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Actualizado el 2004-01-12 a horas: 19:50:14

El pensamiento sumergido de Carlos Montenegro

El pensamiento sumergido de Carlos Montenegro Andrés Solíz Rada La historiografía boliviana se divide en un antes y un después de "Nacionalismo y Coloniaje". Su fuerza emerge del rescate del "hombre boliviano", desde el indígena hasta el criollo, abigarrados en nuestro mestizaje, que compendia la incesante influencia mutua de culturas diversas, pero no estáticas.

Andrés Solíz Rada

Andrés Solíz RadaAbogado y periodista y ex parlamentario. En los últimos 30 años fue uno de los más destacados defensores de los recursos naturales en Bolivia. Fue el primer ministro de Hidrocarburos de la gestión de Evo Morales.

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El pensamiento sumergido de Carlos Montenegro

Andrés Solíz Rada

II Parte - El prólogo de Albarracín Millán

El prólogo de Juan Albarracín Millán comienza así: "Desde que Franz Tamayo (notable pensador y escritor paceño, 1879-1956), introdujo el irracionalismo alemán en el pensamiento político boliviano hablando de Nietzche, la energía nacional y el poder racial de los indios y mestizos, el nacionalismo boliviano, engendrado por esta filosofía, no dejó de buscar, entre sus instrumentos de lucha, el miticismo de la tierra, de la raza y la sangre, para combatir el racionalismo, la democracia y el socialismo". Luego añade: "Las corrientes nacionalistas propuestas en la primera mitad de nuestro siglo tienen por base el nacionalismo alemán que se declara, a través del voluntarismo, el indoamericanismo y el telurismo, sus formas nacionales, enemigo del blanco y del indio y partidario del mestizo".

Incluye en esta visión al escritor Sergio Almaraz Paz (1928-1968), de quien el prologuista dice: "Y, aún Sergio Almaraz, más cerca de nuestros días, escribía "El Poder y la Caída", invocando a Tamayo, como su antecedente ideológico". Ahora que Montenegro y Almaraz están juntos, Albarracín Millán añade: "Los representantes de Nietzche, Spengler y Keyserling en el pensamiento irracionalista boliviano pretendieron hacer pasar por producto nacional el racismo, la geopolítica y el biologismo". Luego encuentra diferencias de contenido y orientación entre "Nacionalismo y Coloniaje" (la obra cumbre de Montenegro, publicada en 1943) y "Las Inversiones Extranjeras en América Latina", aunque admite que el segundo libro contiene la visión internacional del primero. Complementa lo anterior con este párrafo: "Lo nuevo del pensamiento de Montenegro en este trabajo (se refiere a "Las Inversiones...) es que desaparece el miticismo de la raza y surge, en su lugar, la defensa de los recursos nacionales". Albarracín Millán se contradice al admitir que Montenegro, al escribir su nuevo libro, se mantuvo firme en las investigaciones que hizo en la década de los años treinta sobre la presencia de la Standard Oil en Bolivia (7). Si eso es evidente, ¿dónde está lo nuevo? No es lo mismo, ciertamente, ocuparse de una nueva temática que mantenerse firme en investigaciones ya realizadas.

Podría responderse a Albarracín Millán con los mismos argumentos usados por Montenegro para refutar a Alcides Arguedas (1879-1946), a quien dijo que sin falsificar los hechos, falsifica la valoración de los hechos, lo que implica un triple falseamiento: El de la verdad del pasado, el del juicio histórico en el presente y el de la conducta colectiva en el futuro" (8). Digamos, a manera de ejemplo, que es evidente que Mariano Melgarejo (Presidente de Bolivia, 1864-1871) era un beodo o que José Ballivián (Presidente de Bolivia, l841-1847) tuvo amoríos con la escritora argentina Manuela Gorriti, la esposa de Manuel Isidoro Belzu (Presidente de Bolivia, 1850-1855), pero deducir de lo anterior, y de hechos similares, que toda la historia nacional es siniestra, baja, sanguinaria, ruin o, en el mejor de los casos, extravagante y risible, como dice Arguedas, es caer en la triple tergiversación anotada. Por tanto, es indudable que el nacionalismo boliviano, como todos los nacionalismos del mundo, contiene elementos de irracionalismo, telurismo, miticismo, biologismo y algunos otros "ismos" adicionales. Sin embargo, tales referencias son complementarias al pensamiento nacional y no su esencia, ya que lejos de basarse en el "nacionalismo alemán", se afinca en la defensa del país frente a la opresión foránea y en tratar de estructurar el Estado nacional.

