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Actualizado el 2003-09-04 a horas: 11:48:28

El gonismo y los gonistas

El gonismo y los gonistas Andrés Soliz Rada I.- El Gonismo El gonismo, expresión política y económica justificadora de los gobiernos de Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL), 1993-1997; 2002-2007, es, no sólo la antítesis del nacionalismo revolucionario, sistematizado por Carlos Montenegro, sino, al mismo tiempo, la correa de transmisión de los intereses imperiales. No faltan ingenuos, de buena y de mala fe, que confunden al Estado agresivo y expansionista de las metrópolis, con el Estado defensivo que necesitan las semicolonias.

Andrés Solíz Rada

Andrés Solíz RadaAbogado y periodista y ex parlamentario. En los últimos 30 años fue uno de los más destacados defensores de los recursos naturales en Bolivia. Fue el primer ministro de Hidrocarburos de la gestión de Evo Morales.

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El gonismo y los gonistas

Andrés Soliz Rada

I.- El Gonismo

El imperialismo, hoy encubierto por la palabra "globalización", domina en las colonias a través de sus tropas y de gobernantes enviados desde las metrópolis. Las semicolonias, en cambio, aparentan ser soberanas, ya que tienen presidentes electos, parlamento, FFAA, escudo, bandera e himno nacional, pero, al no poder retener los excedentes económicos que generan, se hallan también sometidas, en mayor o menor medida, a los dictados imperiales. En consecuencia, esta dominación opera a través de clases sociales y grupos económicos que canalizan la succión anotada. Si bien la dominación imperial es permanente, su éxito, mayor o menor, depende del grado de resistencia de pueblos y gobiernos, como ocurre en Brasil, México, Venezuela o Chile, países que lograron conservar sus empresas estratégicas. Es innegable que los estados nacionales están en retroceso en todo el mundo periférico, pero una cosa es entregarse atado de pies y manos a las transnacionales y otra replegarse de manera ordenada, a fin de evitar el desmantelamiento estatal.

El gonismo, expresión política y económica justificadora de los gobiernos de Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL), 1993-1997; 2002-2007, es, no sólo la antítesis del nacionalismo revolucionario, sistematizado por Carlos Montenegro, sino, al mismo tiempo, la correa de transmisión de los intereses imperiales. No faltan ingenuos, de buena y de mala fe, que confunden al Estado agresivo y expansionista de las metrópolis, con el Estado defensivo que necesitan las semicolonias. Esta confusión resulta letal para la sobre vivencia del país. Lo anterior explica el por qué las Embajadas de los centros de poder mundial, los organismos financieros internacionales y las trasnacionales sustentan al gonismo. No es casual tampoco que el brazo financiero del Banco Mundial, la International Financial Corporatión (IFC), sea socio de COMSUR la empresa del Presidente, y que el propio GSL sea miembro del Instituto de las Américas y del Consejo de las Américas, junto a representantes de las petroleras más grandes del mundo. A su vez, COMSUR, de manera directa o indirecta, tiene intereses en empresas instaladas en Argentina, Chile, Brasil, Perú, Malasia, Tailandia y en el continente africano (Fuente: Econoticias - Bolivia. Febrero de 2003). En todas partes del mundo, un gobernante es el defensor de su país frente a poderes extranjeros, pero en Bolivia, el Presidente Sánchez de Lozada es el representante de empresas foráneas frente al país que debería defender.

Los apoyos externos al gonismo confluyen con intereses internos, vinculados al capital foráneo. La quiebra de Bancos nacionales ha coincidido con una mayor presencia de la Banca extranjera, preferentemente española. Las grandes casas importadoras tienen, asimismo, intereses diferentes a los del país. La ocupación extranjera, acentuada por el gonismo y que la dupla Banzer - Quiroga no pudo o no quiso contener, se ha extendido ahora a poderosos medios de comunicación, a través del grupo "Prisa" también de España. Los industriales vinculados al mercado interno estaban obligados a detener al gonismo. Pero no fue así. Recuérdese que el ex presidente de la Confederación de Empresarios Privados, José Luis Camacho, propietario de una empresa de servicios petroleros, exigió a gritos la privatización de las refinerías. Ahora, también los empresarios nacionales lloran a lágrima viva los resultados de un modelo sin crecimiento y anclado en la beneficencia, en tanto se planifica el uso del gas boliviano para petroquímicas, termoeléctricas y refinerías en países vecinos.

El Estado nacional no es productor de nada. Tampoco es fiscalizador, ya que ha delegado estas funciones a Superintendentes pagados por las trasnacionales. La fiscalización y la representación de los ciudadanos bolivianos en las ex entidades estatales, denominadas empresas capitalizadas, están a cargo de Administradoras de Fondos de Pensiones (AFPs), manejadas, asimismo, por transnacionales. No tenemos ni siquiera un Estado "registrador", ya que la entidad encargada del registro de empresas comerciales también ha sido privatizada. Para cerrar el dogal, se niega al país la información para defender sus intereses, ya que GSL ha vetado la Ley de "Transparencia Informativa", aprobada en la legislatura pasada.

