Sábado 17 de noviembre del 2018
 
x

¿Olvidó su contraseña?

Área: Seguridad >> Coca y narcotráfico
Actualizado el 2002-12-11 a horas: 19:33:42

Estudio comparativo: La cobertura del Plan Colombia en la prensa de Perú, Bolivia y Colombia

Estudio comparativo: La cobertura del Plan Colombia en la prensa de Perú, Bolivia y Colombia Investigador: Javier Ponce La ejecución del Plan Colombia representa, para la región, un evento geopolítico de gran impacto. Por ello, la cobertura de los medios de comunicación es importante, dado que los periodistas a más de transmitir información generan opinión pública. Esto deja ver lo trascendente de su papel, ya que la cantidad y calidad de información es la que permite a las sociedades actuar frente a los distintos problemas que enfrenta.

  • Artículos relacionados

Artículos que le pueden interesar

Estudio comparativo: La cobertura del Plan Colombia en la prensa de Perú, Bolivia y Colombia

Estudio Comparativo

Investigador: Javier Ponce

Noviembre, 2002

1. Introducción:

La ejecución del Plan Colombia representa, para la región, un evento geopolítico de gran impacto. Por ello, la cobertura de los medios de comunicación es importante, dado que los periodistas a más de transmitir información generan opinión pública. Esto deja ver lo trascendente de su papel, ya que la cantidad y calidad de información es la que permite a las sociedades actuar frente a los distintos problemas que enfrenta.

Por estas razones, el Proyecto Latinoamericano de Medios de Comunicación de la Fundación Friedrich Ebert (FES) realizó en el año 2001 el estudio comparativo "La Cobertura del Plan Colombia en la Prensa de Ecuador, Colombia, Venezuela, Brasil y Estados Unidos". En el estudio se confirmó que si bien la ejecución del Plan Colombia tiene impacto regional, su cobertura se ha reducido a informaciones fragmentarias y sin contexto, limitándose con frecuencia al registro de ciertos hechos, referidos al conflicto armado colombiano y el plan norteamericano de lucha contra el narcotráfico. La cobertura de la prensa subraya, únicamente, las consecuencias más visibles y dramáticas de la aplicación del Plan, sin ahondar en sus dimensiones mayores.

Según este estudio, de julio a septiembre del 2001, la información privilegió las fuentes oficiales. De ahí que, la cobertura en la prensa expresaba el temor de los países por el posible traslado del conflicto interno de Colombia a sus territorios. Hasta el año anterior, tanto el conflicto interno como el Plan Colombia eran analizados como eventos de página internacional, es decir suscritos, exclusivamente, a Colombia.

Las verificaciones del estudio corresponden a un análisis anterior a los efectos del ataque a Estados Unidos, el 11 de septiembre del 2001, y su posterior contra-ataque a Afganistán. Es indiscutible que este hecho transformó las relaciones geopolíticas mundiales.

En correspondencia al contexto mundial, en la región han sucedido hechos importantes respecto a la ejecución del Plan Colombia. Así, entre los más significativos tenemos: la ruptura de los diálogos de paz (Farc/Fln-Gobierno Colombiano) y la intensificación del apoyo financiero estadounidense al gobierno y fuerzas armadas colombianas, para la llamada "lucha contra el narcotráfico y el terrorismo". Este apoyo también se ha dado, aunque en menor medida, a Bolivia y Perú por ser países productores de coca.

Los medios de comunicación han reseñado estos acontecimientos sin mayor profundización. La cobertura ha dificultado, en la sociedad civil y los gobiernos de los diferentes países afectados, que se reconozca la incidencia regional del Plan, así como que se piensen salidas negociadas (políticas) o mediadas, al presentar la salida militar como única. La información que se emite es dispersa y no posibilita tener una lectura articuladora del tema. A ello se une el limitado acceso a la información, tanto por el carácter militar de la mayor parte del Plan Colombia, como por su ejecución en zonas de difícil acceso para la prensa.

Ante las nuevas condiciones mundiales y regionales es imprescindible retomar el análisis de lo que los/las periodistas se encuentran produciendo y llevarlo a la reflexión y debate público, para generar audiencias informadas y con mayores posibilidades de acción.

Este proyecto contempló, en su primera fase, el estudio comparativo "La Cobertura del Plan Colombia en la Prensa de Ecuador, Colombia, Venezuela, Brasil y Estados Unidos". Así también, se realizaron dos foros internacionales, en Quito y Bogotá, en noviembre del 2001, con el fin de llevar al debate público los resultados de este estudio, que recogía lo que los/as periodistas de la región se encontraban produciendo sobre el tema. En este año, ampliaremos la investigación y los foros a Perú y Bolivia y, verificaremos los cambios suscitados en Colombia.

En el presente estudio las preguntas siguieron siendo las mismas que en el estudio anterior: qué diferencias y similitudes es posible encontrar en el tratamiento de prensa en los distintos países; qué rol asignan los medios a cada actor de la información en el caso del Plan Colombia y el impacto y las implicaciones que la prensa señala en cuanto a la ejecución del plan; qué temáticas específicas relacionadas con el Plan Colombia y en qué volumen y nivel de importancia son expuestas en los medios.

2. Metodología:

Se ha realizado un estudio, cuyo objeto de análisis fueron las noticias, editoriales, artículos de opinión y reportajes. Su intencionalidad fue determinar la manera cómo los periódicos de mayor circulación en Colombia, Perú y Bolivia cubren los hechos relacionados al Plan Colombia y con ello dar cuenta de las distintas percepciones y lecturas que sobre el mismo evento se mantiene en estos países.

2. 1. Objetivo General:

· Realizar un estudio comparativo de la información emitida por los periódicos de mayor circulación en Colombia, Perú y Bolivia sobre el Plan Colombia.

2.2. Objetivos Específicos:

· Identificar las diferencias y similitudes que guardan las entregas informativas de los periódicos de Perú, Bolivia y Colombia y, adicionalmente, analizar los cambios suscitados en Colombia entre la obertura del año pasado y la actual.

· Establecer cómo se da la cobertura del Plan Colombia en los periódicos investigados, a partir de la especificación de los temas, fuentes, actores sociales citados y sus posturas, determinando las tendencias informativas presentes.

· Establecer la visión de la prensa sobre el impacto e implicaciones regionales del Plan Colombia.

· Determinar el impacto e implicaciones del 11 de septiembre en la cobertura de prensa sobre el Plan Colombia en Perú, Bolivia y Colombia.

