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Área: Política >> Relaciones exteriores
Actualizado el 2004-04-23 a horas: 15:10:20

Invadió y encerró a Bolivia por cobre y salitre sin saber que 125 años después dependería de otra materia prima del país agredido

Soberbia: Chile hambriento de gas no cede un centímetro de mar

Miguel Lora Fuentes

Invadió y encerró a Bolivia por cobre y salitre sin saber que 125 años después dependería de otra materia prima del país agredido Soberbia: Chile hambriento de gas no cede un centímetro de mar Miguel Lora El gobierno chileno se apoderó de 120 mil kilómetros cuadrados de costa boliviana en el Pacífico, condenando a la población de Bolivia a vivir encerrada detrás de la cordillera de los Andes. 125 años después, la naturaleza concede una oportunidad histórica a los aislados para que su país deje de pertenecer al club de los mendigos y recupere el mar.

Miguel Lora Fuentes

Es periodista. Trabajó en los matutinos Presencia, La Prensa, Los Tiempos y el semanario Pulso. Fue profesor en la Universidad Pública El Alto. En la actualidad es editor de Bolpress.com

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Soberbia: Chile hambriento de gas no cede un centímetro de mar

Miguel Lora

Hace 125 años el gobierno chileno se apoderó de 120 mil kilómetros cuadrados de costa boliviana en el Pacífico condenando a la población de Bolivia a vivir encerrada detrás de la cordillera de los Andes.

Los encerrados pagamos caro por tal desmembración. No sólo porque perdimos un territorio del tamaño de la superficie conjunta de Jamaica, Trinidad y Tobago, Cuba y El Salvador, sino porque se nos cerró una puerta comercial a los mercados mundiales, una costa de 400 kilómetros de largo fundamental para el desarrollo económico.

El libre comercio rige como ley suprema en el mundo de hoy. Todos concuerdan en que el comercio es la actividad imprescindible para la evolución y florecimiento de las naciones. Y el principal valor económico del océano, además de alimentos y recursos energéticos, es precisamente el comercio.

Por eso los economistas afirman que los países alejados de las rutas oceánicas son más vulnerables, más dependientes y encuentran más obstáculos a la hora de competir en el mercado internacional, caracterizado por la globalización y el libre comercio. Si esto es así, ¿qué futuro le espera a una nación mediterránea?

A los países mediterráneos se les hace más caro participar en el intercambio comercial, pues sus costos de exportación/importación son más elevados. Están imposibilitados de captar flujos migratorios de capital humano y de inversión extranjera en igualdad de condiciones y por eso tienden a concentrarse en sí mismos y a ser más pobres respecto a sus vecinos que sí tienen mar.

La Unidad de Análisis y Políticas Económicas del gobierno (Udape) estima que los exportadores bolivianos erogan cada año hasta 30 millones de dólares en transporte y servicios portuarios, un costo absorbido como impuesto que encarece el valor de sus mercancías y que drena divisas a Chile. Según cálculos de la Universidad norteamericana de Harvard, Bolivia pierde entre 400 y 500 millones de dólares cada año por no tener cualidad marítima. Imagine el lector el daño económico en el último siglo considerando que sólo entre 1988 y 1998 los costos del enclaustramiento boliviano ascendieron a más de 4 mil millones de dólares, casi el valor de la deuda externa.

A la hora de negociar

Como si la naturaleza intentara saldar cuentas, con sabiduría reparte los bienes naturales y es generosa con la víctima del desmembramiento territorial. Chile invadió a su vecino en pos de guano y cobre y 125 años después, desesperado por otra materia prima, se ve obligado a tocar las puertas del país agredido solicitando gas natural.

La situación es clara: la reactivación económica boliviana depende de la costa soberana y ahora Chile, un país deficitario en energía, depende de las reservas de gas de Bolivia para alimentar a su industria.

Chile importa el 90% del gas que consume y tiene 15 veces menos de reservas que Bolivia. Para hacer frente a una crisis inminente, la empresa chilena Gas Atacama confirmó su interés de comprar gas boliviano y el presidente chileno Ricardo Lagos ofreció a Bolivia "todas las facilidades" para que exporte su gas por los puertos arrebatados, incluido un pedazo de territorio "libre de impuestos".

En condiciones normales, lo lógico sería que ambos países dependientes entre sí negocien una alianza estratégica de desarrollo como lo hicieron en su momento Francia y Alemania, antiguos rivales. Algunos bolivianos que están a favor de la venta a Chile argumentan que no es razonable que el "resentimiento histórico", anacrónico para el libre comercio, trunque un negocio provechoso para ambas naciones y que salvaría de la quiebra al Estado boliviano y de la crisis energética al chileno.

