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Actualizado el 2004-03-31 a horas: 10:30:40

En arranque de campaña presidencial en USA.

"Irakgate" sería eje de discurso de demócratas En arranque de campaña presidencial en USA. Erick Fajardo Pozo En un ambiente de aparente fortalecimiento de los demócratas, que finalmente cerraron filas en respaldó a la candidatura de Kerry y bajo la engañosa imagen de debilitamiento que proyecta el descrédito ante la opinión pública del gobierno de Bush, la semana pasada arrancó oficialmente en Washington la campaña para las elecciones presidenciales en Estados Unidos

Erick Fajardo

Es periodista, reside en Cochabamba.

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"Irakgate" sería eje de discurso de demócratas

En arranque de campaña presidencial en USA.

Erick Fajardo Pozo

En un ambiente de aparente fortalecimiento de los demócratas, que finalmente cerraron filas en respaldó a la candidatura de Kerry y bajo la engañosa imagen de debilitamiento que proyecta el descrédito ante la opinión pública del gobierno de Bush, la semana pasada arrancó oficialmente en Washington la campaña para las elecciones presidenciales en Estados Unidos

La anterior semana la cena anual de la Asociación de Corresponsales de Radio y Televisión fue escenario del cinismo y burdo humor del actual presidente George W. Bush que se ridiculizó a sí mismo, caricaturizó a sus rivales demócratas y vanalizó su rotundo fracaso en demostrar la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq, ante 1500 periodistas internacionales acreditados en Washington.

Sólo 24 horas después de la reunión de Bush con la prensa, un homenaje del partido demócrata a sus líderes históricos hizo confluir la presencia de los ex presidentes Jimmy Carter, Bill Clinton y el ex candidato a la Casa Blanca, Al Gore, en un acto solemne en que lanzaron críticos discursos contra la actual administración y finalmente manifestaron su abierto y unánime apoyo a la postulación del senador John Kerry como candidato presidencial de ese partido. Durante la cena de recaudación pro candidatura de John Kerry, la escuadra mayor de líderes demócratas increpó agriamente la frivolidad, falsedad y el poco respeto por los derechos humanos que ha mostrado la política exterior durante la administración Bush.

La ofensiva demócrata.

Después de cuatro años del más arbitrario ejercicio de poder el destino del mundo vuelve al escenario de la democracia virtual y mediatizada de los Estados Unidos y bajo el mismo guión que al final del gobierno de Bush padre; con un partido republicano que termina su ciclo de hacer el "trabajo sucio" de la primera potencia mundial y un partido demócrata que se promueve como alternativa de una política exterior más piadosa.

De cierto modo, la gestión internacional iniciada meses atrás por el ex presidente norteamericano y Premio Nobel de la Paz, James Carter, fue el verdadero arranque de la campaña presidencial para un partido demócrata que ha resuelto como principal estrategia capitalizar cada desacierto en política internacional de George W. Bush y agenciarse cada enemigo ganado por los republicanos como potencial aliado con vistas a la no distante elección presidencial de noviembre.

Poco después de la insurrección popular de "octubre rojo", la oportuna presencia de Carter en La Paz y Santiago, mitigó la histórica tensión diplomática entre Bolivia y Chile, recrudecida a raíz de la expuesta confabulación entre capitalistas chilenos y el gobierno de Sánchez de Lozada para la expropiación del gas. Carter se ofreció como árbitro en el problema y aunque no gestó una solución real, promocionó inmejorablemente su capacidad como negociador y mediador ante la opinión pública mundial.

Nuevamente providencial, a finales de enero, Carter llegó a Caracas para conseguir que partidarios del gobierno de Chávez en la Corte Nacional Electoral permitieran el acceso pleno a ese órgano de los árbitros extranjeros, antes de que la ONU cumpliera su amenaza de sacar de Venezuela a sus observadores, salvando así a Chávez de quedar en manos de Bush que aguardaba tener el mínimo pretexto para intervenir ese país. Una vez más el problema de fondo no halló solución, pero Carter brilló por desinflar la tensión internacional.

Pero fue en el escenario nacional que los demócratas gestaron una estrategia ofensiva que ha sorprendido a propios y extraños. A la exitosa gira de promoción del partido demócrata de Carter le sucedió el oportuno lanzamiento en los Estados Unidos del libro "Against all enemy?s"(Contra todo enemigo) de Richard Clarke, ex asesor del Consejo contra el terrorismo, y que ocupara ese cargo desde la presidencia de Bill Clinton y hasta la primera parte del actual gobierno.