2.3. Metodología de trabajo:

La metodología de trabajo se fundamentó en los siguientes criterios:

2.3.1. Objeto de análisis:

Los géneros periodísticos tratados fueron:

· Noticia (información)

· Reportaje (análisis)

· Editorial (opinión del periódico)

· Artículos de opinión

2.3.2. Enfoque del estudio:

El estudio se desarrolló tanto desde un enfoque cuantitativo, como cualitativo.

Enfoque cuantitativo:

· Se midió la frecuencia con que aparece o se repite la información sobre Plan Colombia. Esto, con el fin de determinar la recurrencia de los temas especificados en el item 2.3.3.

Se midió la importancia asignada al Plan Colombia por su ubicación en el cuerpo del periódico.

Se midió en los géneros periodísticos analizados la agenda de atributos de la información (es decir, si se trata de la descripción escueta de los hechos o, si por el contrario, la información es analítica y/o valorativa).

Se realizó un balance de las fuentes a las que acuden los medios y los actores sociales a los cuales hacen referencia.

Se registraron las variaciones entre la cobertura de julio a septiembre del 2001, de los periódicos colombianos (EL Tiempo, El Colombiano) y la de abril a julio del 2002.

Se elaboraron cuadros estadísticos y gráficos para registrar los datos obtenidos.

Enfoque cualitativo:

· Lo cualitativo se desarrolló con base en el análisis de los mensajes manifiestos del material tratado. Se realizó un análisis comparativo de las noticias, reportajes, editoriales y columnas de opinión, que explique las diferencias y similitudes que presentan los periódicos de cada país en:

- la cobertura de los temas referentes al Plan Colombia

- las fuentes y actores nombrados e involucrados en la cobertura

o las posturas u opiniones que emiten sobre el tema las fuentes y actores sociales

· Se realizó un análisis explicativo de las tendencias predominantes en los periódicos investigados respecto a los temas cubiertos, las fuentes y actores nombrados, las posturas existentes, la influencia del contexto mundial, así como la percepción territorial que tienen Perú y Bolivia sobre el Plan Colombia.

2.4. Período a ser investigado:

A partir del 15 de abril hasta el 15 de julio del 2002.

2.5. Temas de análisis:

Este período de análisis se remitió a los siguientes temas:

· fumigaciones

· narcotráfico

· terrorismo

· militarización de la región

· acciones de la sociedad civil

· Impactos sociales y económicos del Plan Colombia:

o desplazamiento de poblaciones de frontera

o situación económica de las poblaciones de frontera

· percepción territorial del Plan Colombia:

o percepción nacional

o percepción binacional

o percepción regional

2.6. Periódicos analizados:

PAIS PERIODICO ANALIZADO

Colombia · El Tiempo

· El Colombiano

Perú· La República

· El Comercio

Bolivia · La Razón

· El Deber

3. Aclaraciones metodológicas:

En comparación al estudio anterior, en la presente investigación se mantuvo los mismos parámetros metodológicos, pero con una variación: se ampliaron los temas cubiertos, ya que se detectó como indispensable la necesidad de tomar en cuenta no solo las informaciones directamente referidas al Plan Colombia, sino las que están indirectamente vinculadas. Esto, porque como lo dice el destacado periodista y articulista de Colombia, Xavier Restrepo: "diferenciar el Plan Colombia del conflicto armado colombiano es como querer separar al hombre de su sombra".

Por tanto, al item "Plan Colombia" le hemos agregado en las matrices de nuestro estudio lo referente al conflicto armado colombiano y hemos subdividido el tratamiento de la temática teniendo en cuenta sub items como "terrorismo" "intervención de Estados Unidos" "intervención internacional" y esfuerzos por un "Diálogo por la paz" en Colombia.

En el primer estudio, concluido inmediatamente después del atentado del 11 de septiembre en Nueva York, comenzamos a detectar que el tema comenzaba a ser dominado por un nuevo ángulo de lectura que subyacía en el conflicto, pero que no era evidenciado por razones de la negociación entre el gobierno y la guerrilla: el terrorismo.

Para entonces, habíamos señalado dos síntomas del giro que tomarían los hechos hacia la consideración, en la información, de un fenómeno de terrorismo: la importancia que dieron los medios a la presencia de miembros del IRA en Colombia como un elemento que llevaba a sospechar vinculaciones internacionales con grupos tratados como "terroristas"; y algunos artículos de opinión aparecidos inmediatamente después del 11 de septiembre en los diarios colombianos y que hablaban de que Estados Unidos comenzaba a vivir algo que para Colombia era ya una realidad conocida: el terrorismo.

Simultáneamente es posible observar, en este segundo estudio en comparación con el primero, la forma como con el transcurso del tiempo se han modificado drásticamente ciertas situaciones y comportamientos de los medios. A riesgo de adelantarnos en el análisis, señalaremos solamente que, perspectivas regionales del Plan Colombia como la llamada Iniciativa Regional Andina, que vendría a reemplazar al Plan, han sido totalmente abandonadas y han salido de la agenda de los medios de comunicación. Más aún, el propio Plan Colombia se ha diluido como programa específico para dar paso a acciones "antiterroristas" que ya ni siquiera necesitan un nombre ni requieren de un programa tortuosamente debatido entre Estados Unidos y nuestros países hasta perder imagen antes, incluso, de comenzar a aplicarse. Se han impuesto, más bien, con toda su contundencia, los hechos desnudos.

4. Los temas investigados:

4.1. Terrorismo, narcotráfico y militarización de la región:

El Plan Colombia se diluye en la Cruzada Antiterrorista

El Plan Colombia, formulado, reformulado, anunciado, desmentido y finalmente acordado a fines del año 2000, ha vivido durante estos dos años sucesivos cambios de orientación.

Fue planteado, inicialmente, por el gobierno colombiano como un plan de desarrollo y construcción nacional en el contexto de un proceso de planificación. En un segundo momento fue formulado por Estados Unidos bajo un enfoque represivo del narcotráfico y geopolítico militar. En las negociaciones con la Unión Europea adquirió nuevas características, al asignarse prioridad a los aspectos sociales y de desarrollo alternativo, buscando así paliar las críticas a la administración del presidente Clinton. En un siguiente momento el actual presidente de los Estados Unidos rebautizó el Plan Colombia con el nombre de Iniciativa Regional Andina (IRA), extendiéndolo a los países vecinos e incluyendo algunos programas de cooperación en el ámbito económico y social".