Pero las condiciones del negocio no son tan normales pues el gobierno chileno mantiene una posición inflexible y se niega a negociar la soberanía arrebatada. Por eso las organizaciones sociales bolivianas rechazaron la propuesta de Lagos y en octubre de 2003 expulsaron al gobierno gonista que intentó vender el energético en secreto.

Y no es por "resentimiento", como afirma la oligarquía boliviana, pragmáticamente frívola e históricamente aliada de Chile. Al ciudadano común le parece imperdonable olvidar el pasado y resignarse a la mutilación porque las consecuencias de ese pasado tienen repercusiones en el presente y en el futuro del país. Según varias organizaciones sindicales, no se puede negociar con un invasor que todavía no comprende la magnitud del perjuicio ocasionado. Por el daño que sienten en carne propia, al menos seis de cada 10 bolivianos se oponen a favorecer a Chile con el gas, aún recuperando un puerto soberano, revela una encuesta realizada por el gobierno.

Ante la evidencia, a la administración Mesa no le quedó otra que declarar públicamente que no será posible transar con Chile mientras no se resuelva el conflicto histórico y que el gas saldrá por Perú si es que se vende al mercado mexicano.

Mesa parece comprender que en las condiciones actuales resignarse a la pérdida del Litoral es una posición poco seria. Sabiendo que los transandinos se hallan en puertas de una crisis energética de magnitud y que Bolivia aparece como la fuente de energía más barata, más cercana y como la salvación para la industria chilena, dejarse aplastar por el conformismo sería hasta idiota.

El gas boliviano es demasiado importante para Chile; "no cabe duda, pero es una inversión más, y si el negocio no se realiza ahora, será en el futuro", declaró hace algún tiempo el ministro de Economía y Energía de Chile, Jorge Rodríguez Grossi. Esa declaración confirma que Chile no ve al proyecto LNG desde el punto de vista histórico territorial sino como un simple "negocio". Y si de negocios se trata, hay que seguirle la corriente pues este es un momento oportuno para negociar.

Chile, un país sin energía

Se calcula que más del 80% del gas que consume Chile proviene de Argentina. Se trata de una dependencia insostenible, pues los argentinos venden hasta un 30% menos de gas desde el 1 de abril de este año, es decir hasta tres millones de metros cúbicos de gas diarios. La restricción elevó las tarifas de electricidad en Chile y los costos de producción de dos centrales del Norte Grande, que se ven obligadas a generar electricidad para las empresas mineras de la zona usando carbón y diesel.

El Instituto de la Energía y la Secretaría de Energía de Argentina estiman que, al ritmo actual, sus reservas de 37 trillones de pies cúbicos (Tcf) de gas sólo alcanzan para 17 años. Para colmo, las empresas petroleras que operan en ese país paralizaron la prospección de nuevos pozos, principalmente en las cuencas de Neuquén y Noreste.

Por todo eso, funcionarios del gobierno chileno fueron advertidos de que, ante el crecimiento diario del consumo de gas, Kirchner no dudaría en abastecer el mercado interno y exportar sólo los excedentes sin importar el conflicto diplomático que se origine con Chile.

Para tranquilidad del gobierno de Lagos, Bolivia comenzará a mandar a Argentina cuatro millones de pies cúbicos de gas desde fines de mayo o principios de junio, energía que de algún modo alimentará a las termoeléctricas de la Empresa Nacional de Petróleo (ENAP) de Chile, que no aguantarían ni cinco días un eventual corte del gas.

Lo que más preocupa a los chilenos es que su producción y sus reservas de gas declinaron en los últimos 20 años, pero su consumo se triplica cada cinco años. Tan sólo en una década ?entre 1991 y 2001? la demanda de gas natural en Chile subió 338%. En 1991 los vecinos consumían 52 Bcf de gas y 228 Bcf en 2001. La Comisión Nacional de Energía de Chile (CNE) estima que consumirán 571 Bcf en 2011.

Se calcula que el país vecino tiene 3.5 trillones de pies cúbicos (Tcf) de gas de reservas, 15 veces menos que Bolivia. Por eso el gas boliviano y una terminal de licuefacción son vitales.

El preciado gas natural

El gas natural ocupa el tercer lugar entre las fuentes de energía primaria más utilizadas en el mundo y representa más de la quinta parte del consumo energético a nivel mundial.

Su precio competitivo, su eficiencia como combustible y su creciente participación en los mercados mundiales de la energía convierten al gas en un recurso natural estratégico que destacará en el siglo XXI.