II Los Gonistas

El gonismo no es sólo la imposición de poderes económicos foráneos sobre una débil semicolonia. Es también la aplicación de un proyecto político exitoso. En esta materia, Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL) supo convertir al histórico MNR en una filial de COMSUR, ya que, en la convención del MNR, de 1993, impuso un nuevo estatuto partidario, redactado por la consultora norteamericana Sorensen. Convirtió en candidato vicepresidencial al katarista Víctor Hugo Cárdenas, hoy menospreciado por el gonismo, quien aportó importante cantidad de votos para los comicios del 93. Entre 1993 y 1997, el periodo de mayor destrucción del Estado nacional en nuestra historia, GSL cogobernó con el "izquierdista" Movimiento Bolivia Libre (MBL), conducido por Antonio Aranibar, Miguel Urioste y Juan del Granado.

Importantes Fundaciones, como "Ildis" (dirigida por Carlos Toranzo), "Milenio" (a cargo de Horst Greve) y "Hanns - Seidel", controlada por Acción Democrática Nacionalista (ADN), del fallecido general Banzer, organizaron decenas de seminarios y talleres para mostrar las "ventajas" de aniquilar al Estado. Jorge Canelas, como director de los periódicos "La Razón", primero, y "La Prensa", después, se convirtió en el guardián de la desestatización en el periodismo escrito. En el ámbito televisivo, la red Periodistas Asociados de Televisión (PAT), integrada por los tres mosqueteros del gonismo: Carlos Mesa (hoy vicepresidente de la República), Mario Espinoza y Amalia Pando, demolieron con críticas sesgadas a los "trasnochados" estatistas. Lupe Cajías pasó de redactora del contestatario Semanario "Aquí" a Secretaria de Lucha contra la Corrupción, financiada, en el actual gobierno, por las embajadas de EEUU y de países europeos. Importantes seguidores del líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz, como Cayetano Llobet, Germán Gutiérrez Gantier y Roger Cortés, también fueron afectados por la viruela "gonista". Felizmente, algunos de ellos, como Roger Cortés y Horst Greve, han retornado al campo nacional.

GSL provocó también fisuras en la Iglesia Católica. Aún hoy es claro el enfrentamiento entre gonistas a pecho descubierto, como Monseñor Juarez, el jesuita José Gramount y el presbítero Fernando Rojas, con críticos certeros del ALCA y del neoliberalismo, como el dominico Gregorio Iriarte. Existen decenas de otros gonistas que no figuran en estas líneas, debido a que nuestra intención reside sólo en mostrar sus lineamientos políticos fundamentales. Lo cierto es que, más allá de intereses sólo económicos, hubo intelectuales que se enamoraron del "gonismo" por la Participación Popular (PP), que logró incrementos en los presupuestos de los municipios, de acuerdo al número de sus habitantes. Este fue el distractivo que se utilizó para que el país no advirtiera la tragedia de enajenar sus hidrocarburos. Otros justificaron su ceguera aduciendo que había que terminar con el corrupto estatismo. No se entendió que la corrupción estatal puede ser contenida por los propios bolivianos, quienes, después de cada elección, tenemos la posibilidad, así sea teórica, de marginar a los corruptos. El eliminar la corrupción neoliberal, en cambio, no depende de nosotros, ya que está protegida por grandes potencias, organismos internacionales y poderosas empresas foráneas.

Se dijo, finalmente, que defender a GSL era defender la democracia. Hace pocos días, Cayetano Llovet se proclamaba demócrata como respuesta al ex mayor de policías David Vargas, quien criticaba su inconsecuencia con Quiroga Santa Cruz, el artífice civil de la nacionalización de la Gulf. Pero ¿quien es demócrata hoy en día? ¿Será George Busch, que usa la democracia para justificar sus genocidios en Irak y Afganistan, o GSL que proclama una democracia respaldada sólo por la Embajada de EEUU y por una cúpula militar sometida con prebendas? ¿Es que no puede existir una democracia nacional y popular, con referendums, control social y participación ciudadana?

Lo cierto es que los gonistas de 1993 a 1997, a nivel de respaldo político, no son los mismos que los de ahora. Sólo la Unión Cívica Solidaridad (UCS) permanece vinculada a GSL, como lo estuvo con Banzer, por razones impositivas. El MBL, sin autocrítica alguna, aparece ahora como antineoliberal. Los nuevos aliados del "gonismo", el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) y Nueva Fuerza Republicaba (NFR), previamente castrados por el banzerismo (como le ocurrió a la extinguida CONDEPA), ingresaron al gobierno con el discurso de frenar al "gonismo". Mero pretexto para lactar del poder. El apoyo popular a GSL apenas llega al 10 %. Sin embargo, para derrotar al gonismo se necesita de un movimiento nacional y popular, capaz de aglutinar al conjunto de la nación oprimida.

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