En esos términos resume el informe "Mito y Realidad de la Ayuda Externa. América Latina al 2002" producido por la Asociación Latinoamericana de Organizaciones de Promoción ALOP. A la luz de nuestro estudio podríamos agregar que las modificaciones han continuado casi vertiginosamente en este año 2002, hasta encontrarnos con que el Plan Colombia es un referente de los discursos oficiales en nuestros países y una consigna política de la oposición radical, cuando en verdad el análisis de los diarios de la región y de la misma Colombia nos hacen pensar que el Plan Colombia se convirtió en un fantasma del discurso para convertirse en una estrategia más o menos disfrazada de la geopolítica norteamericana después del 11 de septiembre.

En los seis periódicos analizados, que representan un volumen de alrededor de 550 ediciones, hemos encontrado apenas 24 unidades de información referidas total o parcialmente al Plan Colombia. De esas 24, 20 corresponden a los dos diarios colombianos incluidos en la muestra. Pero lo más significativo del caso es que el 80% de estas notas en el caso de los diarios colombianos se refiere al escándalo de desviación y malversación de alrededor de dos millones de dólares de los fondos asignados por Estados Unidos a la lucha antidrogas, se presupone que en el marco del Plan Colombia; y la totalidad de las notas aparecidas en los diarios peruanos y bolivianos se refieren a dicho escándalo. Esto es, apenas cinco o seis notas dan cuenta de la marcha del Plan y solo tres de ellas hacen referencia a las fumigaciones de las plantaciones de coca. Finalmente, de estas tres, solo una tiene a las fumigaciones como tema central. Al tiempo que el tema de los refugiados de frontera desaparece en la medida en que la frontera peruana con Colombia tiene muy escasa población y los que escapan de la guerra o de las fumigaciones van hacia el lado ecuatoriano; y porque Bolivia no tiene frontera con Colombia.

Decimos que se presupone la vinculación de este escándalo de corrupción con el Plan Colombia porque éste engloba la ayuda norteamericana antidrogas, y así lo interpretan algunas de las notas aparecidas en Colombia y todas las notas reproducidas en los diarios peruanos y bolivianos. Sin embargo, el presidente Pastrana hace esfuerzos por diferenciar las dos cosas y afirma que "no vamos a dejar que se diga que en el Plan Colombia hay corrupción". El problema, para Pastrana, se ubica en los apoyos regulares para la lucha contra el narcotráfico, como si aquello no tuviese nada que ver con la filosofía del Plan Colombia.

Si comparamos estos datos con lo que ocurría en la prensa entre julio y septiembre del 2001, vamos a encontrarnos con una disolución en los hechos del tema Plan Colombia. En efecto, si tomamos de la muestra solamente los periódicos colombianos, El Tiempo y El Colombiano -pues los peruanos y bolivianos no fueron estudiados en la investigación del 2001-, nos encontraremos con que, en el 2001 registramos 73 notas en torno al Plan Colombia y la política con respecto a las drogas y 72 unidades informativas en torno a las fumigaciones. Este volumen, como ya lo indicamos, ha caído drásticamente en el 2002 alcanzando apenas 24 unidades informativas.

Algunas de las conclusiones recogidas en el análisis anterior ya no pueden aplicarse en esta ocasión: no encontramos una cierta ruptura existente entre información y opinión, en el sentido de que la primera ponía en duda la legitimidad de una campaña de fumigación con efectos tan graves sobre la población afectada, mientras las columnas de opinión tendían a justificar la erradicación de la coca con esos métodos. Si en el 2001 el tema de las fumigaciones resumía en gran medida el conflicto interno colombiano, la información en el 2002 se desplaza hacia la confrontación directa del Estado con la guerrilla, marcada por la crisis de los alcaldes y los funcionarios estatales perseguidos por las Farc, o por los efectos de la guerra sobre la población civil. El tema ya no es el Plan Colombia. Y si en el estudio anterior encontrábamos que la prensa, generalmente a través de dramáticos reportajes, exponía la situación de los evacuados por las fumigaciones, ahora el centro de esta preocupación serán los propios desplazados por la guerra, que, según cifras oficiales, se incrementaron en un millón en los últimos meses, con un promedio de mil diarios.

Podríamos tejer muy diversas hipótesis para explicar este hecho, en vista de que no hemos encontrado en los diarios estudiados ningún análisis de este cambio tan radical.

La más simple de las hipótesis sería asumir que la opinión pública colombiana ha incorporado el Plan Colombia a sus rutinas institucionales y que, por tanto, aquella propuesta novedosa y polémica de los momentos iniciales es ya un asunto tan corriente que incluso cuando se suspende la ayuda norteamericana por efectos de la corrupción detectada, una autoridad policial entrevistada por la AFP afirma que, a pesar de dicha suspensión, las fumigaciones y la interdicción de los vuelos sospechosos de trasladar droga continúan regularmente, como si fuesen una rutina militar.

Han desaparecido de los medios las impresionantes revelaciones -abordadas generalmente a través del más "dramático" de los formatos periodísticos, el reportaje- sobre los efectos de las fumigaciones en la población, particularmente de la amazonía fronteriza con Ecuador. Entre paréntesis, esste abandono del tema ha sido posible también observar en la prensa ecuatoriana que, para 2001 constituía uno de los temas dominantes para el trabajo reporteril. De todos modos, la acción de represión de los cultivos a través de las fumigaciones continuó tratándose reservadamente y los cambios de política obedecieron a diversas causas. Tan es así que el presidente Pastrana negó que la suspensión de la intervención de 33 helicópteros en las acciones de fumigación responda a la suspensión momentánea de la ayuda norteamericana, pero tampoco precisó, ni él ni las fuentes policiales, a qué respondió dicha suspensión.

Una segunda hipótesis y que preferimos, se refiere a que la política antidrogas de Estados Unidos y Colombia ha sido subsumida dentro de la guerra contra las FARC. Ya no encontramos en los medios las diferenciaciones que podían existir entre narcotráfico y guerrilla, y la representación norteamericana en Colombia -tal como lo testimonia una entrevista concedida a los medios colombianos por la embajadora norteamericana- ya no oculta el uso de los recursos y material del Plan Colombia en el combate a la guerrilla. A tal extremo, que un largo reportaje aparecido en El Tiempo revela de qué modo el gobierno colombiano aplica en el combate a la guerrilla los mismos métodos y estrategias aplicadas en el combate a los carteles de la droga; y el régimen de Pastrana se dedicó en las últimas semanas a poner precio a las cabezas de las FARC como lo hacía en el pasado con los capos del narcotráfico; al tiempo que comienza a aplicarse la extradición de los jefes guerrilleros apresados para ser juzgados en Estados Unidos por tráfico de estupefacientes.