Los combustibles fósiles o sus derivados producen en su combustión óxidos de carbono, azufre y nitrógeno que es necesario limitar al máximo si se quiere evitar la lluvia ácida, el efecto invernadero y el deterioro de la calidad del aire.

Al gas le dicen "energía noble" porque es el combustible de origen fósil más limpio. Produce un 40% menos de óxidos de nitrógeno en relación a otros combustibles, no emite cenizas ni partículas sólidas dañinas para la atmósfera, genera una reducida emisión de óxidos de nitrógeno (NOx), de monóxido de carbono (CO), de dióxido de carbono (CO2) y virtualmente no genera dióxido de azufre (SO2).

Es así que el gas limpio constituye un preciado bien en las sociedades industriales de la actualidad, especialmente en Chile, un país que ya sufre serios problemas de contaminación en sus principales capitales.

Chile quema carbón y petcoke para generar electricidad en el norte y centro de su territorio, provocando elevados niveles de contaminación en Tocopilla, Mejillones y Patache, a pocos kilómetros de Patillos. El petcoke es un subproducto de la refinación del crudo más barato que el carbón. Mezclado con carbón sirve para generar energía en plantas térmicas, aunque tiene niquel y vanadio, elementos que lo hacen cancerígeno. Chile importó más de 30 millones de toneladas de carbón y petcoke de Estados Unidos e Indonesia desde 1996 pagando alrededor de mil millones de dólares, la mayor parte utilizada por generadoras de electricidad del norte de ese país.

Considerando que la demanda chilena de energía crecerá 6% anual su industria está obligada a usar cada vez más energéticos alternativos y limpios, como el gas natural.

No basta una zona especial

Enterados de que Chile está cerca de una crisis energética, que el uso de gas natural solucionaría en parte su problema de contaminación y que muy pronto dependerá de las reservas de gas bolivianas, ¿sería razonable negociar el energético sin al mismo tiempo solucionar un diferendo territorial que agobia a la economía nacional? En esta coyuntura comercial tan particular, ¿bastaría para Bolivia lo que el gobierno de Jorge Quiroga esperaba conseguir de Chile a cambio del gas?

Tuto negoció una zona especial, libre y sin restricciones, bajo ley boliviana, es decir un enclave económico de entre 600 y mil hectáreas, administrado por el Estado boliviano durante 50 o 99 años. La generalidad concuerda en que esa "zona especial" sin soberanía es insuficiente si se evalúa la importancia del Océano Pacífico.

Se decía que el Mediterráneo era el mar del pasado; el Atlántico, el del presente y el Pacífico, el océano del futuro. Los estrategas comerciales actuales comentan que el país que no mire hacia el Pacífico, aún sin tener costas sobre él, padece de ceguera política absoluta.

El comercio del Pacífico superó por mucho al del Atlántico. La cuenca del Pacífico, el océano más extenso del planeta con 179 millones de kilómetros cuadrados, contiene aproximadamente 25.000 islas, más que todos los demás océanos del mundo combinados. Concentra el 50% de la población mundial y más del 70% de los recursos naturales del globo.

Oportunidad histórica

La mediterraneidad profundiza las asimetrías entre los países. En el mundo actual existen más de 40 naciones sin contacto directo con el mar. Ahí están la República Checa en Europa; Ruanda o Burundi en África; Nepal y Afganistán en Asia. Las estadísticas confirman que la mayoría de estos países tiene condiciones de vida de menor calidad que sus vecinos que sí tienen mar.

El Informe de Desarrollo Humano 1997 de las Naciones Unidas revela que el Indice de Desarrollo Humano (IDH) de los países mediterráneos está por debajo de la media de sus vecinos con acceso al litoral. Por ejemplo, el IDH de Bolivia en 1994 fue 0.589, es decir 26% inferior respecto a sus vecinos, cuyo IDH llegó a 0.798.

Ahora que se exige libertad económica sin ningún tipo de barreras comerciales, los países enclaustrados resaltan por su obvia desventaja. Viven una situación injusta que quita coherencia al ideal de conformar una comunidad mundial de países en igualdad de condiciones. Por eso, ¿cómo exigirle a Bolivia que elimine sus barreras comerciales cuando el país está lleno de obstáculos y cercado con barreras físicas que le impiden comerciar?

A mayoría de los bolivianos no le parece justo que se le pida olvidar los resentimientos y vender gas directamente a Chile o a través de otro país sin resolver antes el conflicto limítrofe. Esa mayoría piensa que esta es la oportunidad histórica, tal vez la última para que Bolivia deje de ser un país mendigo y prospere gracias a su potencial energético y a su posición estratégica en el continente.

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