Tampoco es evidente que el nacionalismo boliviano se hubiera declarado, a través del indoamericanismo, "enemigo del blanco y del indio y partidario del mestizo". Montenegro, al abordar el tema, reivindica a fondo la figura del mestizo Pedro Domingo Murillo (protomártir de la revolución paceña del 16 de julio de 1809), pero destaca que la fuerza de la esta revolución residió, precisamente, en amalgamar, dentro de la Junta Tuitiva, a criollos, como Juan Pedro Indaburo, así como a representantes indígenas, como Roxas. No es lo mismo, por tanto, ser enemigo "del blanco" que adversario de la oligarquía. Lo primero implica un criterio racista, lo segundo un concepto político y socio-económico que abarca a un grupo intermediario en la extracción de los recursos naturales del país, cualquiera sea el color de su piel.

Simón I. Patiño (1860-1947), el más importante de los "barones" del estaño, es mestizo por donde se lo mire, lo que no impidió que Paz Estenssoro, Montenegro y Céspedes lo atacaran de manera implacable, el primero desde el parlamento, el segundo principalmente desde el periodismo y el tercero a través de su famoso libro "Metal del Diablo". El término "indoamericano", acuñado por Víctor Raúl Haya de la Torre, es sinónimo de síntesis, no de exclusión de lo indígena y lo americano, más allá de frases sueltas con las que se pretendería desvirtuar este concepto. Es, en pocas palabras, una expresión de la alianza de las clases oprimidas, la que sería absurdamente debilitada si se filtraran odios contra lo blanco o lo indígena.

El tema de fondo reside en advertir que la historiografía boliviana se divide en un antes y un después de "Nacionalismo y Coloniaje". Su fuerza emerge del rescate del "hombre boliviano", desde el indígena hasta el criollo, abigarrados en nuestro mestizaje, que compendia la incesante influencia mutua de culturas diversas, pero no estáticas. Es una respuesta a la furiosa denigración del país difundida por Alcides Arguedas, en toda su obra, pero, de manera especial, en su "Pueblo Enfermo". Allí donde Arguedas desprecia a nuestras culturas, Montenegro enfatiza el coraje, resistencia y perseverancia de las rebeliones indígenas, que tuvo en Tupaj Katari a su mayor exponente en el Alto Perú. Destaca al Mariscal Andrés de Santa Cruz y Calahumana, hijo de un militar español y una princesa aymara y forjador de la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839), como al más grande estadista de nuestra historia. Allí donde Arguedas considera que el cholo (sinónimo de mestizo) es la suma de defectos del indio y del blancoide, Montenegro encuentra la símbiosis de una nacionalidad capaz de construir su propio destino. Si "Nacionalismo y Coloniaje" es la proyección positiva del ser humano que habita nuestro suelo, "Las Inversiones..." es la denuncia del despojo de recursos naturales, soberanía y dignidad que sufrimos los indoamericanos, desde que fracasamos en el intento de construir la Patria bolivariana. Por esta razón, la obra de Montenegro constituye un todo armónico y coherente, que contribuyó a materializar una de las tres grandes revoluciones nacionales del Siglo XX latinoamericano. Ellas son, en orden cronológico, la mexicana, de 1910, la boliviana, de 1952, y la cubana, de 1959. Con relación a Sergio Almaraz no reconocer que todos sus libros arrancan de la contradicción fundamental, naciones opresoras, países oprimidos, demuestra los prejuicios stalinistas con los que Albarracín se acerca a la obra de otro de los símbolos del pensamiento nacional.

Notas bibliograficas

7.- Juan Albarracín Millán: (Ob. Cit.). Páginas 5 a 9.

8.- Carlos Montenegro: "Nacionalismo y Coloniaje". Librería Editorial "Juventud". La Paz ? Bolivia. 1984. Página 75.

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