Este forma como ciertas políticas particulares antidrogas entran desembozada y abiertamente en las estrategias y motivaciones geopolíticas y militares de Estados Unidos, comienza a evidenciarse no solo en el caso del Plan Colombia. Durante la investigación, incluimos en la muestra de unidades de información seleccionadas todas las que hacían referencia al Acuerdo de Preferencias Arancelarias Andinas ATPA, que fuera una iniciativa en el marco del combate al tráfico de drogas. En efecto, Estados Unidos concedió a los países andinos un tratamiento arancelario especial a alrededor de mil productos como compensación por la lucha antidrogas y el combate a los sembríos de coca en estos países. Sin embargo, cuando se trató de la renovación del acuerdo, se evidenciaron dos hechos: el interés del gobierno de George W. Bush de ratificarlo para asegurarse el respaldo de estos países a su cruzada antiterrorista; y la resistencia de los demócratas a la ratificación por razones de política interna.

Más aún, todo el debate sobre el ATPA giró en torno a las conveniencias comerciales y no a la lucha antidrogas. En ningún momento, de las notas de prensa que hemos podido estudiar, la argumentación del Congreso para oponerse a la concesión de preferencias arancelarias giró en torno a una evaluación de la lucha antidrogas. Las preocupaciones estaban más bien en torno a motivos de otra naturaleza como la competencia con la producción norteamericana como el caso de los textiles, o a cláusulas del ATPA que inicialmente no fueron las centrales, como que un país beneficiario "no haya desconocido decisiones de arbitraje a favor de ciudadanos estadounidenses" (El Colombiano 18 mayo 2002). El tira y afloja entre republicanos y demócratas incluyó otras preocupaciones adicionales como la situación de los trabajadores de las ramas de productos afectadas por la ATPA, evocada por el líder de la mayoría demócrata en el Senado ((El Colombiano 3 mayo 2002), y la inclusión de la lucha contra el terrorismo en el compromiso de la ATPA (El Tiempo 24 mayo 2002).

Nos ratificamos, por tanto: del Plan Colombia y de la ATPA van desapareciendo las motivaciones referidas al combate al narcotráfico. Políticas específicas como el Plan Colombia o el ATPA dependen más de la lucha antiterrorista o de las negociaciones comerciales que de sus motivos iniciales.

Coincidencialmente vamos a encontrarnos con que, en la medida en que el tema del Plan Colombia desaparece de las páginas de los diarios, toma enorme fuerza el tema del terrorismo y de la intervención de Estados Unidos y de Europa en el conflicto colombiano.

"Terrorismo": sin ambajes

En el análisis realizado en el 2001 de la prensa norteamericana -New York Times y Miami Herald- ya fue posible detectar el poco interés específico por el Plan Colombia. Y en el resto de la región, aquella expectativa por la ayuda norteamericana a los países vecinos a propósito del Plan Colombia se ha perdido y los análisis tienden a confundir Plan Colombia con la Cruzada Antiterrorista norteamericana, que es la que verdaderamente está volviendo "regional" al conflicto colombiano. Si en el estudio anterior anotábamos que "ninguna nota de prensa aparecida en cualquiera de los países analizados, hizo referencia al uso en el operativo militar de material y apoyo norteamericanos comprometidos en el marco del Plan Colombia", hoy podemos constatar que el involucramiento del material bélico y de la asesoría humana norteamericanas en el conflicto armado interno de Colombia pasó a ser inadvertido o "natural". Del silencio sobre ese tipo de vinculaciones hemos pasado a verlas como parte de la rutina de guerra.

Nos preguntamos si los dramáticos testimonios de los campesinos afectados por las fumigaciones se agotaron. Si aquella "paranoia informativa" como se llamó a la alarma de los medios en torno a las fumigaciones, a dado paso, por efectos de los flujos y reflujos, a la indiferencia sobre lo que está ocurriendo en las zonas del Putumayo. Del temor a la invasión de refugiados expulsados por las fumigaciones, los países vecinos (como lo demuestran dos o tres notas de la prensa peruana) han pasado a preocuparse por el contagio guerrillero. El testimonio como eje de la construcción informativa y que, según afirmábamos en la ocasión anterior, contrarrestaba la inaccesibilidad a las fuentes de información oficiales, se ha ido perdiendo. En el estudio del 2001 los reportajes eran el tercer género más utilizado, luego de la crónica y la nota corta, hoy sigue siendo tercero pero a gran distancia de los dos anteriores.

Señalábamos en los prolegómenos de este documento, que en el estudio del 2001 comenzamos a percibir que el tema del terrorismo tomaba cuerpo en la preocupación de los medios informativos, particularmente de Colombia. Hoy, esta tendencia se ratifica. Basta ver los números. Si registramos en el 2001 29 unidades informativas referidas al tema en los dos periódicos de Colombia, este número se elevó en el 2002 a 45. Pero no únicamente hay este factor cuantitativo, sino que el tono con el que la prensa trata la información sobre las FARC se ha modificado notablemente. En los artículos de opinión ya no existe aquél interés por argumentar y demostrar el carácter "terrorista"¨de las FARC, por llenarse de razones para comenzar a denominarlos como tales (denominación que no era aún oficial para ese momento); sino que se abordan los problemas de la guerra directamente desde el ángulo del terrorismo.

La información, por su parte, y particularmente los reportajes en la prensa colombiana subrayan la "crueldad" y la "sinrazòn" de las guerrillas. "Nos iban a quemar vivos" se titula un reportaje del diario El Tiempo del 15 de julio, a propósito de un combate entre policías y guerrilleros. Cuando se trata de "bajas" en el ejército, los medios están tentados a hablar del "asesinato" de soldados por parte de las FARC. Si el efecto es el contrario, se habla fríamente de "bajas" entre la guerrilla.

Dos hechos - volveremos más tarde sobre ellos- centraron la atención de la prensa estudiada en los tres países: la matanza de Bojayá por efectos de un misil lanzado por la guerrilla contra una iglesia llena de refugiados civiles; y las amenazas a los alcaldes y otros funcionarios estatales. La importancia dada a estos hechos, a más del explicable horror que produjo la masacre de Bojayá y el peligro de arrinconamiento del Estado frente a la guerrilla, responde, nos parece, a una velada intención por subrayar las dimensiones "terroristas" de las acciones de las FARC.

Un informe Anual del departamento de Estado de Estados Unidos y publicado por El Tiempo (22 mayo 2002) afirma que el 55% del terrorismo del mundo está concentrado en Colombia, al tiempo que la información señala que el 85% de los ataques contra intereses de Washington ocurren en el país latinoamericano; y que existe preocupación por las vinculaciones de las FARC con el movimiento palestino Hezbolá y con el irlandés IRA.