Hay que reparar en que el nombramiento de Clarke en ese cargo lo vincula de forma objetiva con el partido demócrata y que sus acusaciones de "negligencia" y "omisión deliberada" contra Bush en el caso 11-S se han convertido en el primer argumento ofensivo del partido de John Kerry contra el actual gobierno.

Es más, las acusaciones de Clarke fueron la punta del ovillo para que el bloque parlamentario demócrata empujara la conformación de una comisión especial que investiga el proceder del gobierno en los hechos del 11-S y que ha colocado a Bush en lo que los analistas consideran puede ser su versión personal del Watergate o el Irangate.

Finalmente, a todo lo anterior se añade la adhesión y simpatía por la candidatura de Kerry en algunos sectores de la veleidosa media norteamericana que empiezan a abrirse a un cuestionamiento a la política internacional de Bush que hasta ahora no habían visto por conveniente iniciar. CNN empieza a objetar con sutileza aunque también con contundencia la política exterior de Bush y a reflejar con algo más de amplitud la poca receptividad de las impertinencias y grotescas salidas de Bush entre la clase media norteamericana.

La estrategia defensiva republicana.

Sin embargo, es también cierto que el deterioro y debilitamiento del gobierno republicano resulta ser mera apariencia cuando a desdén de los cuestionamientos y el descrédito lo único que ha cambiado de septiembre de 2001 al presente es que Washington ha cedido el ejercicio de la acción directa y ha delegado la administración de la fuerza a sus virreyes y gobiernos-agente en Latinoamérica, Europa y Medio Oriente.

Lo que la opinión pública debe entender es que cuando parece ser que Bush está más débil que nunca a raíz del descrédito que le significaron las campañas de acción directa en Afganistán e Iraq, su Consejo de guerra integrado por la nefasta Condorleezza Rice y el evasivo Colin Powell, ya ideó la forma de recrudecer las acciones de control militar sobre los focos de disidencia en el mundo mediante la acción de sus virreyes locales en Israel, Colombia y Haití.

Así, salvo una eventual marejada, Bush mantiene pleno control de la situación internacional. Quizá lo único que se le escapó de guión al inconmovible Bush sea la derrota de Aznar en las elecciones en España y el efecto boomerang que tuvo el brutal atentado de Madrid para la derecha española aliada de Washington.

Es más que probable que la existencia de armas de producción masiva en Iraq haya sido tan real como la alegada imprevisibilidad del atentado al World Trade Center o la autenticidad de la rebelión "popular" en Haití. Lo que en realidad importa es que el desgaste publicitario de Bush, es conjurado con la sustentación mediática de "su" verdad; una verdad no más virtual que cualquier otra para una sociedad norteamericana gobernada por la media.

Mientras el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) George Tenet y el ex asesor del Consejo contra el terrorismo, Richard Clarke reconocen negligencia culposa en la labor de inteligencia y escamoteo deliberado del ejecutivo para prevenir el 11 de septiembre, el actual Secretario de la defensa, Donald Rumsfield y el Secretario de estado, Colin Powell, aseguran haberse hecho todo lo posible y necesario, relevando así a Condorleezza Rice de la presión de comparecer a declarar públicamente y sacando a Bush momentáneamente del entredicho.

Por eso, en un momento en que aún la prensa más contestataria pregona el debilitamiento de régimen del terror, en los hechos Bush actúa de forma más implacable ? aunque también más discreta ? que nunca. En sólo dos meses su velado pero efectivo respaldo al derrocamiento de Aristide y la recientemente denunciada entrega de tanques españoles desplazados por instrucción de Uribe hasta la frontera con Venezuela, efectivizaron el cerco terrestre y marítimo sobre Chávez.

La tesis de que la administración Bush optó deliberadamente por una estrategia de conflagración antes que por acciones preventivas, se fortalece a medida que la información aportada por la comisión especial cierra el círculo en torno a las acciones de Condorleezza Rice y las instrucciones vertidas por Bush antes y después del 11-S.

Si el sentido común logra trasponer el cerco mediático de las verdades virtuales de la "democracia" norteamericana y llega hasta la clase media norteamericana, podríamos estar asistiendo al preámbulo de la caída de la dinastía Bush y si la impugnación moral del partido demócrata no es mera retórica pre-electoral, entonces es posible que este sea el inicio del Irakgate.

(*) El autor es periodista boliviano de La Voz y columnista de Bolpress y Adital.

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