último recurso de la institucionalidad estatal para autopreservarse. No obstante, si esta es la última opción para Mesa, representa sin embargo la primera alternativa para la ?Media Luna? (como se denominan a si mismos los departamentos del eje Santa Cruz, Tarija y Pando), que ve insuficiente su centralismo económico y desesperadamente presiona por un centralismo político que salvaguarde la pujante economía sureña, amenazada por la abierta impugnación al modelo económico patente en el pliego petitorio de la COB.

Y es que las respuestas que demanda la variada y diversa masa social de cultura sindical, no son resolubles en ningún nivel de decisión política estatal, salvo que un súbito arranque de patriotismo llevara al historiador en rol de primer mandatario, a la radical decisión de revocar todo lo hecho en función del proceso neoliberalizador de la economía estatal y declararse enemigo de los secesionistas distritos del sur; decisión muy improbable por el grado de dependencia económica estructural de la oligarquía boliviana ? a la cual pertenece Carlos Mesa ? de una eventual conformidad de los organismos internacionales y de Washington.

Ahora Mesa resulta cercado no sólo por los cotidianos y multitudinarios periplos desde el interior del país, en demanda de trabajo, tierras o soberanía energética y marítima; piloteadas por una dirigencia sindical con sede en La Paz, refortalecida por el desgaste del modelo de desarrollo del libre mercado y por la pírrica victoria de octubre pasado. También está la presión económica interna que ejerce el empresariado privado con sede al sur del país (en Tarija y Santa Cruz), en un rol de agente de los intereses de las petroleras transnacionales ? y de los suyos propios -, a través de sus expresiones políticas regionales en el parlamento: El Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) y la Nueva Fuerza Republicana (NFR).

El Movimiento Bolivia Libre (MBL) y el Movimiento al Socialismo (MAS), son un pobre soporte frente a un movimiento social que se ha diversificado y ha mostrado independencia suficiente como para eclipsar al antes medular sindicalismo cocalero y frente a un conjunto de intereses económicos y políticos domésticos ligados al modelo económico, que han logrado reclutar la embajada norteamericana y las transnacionales energéticas.

A pesar de tales presiones, y con una estrategia impecable, Mesa ha propiciado escenarios de negociación separados y ha conseguido mantener sin unidad objetiva a los distintos sectores en conflicto. El movimiento universitario nacional fue conjurado mediante la negociación individualizada con los gobiernos universitarios regionales, y parece haberse conjurado la movilización de la COB focalizándola en el altiplano al mantener a los cocaleros de Cochabamba y Yungas al margen del problema. Algunos otros sectores menos probos como la Confederación Nacional de Choferes, han demandado mucho menos.

También la emergente demanda del pueblo guaraní ? la tercera nacionalidad indígena en el país ? fue atendida con premura y satisfecha casi al costo demandado. La asamblea del pueblo guaraní, que convoca a 24 capitanías, tomó los campos petroleros de Repsol y Pluspetrol en Yacuiba y puso en evidencia la ?carencia de peso? de los Comités Cívicos de Tarija y Santa Cruz, fuera de sus reductos citadinos.

Sin embargo algunos analistas afirman que el éxito de la presión social de ?octubre rojo? fue independiente de la marginal presencia del MAS y los cocaleros u otras fuerzas sociales ultra-altiplánicas. Quizá por ello el gobierno no quedó satisfecho con mantener a la belicosa Central Obrera Regional (COR) de El Alto, al MAS y varias organizaciones ligadas a él, ?del lado de la racionalidad y la democracia?; o con apaciguar a los indígenas guaraníes de la CIDOB (Confederación Indígena del Oriente de Bolivia) y aún prevé el traslado eventual de la sede de gobierno a otro departamento.

Hace casi 20 años, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) decretó una medida económica (el Decreto 21060 de desestatización del aparato productivo) cuyo propósito de fondo fue históricamente político y que diseminó en la geografía boliviana una cultura sindical forjada en 50 años de concentración obrera en las minas. Creyendo desmembrar el brazo social de un sindicalismo omnipotente lo que consiguió la derecha boliviana fue expandir una epidemia centenaria de tragedia y resentimiento, que migró a mendigar en las ciudades de occidente y allí consolidó nuevas identidades urbanas y productivas o recuperó su identidad cultural ancestral. Lo que sin embargo preservó esa masa migrante, hoy diversificada en los distintos grupos y sectores de la subalternidad boliviana, es una cultura sindical, una matriz ideológica y discursiva que ha sido el caldo de cultivo de organizaciones sociales autónomas, que representan intereses gremiales, culturales y hasta étnicos y que compiten entre si por un liderazgo nacional, pero que llegado el momento se articulan herméticamente en la demanda común, sea a convocatoria de la Coordinadora, de la COB o de cualquier otra.

Sin embargo este 3 de mayo la apuesta es alta y dos de las organizaciones sociales más importantes del país, se han empeñado en llevar adelante una medida que el balance de muchos analistas prevé terminará en fracaso.

¿Qué espera ganar y qué está dispuesto a perder el sindicalismo boliviano con la huelga nacional y el bloqueo de caminos convocado para el 3 de mayo? La impugnación estructural de la COB al modelo económico global hace que su planteamiento ante el ejecutivo resulte estéril y suene a inocencia o pretexto, pues temas como revertir la capitalización o derogar la flexibilización laboral no son resolubles en el escenario de un estado dependentista y un gobierno nacional encomendero.

Quizá algún otro punto del pliego petitorio, como la aprobación del proyecto de ley de hidrocarburos de Comité de Defensa del Patrimonio Nacional (Codepanal) sea resoluble por el gobierno y quizá los otros puntos (abolición de la ley de flexibilización laboral), sean apenas una palanca, un margen de negociación.

Es de esperarse que los nuevos actores sociales hayan madurado y que la COB haya aprendido de la experiencia de su propia debacle hace dos décadas. Ese sería la mejor muestra del legado de la cultura sindical, que la angurria neoliberal esparció creyendo destruir. Del otro lado, Mesa es apenas un transitorio agente de la historia frente a la decisión popular de revertir el despropósito egoísta e inhumano del neoliberalismo y el afán por prevalecer de la elite pro-neoliberal.

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