Las políticas antiterroristas internacionales son destacadas por los medios. Particularmente lo hacen y con cierta sorpresa (tanto en Colombia como Perú) cuando la Unión Europea se resiste inicialmente a colocar a las FARC en la lista negra de los terrorismos. Y la prensa colombiana destaca con mayor despliegue cuando finalmente la Unión Europea condena a las FARC, que cuando condena a los paramilitares de las Autodefensas Colombianas AUC. Puede haber quienes expliquen aquello por la importancia mayor de las FARC frente a las AUC.

Es interesante detenerse en el enorme despliegue alcanzado por el tema de los alcaldes amenazados o ejecutados por las FARC. Se trata, sin duda, del ataque más importante de la guerrilla al Estado; y al mismo tiempo es el elemento primordial de la argumentación estatal sobre el carácter terrorista de las FARC, en cuanto busca la destrucción de toda institucionalidad. Una nota aparecida en La República de Lima (10 de junio) se titula "Farc exigen a Uribe que comparta el poder". Se trata de una advertencia de la guerrilla formulada frente a las gestiones del nuevo presidente colombiano para concretar una mediación internacional en la guerra.

Según el diario El Tiempo (14 de julio) los ataques a los alcaldes se convirtieron este año en el eje de la guerra, con 463 de ellos amenazados y varios secuestrados o muertos. Este es, a su vez, el tema más frecuente en los diarios de Perú y Bolivia.

Existe según la prensa, un "pulso de guerrilla y Estado", particularmente durante las semanas previas al proceso electoral colombiano. Se trata, como lo califica El Tiempo (14 de julio) de una estrategia para generar en las regiones un "vacío de poder". El analista de ese mismo diario, Alfredo Rangel afirma que "lo que están haciendo las Farc puede ser el paso más importante en muchos años para el afianzamiento de su control territorial. Y cumple con el doble cometido de erosionar muy seriamente al Estado en las regiones, y demostrar poder, ya no solo en las áreas periféricas ni en las localidades controladas históricamente por la guerrilla, sino también en los grandes núcleos urbanos como Bogotá, Cali o Medellín.

Y con respecto a esto último, la prensa comienza, en estos meses a centrar su preocupación en torno al traslado de la guerra a ciudades como Medellín y Bogotá. El Tiempo abre una de sus ediciones con las revelaciones sobre la capacidad de ataque aéreo de la guerrilla, que podría trasladar la guerra del campo a la ciudad.

Los alcaldes y los asesinados en Bojayá

Durante los tres meses de prensa analizados, los temas de los funcionarios estatales secuestrados, muertos o amenazados y el drama de la iglesia de Bojayá, dominan prácticamente la información de los diarios de la región.

Si en nuestro estudio del 2001 señalamos que el vértigo informativo hizo que la información sobre el Plan Colombia se vuelva enormemente fragmentaria, podríamos en el 2002 aventurar la hipótesis de que la información y la opinión ha ido construyendo una visión homogénea en torno a los actores del conflicto, particularmente en cuanto a la lectura de las Farc como terroristas y al Estado como los constructores de la paz. Hay un esfuerzo por modelar una conciencia que le permita al Estado colombiano limar todos los desacuerdos ciudadanos y gestar una sola política frente a la guerrilla. Y si algo demostró la elección en primera vuelta del presidente Uribe Vélez, un hecho casi inédito, es que el triunfo abrumador del candidato que proclamaba un combate abierto a las FARC respondió precisamente a esta conciencia colectiva generada en gran medida por los medios de comunicación, de la necesidad de una guerra abierta contra ellas.

La prensa peruana pone especial interés en la vinculación del conflicto colombiano con el terrorismo, en la medida en que establece un paralelismo por lo vivido en ese país con sendero Luminoso. Si bien las notas referidas a la guerra misma son las más frecuentes en El Comercio y La República, el terrorismo le sigue en importancia, incluso sobre las connotaciones regionales del conflicto, aunque el tratamiento del terrorismo implica, en cierta forma, la consideración regional de un fenómeno de violencia extrema. En efecto, en los cuatro editoriales registrados durante la investigación y referidos al terrorismo de las Farc (El Comercio 3 mayo, 7 de mayo, 7 junio y 9 de julio 2002), se habla de los guerrilleros como grupos que "ponen en riesgo la seguridad del vecino país y de la región". Es interesante señalar la preocupación editorial de El Comercio sobre el tema, al incluir cuatro editoriales en un universo de 11 unidades de prensa referidas al conflicto colombiano y al Plan Colombia.

A la par que las notas sobre terrorismo significan el 25% de las notas de El Comercio y un 15% en el caso de la República, están editoriales como el de El Comercio (3 mayo 2002) en el que se hace un abierto parangón entre las Farc y Sendero, los dos vinculados al narcotráfico.

El terrorismo también aparece con relativa importancia en los dos diarios bolivianos analizados, aunque en La Razón la preocupación es mayor por los diálogos de paz y la situación de la población civil afectada; y en El Deber hay un cierto énfasis en la información sobre la intervención de Estados Unidos en el conflicto colombiano.

Es significativo observar que El Deber llega a abrir una edición con el anuncio de Pastrana de poner precios a las cabezas de los dirigentes de las Farc, ángulo de las políticas que en este estudio identificamos como tratamiento de terroristas a los guerrilleros. Igualmente El Deber se ocupará en forma destacada de los ataques de las Farc a la institucionalidad representada por los alcaldes.

Los jueces internacionales de la crisis

Mientras al interior de Colombia las preocupaciones sobre la guerra dejan a un lado el tema del Plan Colombia, la intervención internacional también se modifica.

Cuando se discutía el Plan Colombia entre los años 2000 y 2001, era posible encontrar una diferencia significativa entre las formas de intervención de Estados Unidos y de la Unión Europea, principales actores internacionales. Mientras los primeros centraban su asistencia a Colombia en el combate directo a los productores de coca a través de la represión y las fumigaciones, Europa insistía en los programas de recuperación de las poblaciones y de asistencia humanitaria. La Unión Europea llegó incluso a condicionar su asistencia en términos de que sea utilizada exclusivamente en programas de asistencia a la población afectada, y que se priorice el diálogo y la negociación de paz.

En el 2002 la presencia internacional toma un giro. Ya no es el Plan Colombia el eje del debate, aunque Estados Unidos haya renovado su su presupuesto para el Plan por un monto similar al anterior, esto es un mil millones de dólares.

El eje del debate se ha trasladado a la consideración de la legitimidad o ilegitimidad de los actores de la guerra.

En efecto, la información de la región -y particularmente en el Perú dado el interés de renovar la condena a Sendero Luminoso como un grupo terrorista- con respecto a la presencia de la Unión Europea, gira en torno al debate que ésta mantiene sobre si incluye o no a las Farc y a las Autodefensas Colombianas en la "lista negra" del terrorismo. Es significativa la importancia que los medios dan a la decisión europea, como si fuese necesario rodear al conflicto colombiano de los ingredientes necesarios para abordarlo como un combate abierto al terrorismo.

En nuestro estudio de este año, al preparar las matrices que incluimos, agregamos un rubro de análisis referido a la intervención internacional, diferenciada de la intervención de Estados Unidos, en la medida en que este país y la Unión Europea constituyen actores un tanto diferentes.

Por otra parte, en el análisis del año 2001, prácticamente no encontramos información sobre la intervención internacional no norteamericana. Esta vez, la información llega a 34 notas, casi tantas como las referidas a la intervención estadounidense.

Podría leerse este giro, referido no solamente a la información sino a la acción misma del Estado colombiano, como un esfuerzo por sacar a la guerra contra las Farc de la esfera del intervencionismo norteamericano y convertirlo en una causa mundial. En efecto, si los gobiernos anteriores negociaron sustancialmente con Estados Unidos el tema del Plan Colombia y del combate a la guerrilla, el presidente Uribe buscará por igual la mediación y la solidaridad de las instituciones multilaterales como las Naciones Unidas o la Unión Europea y de los gobiernos europeos.

Por su parte, de acuerdo a las informaciones, las Farc buscarán también un espacio dentro de la Unión Europea. En efecto, los diarios colombianos y peruanos informan sobre un viaje secreto del segundo hombre de la guerrilla, Raúl Reyes a Europa, un viaje en torno al cual el gobierno colombiano pidió explicaciones a la Unión Europea, bajo el argumento de que se trataría de un diálogo con el terrorismo.

Pero tal vez lo más claro en cuanto a la intervención extranjera en el conflicto colombiano, lo reiteramos, es la referida al tratamiento, esta vez abierto, de los guerrilleros como terroristas o miembros de una banda de narcotraficantes. Varias informaciones se refieren tanto a las condenas en Estados Unidos de los jefes de las Farc como narcotraficantes, como de los procesos de extradición de los dirigentes que caen presos. La prensa de estos meses recoge con detalle el caso del segundo hombre de uno de los frentes más activos de las Farc, el llamado "Carlos Bolas". Y El tiempo (22 de junio 2002) titula "De combatiente a capo" un reportaje destacado sobre la historia de este primer jefe guerrillero extraditado a Estados Unidos por cargos de narcotráfico, y que, según la información en ciernes, habría sido un "subversivo raso" que, sin embargo, manejó más de cien millones de dólares.

Similar tratamiento da el gobierno colombiano al interior del país a los guerrilleros, pues según una nota recogida en La República de Lima (30 de junio), el jefe de la guerrilla, Tiro Fijo, enfrenta 127 juicios. Ese mismo diario peruano habla (7 de mayo 2002) de ocho órdenes de captura contra los jefes guerrilleros. De paso podemos observar que en la prensa regional, en este caso en la peruana, el tema del conflicto colombiano se ha vuelto tan corriente que se informa sobre lo que ocurre en el interior bajo la presuposición de que los lectores conocen bien la geografía colombiana.

Por otra parte, una declaración del congreso norteamericano recogida por El Colombiano (25 abril 2002) abre las posibilidades a una futura intervención norteamericana mucho más directa en Colombia, similar a la ocurrida en Afganistán. Se trata de un pronunciamiento declarando a Colombia posible semillero del terrorismo internacional. Estas posiciones fueron recogidas por la prensa en momentos en que revivía el debate sobre las vinculaciones de las Farc con el Ejército Republicano Irlandés IRA.

4.2. Impactos sociales y económicos y Percepción Regional del Plan Colombia:

La región, cerca y lejos del Plan Colombia

Cercano al tema de la intervención externa, está el referido al carácter regional del Plan Colombia. Pero nuevamente debemos subrayar que, si bien los discursos hablan de la amenaza regional del Plan, la información se refiere exclusivamente al contagio de la violencia a través de las fronteras. Un contagio de dos tipos: con presencia de las Farc en territorios como el peruano o el ecuatoriano, en la zona amazónica; o la vinculación de mafias regionales con el contrabando de armas, por ejemplo en el caso de Montesinos en Perú (La Razón, 15 mayo 2002).

La preocupación por el impacto regional ha sido similar en las dos investigaciones; sin embargo de lo cual, su peso sobre el conjunto de notas es relativamente bajo si tenemos en cuenta la gravedad del asunto. En efecto, mientras existen 269 notas, casi totalmente incluidas en las páginas internacionales (aquellas "ajenas" a los problemas locales) solo hay 28 que se refieren al impacto regional; y buena parte de ellas lo hacen en cuanto existencia de redes de tráfico de armas entre los países o en cuanto a impactos bilaterales.

Resulta paradójico mirar el enorme conjunto de esfuerzos dirigidos a establecer mercados comunes y formas muy diversas (económicas, culturales, políticas) de integrar los países, al tiempo que la eventual extensión de la violencia colombiana sigue presentándose como un hecho fragmentario, aislado.

El periódico La Razón de La Paz da cuenta de los esfuerzos de la OEA por estructurar una convención antiterrorista, a la cual hasta esa fecha (3 junio 2002) Bolivia no se había sumado. Sin embargo, la convención de la OEA aparece no como una respuesta a una situación de América Latina sino como una presión norteamericana a raíz del 11 de septiembre.

La República de Lima recoge un acuerdo de América Latina y la Unión Europea contra el terrorismo y el narcotráfico.

Si comparamos la importancia dada al tema regional en Bolivia y Perú, encontraremos que en el segundo país la prensa dedica mayor espacio al asunto, en gran medida porque Perú es un país fronterizo con Colombia. En efecto, la nota más destacada con respecto al impacto regional se refiere a un recuento histórico de las diversas ocasiones en las que los guerrilleros colombianos han invadido territorio peruano.

3.3. La imposibilidad de los diálogos de paz:

El tema del tratamiento de la guerrilla como terrorismo y la persecución de sus jefes como responsables de una banda de narcotraficantes, nos conduce a otro tema evocado en los diarios de la región: la posibilidad de los diálogos de paz. Más exactamente, la imposibilidad de los diálogos de paz.

En nuestra matriz sobre las notas directas e indirectas sobre el Plan Colombia hemos reunido bajo el item de "Diálogos de paz" no solo lo referido a ellos sino las manifestaciones de la sociedad civil exigiendo una resolución no violenta del conflicto. Sin embargo, alrededor del 80% de las notas recogidas hablan de los fracasos de las negociaciones de paz en el caso del gobierno de Pastrana, y reflejan involuntariamente cierto cinismo en las propuestas de diálogo del gobierno de Uribe, en cuanto se muestra partidario del diálogo sin avanzar un solo paso en ese sentido. Posicióncompartida, a su vez, por la guerrilla, que por el momento ha reducido sus pronunciamientos sobre negociaciones al simple intercambio de prisioneros entre los guerrilleros en prisión y los alcaldes, funcionarios, religiosos e incluso una candidata presidencial, retenidos por la guerrilla.

El diario El Comercio hace una reseña histórica del régimen de Pastrana (30 abril 2002) para concluir que las encuestas que revelan una caída marcada de la popularidad del presidente saliente se deben, precisamente, al fracaso de las conversaciones de paz.

En El Deber de Santa Cruz se pone énfasis en las posibilidades de los diálogos, pero las visiones en la región son más bien pesimistas al respecto. Seis de las siete notas referidas al tema de la no violencia, en El Deber, hablan de alternativas de diálogo, aunque la más destacada de todas, bajo el título de "Alvaro Uribe pidió mediación y armas" nos deja reflexionando sobre una contradicción que está en el centro de la política del nuevo presidente colombiano.

5. Algunas reflexiones finales:

Nuestras reflexiones finales parten de reiterar que el Plan Colombia como fue concebido y vendido a la región, se está diluyendo en la estrategia antiterrorista de Estados Unidos. A partir de esta constatación, veamos algunos puntos específicos.

1. La primera conclusión que ya sacamos del estudio anterior y que hoy se repite es el tratamiento persistente del Plan Colombia y del conflicto colombiano que le dio origen como un hecho exterior a los otros países dentro de la región. Eso explica que el tratamiento del conflicto colombiano, como un hecho ajeno, ocupe más del 50% de las notas seleccionadas. Le siguen en importancia cuantitativa las referidas al terrorismo, íntimamente vinculadas al conflicto local colombiano, los diálogos de paz las intervenciones de Estados Unidos y Europa y muy por debajo las referidas propiamente al Plan Colombia y al carácter regional de la estrategia colombo-norteamericana. Incluso cuando el terrorismo hace referencia a los impactos regionales, los pronunciamientos están en gran medida ligados a la cruzada antiterrorista de Estados Unidos.

El tema sigue siendo tratado íntegramente en las páginas internacionales.

2. Si bien en el estudio anterior se hizo un esfuerzo por cuantificar los datos con respecto a los actores de la información (actores en cuanto generadores directos del mensaje informativo), esta vez prescindimos de este aspecto, pues la información tiene únicamente tres fuentes: la fuente oficial anónima generalmente militar, la fuente oficial por boca de algún funcionario identificado, y el testimonio de los pobladores afectados por la guerra. Ni siquiera la guerrilla aparece con su propia voz, y no encontramos más de media docena de notas que tuvieran como informantes a organizaciones de la no violencia. La información continúa generándose casi exclusivamente en el poder y los analistas toman como referentes estas informaciones.

En la prensa peruana y boliviana, por vía de las agencias internacionales, aparece en una pequeña medida el punto de vista de las guerrillas, pero la tendencia es similar a lo que ocurre con la información en Colombia. Como señalábamos en el primer estudio, parecería que los actores son solo el Gobierno colombiano, las Fuerzas Armadas y policiales, el Gobierno norteamericano y prácticamente silenciada la guerrilla que, en el informe del 2001 tenía mayor espacio para expresarse en los medios. Lo que anteriormente era solo la presencia del gobierno colombiano, ahora se ha ido extendiendo a todo el Estado, en la medida en que alcaldes, gobernadores, parlamentarios y funcionarios de la justicia entraron como objetivo en la estrategia de las Farc.

3. A propósito de esto último, es relevante la importancia concedida por la prensa colombiana en especial, pero también por la boliviana y peruana al carácter anti-institucional adoptado por la guerrilla. El combate de los insurgentes ya no es contra el gobierno y el ejército sino contra todas las instituciones democráticas. Este hecho era aislado en el 2001, al menos en la información, pero se ha generalizado para esta fecha.

Esta estrategia de la guerrilla podría, a nuestro entender, sustentarse en las debilidades y el desconcierto del estado al mismo tiempo que el desencanto de la poblaciones con respecto a las elites políticas. Si en Colombia está confirmándose aquella afirmación de Norbert Lechner de que del miedo a la guerra y la violencia, al desamparo y a la miseria, surgen las tareas de la política, ya podemos suponer las improvisaciones, contradicciones e inconsistencias que caracterizan a un estado puramente reactivo.

Por otra parte, está la ausencia de medición real del impacto que sobre la institucionalidad colombiana tiene la guerra, cuando todo el discurso no tiene otro objeto que ir extremando las formas de represión que condujeron a pasar de un enfrentamiento con una guerrilla, a una guerra internacional contra el terrorismo, y el dejar de tratar a los levantados en armas de insurgentes para denominarlos delincuentes. (No queremos emitir juicios de valor al respecto, solamente lo señalamos como una constatación de nuestros estudios).

La editorialista de El Comercio de Lima (25 mayo 2002), Virginia Rosas subraya con razón que "cada masacre solo refuerza la imagen de un estado fragilizado y débil, por no decir ausente". No parece existir espacio en los medios para analizar la situación real y la crisis profunda de estados como el colombiano, agravada por el hecho de que los estados nacionales en sí mismos viven la mayor de sus crisis.

4. El tratamiento que el Estado colombiano y Estados Unidos comienzan a dar al Plan Colombia como elemento del combate al terrorismo, al margen de estar o no en acuerdo con ese giro al Plan, obliga a reflexionar sobre los conceptos de seguridad nacional que, en los diarios analizados, no son evocados. Tanto el espíritu de las notas informativas como en los editoriales y columnas de opinión reflejan un punto de vista único (por lo que resolvimos en la matriz respectiva unificar los items Opinión y Editorial).

Por ese motivo nos ha parecido oportuno traer a estas páginas una reflexión producida el año pasado por un grupo de Colombia, en torno al tema de la seguridad nacional:

"Otro concepto alternativo al de seguridad nacional es el de seguridad democrática. Un grupo de trabajo en Colombia plantea que la seguridad debe tener un carácter de bien público fundamental, que trascienda la conceptualización de seguridad exclusivamente como defensa y seguridad.

"La seguridad democrática no se basa esencialmente en la capacidad de coacción, de intimidación o de penalización por parte del Estado sobre la sociedad, sino que se fundamenta en el perfeccionamiento de una cultura de convivencia ciudadana en términos de tolerancia, solidaridad, respeto a las diferencias, y en un ambiente igualitario en el que prevalezcan criterios, postulados y principios básicos de justicia distributiva".

El grupo agrega que los principios rectores de una estrategia de seguridad democrática son: afirmar el Estado de derecho y reconocer el papel que le cabe a la sociedad en la definición del pacto social; garantizar la seguridad para la población y de manera complementaria para el Estado; aplicar políticas de seguridad que no sólo sean legales sino también legítimas y éticamente válidas, propugnar la seguridad para la convivencia y para el desarrollo como un órgano con una capacidad deliberante sobre los asuntos fundamentales y los propósitos colectivos de la sociedad. Por último, indica que las políticas de seguridad son: restauración de nuevas doctrinas de seguridad y defensa nacional; replanteamiento de la visión de las Fuerzas Militares; fortalecimiento del modelo de policía comunitaria; participación de la comunidad en la seguridad ciudadana; responsabilidad del Estado en la formulación de políticas democráticas y participativas tanto de seguridad nacional como de seguridad ciudadana; modernización, profesionalización y reingeniería de la Fuerza Pública."

5. Más de un informe de análisis señala que la inestabilidad en Colombia se deriva de dos tendencias distintas: el desarrollo de una economía del narcotráfico subterránea y criminal, y el crecimiento de desafíos armados a la autoridad del Estado. Desde esa perspectiva, si bien Estados Unidos establece nexos entre guerrillas y tráfíco de drogas, ha fallado en identificar el control político que las guerrillas ejercen sobre gran parte de la población y el territorio colombiano, como centro de gravedad del complejo guerrilla-tráfíco de drogas.

Por esto, afirman algunos análisis (Rabasa y Chald), "los esfuerzos de Estados Unidos se focalizan en fortalecer las capacidades antinarcóticos del país, mientras insisten en que la asistencia militar no está dirigida contra las guerrillas". A esta última salvaguarda comienza a renunciar el gobierno norteamericano, de acuerdo a las declaraciones de la embajadora de Estados Unidos recogida en los diarios, en el sentido de que el segmento militar del Plan Colombia se dedicará al combate a la guerrilla.

Para los dos autores, Angel Rabasa y Peter Chalc, durante la última década Colombia ha sido vista en Estados Unidos a través del prisma del problema de las drogas, pero el desarrollo de la economía de ese país está ligado estrechamente a otros factores de desintegración política y fortalecer el Estado y sus instituciones, incluidas las fuerzas armadas y de seguridad -que llevan el peso de la lucha para restablecer la autoridad del Estado-, debe ser el punto crítico de la política estadounidense hacia Colombia. El informe recuerda además que Estados Unidos tiene amplios intereses estratégicos en i la región que se encuentran en peligro por la inestabilidad de Colombia.

El modo como es abordado el Plan Colombia en las escasas notas al respecto, demuestran que no está atacando a las causas reales del problema que está en la base de su formulación. Y esas causas son, según más de un analista, un gobierno débil, la inequidad, la ausencia de participación ciudadana y un sistema legal ineficaz.

Desde esa perspectiva encontramos en algunos artículos de opinión analizados una cierta percepción de la naturaleza del problema, pero planteada de manera equívoca. Esto es, no se formula inequidad como la raíz del problema sino como materia de "otra guerra", de "otro terrorismo", el terrorismo de la miseria.

6. Existe una conclusión que queremos dejarla únicamente formulada: el modo como el Plan Colombia entra en la dinámica de la globalización. La importancia dada a las intervenciones de Estados Unidos, Europa y organismos internacionales, nos parece que lejos de robustecer al Estado colombiano lo debilitan, minimizan su capacidad autónoma. Se pierde la dimensión regional en el marco de la dimensión totalizadora.

Pero estos puede ser materia de otro análisis. Constatamos solamente la insistencia de los medios en destacar informaciones al respecto.

7. Hemos querido dejar para el final una reflexión sobre la independencia de los medios de comunicación que se pone en tela de juicio en el caso colombiano.

El modo como el conflicto colombiano ha sido abordado por la opinión pública ha provocado un debate particular: ¿puede la prensa ser objetiva?

El debate se animó a comienzos de julio, cuando el presidente Pastrana sostuvo que los medios de comunicación no pueden declararse neutrales frente al conflicto.

Una de las primeras reacciones fue la de El Colombiano, que el 12 de julio editorializó respaldando la afirmación presidencial. "Un periodista no puede ser neutral frente a la opción guerra o paz. Su deber es tomar partido por la paz, porque es en la paz donde está el servicio al bien común" afirmaba el diario.

El diario utiliza una fórmula hábil para establecer los límites "naturales" del derecho a la información: la responsabilidad. "No se puede informar todo lo que se sabe, si lo sabido les hace daño a los ciudadanos y a la patria". Y recoge palabras del fundador del diario hacia la primera mitad del sigloXX: "Nada contra la Patria. Quédese la noticia si publicarla le hace a ella mal. Prescíndase de la crítica, si publicarla la desdora (...) Aunque las instituciones deban enmendarse, aplacemos el hacerlo si el trastorno ha de ser peor que las instituciones".

Algunos políticos que se hicieron eco de estas opiniones fueron más allá que el propio Pastrana. Enrique Peñalosa, ex alcalde de Bogotá y pre candidato presidencial para el 2006 declaró que "en este momento de crisis del país no puede haber críticos en los temas que tengan que ver con la guerra y la paz" porque "la democracia está en juego".

La dificultad reside en saber desde qué lugar los medios callan. Y no se necesitan mayores análisis para concluir que lo hacen desde el "establecimiento", desde la institucionalidad, desde el poder. Cuáles son las realidades que se callan y cuáles las que, incluso se sobrevaloran.

Ignacio Ramonet, uno de los más destacados editores de medios de Francia señala que "cada vez con mayor frecuencia, hay periodistas que no dudan en manipular una noticia para dotarla de una fuerza, un aspecto espectacular o una conclusión que tal vez no tendría de otro modo". Y lo que hemos observado en los diarios estudiados, es la espectacularidad que se ha dado a ciertos hechos que subrayan el carácter irracional de la acción guerrillera. No se trata de negar la crueldad que implica una guerra irregular y que tiene episodios espeluznantes como la masacre de cerca de cien civiles en la iglesia de Bojayá por un misil equivocado lanzado por las FARC. Pero sin duda el tratamiento del tema se lo hizo desde esa "subjetividad" evocada por Pastrana.

Pero las voces en torno a esta propuestas de autocensura no fueron unánimes. En el diario El Tiempo (12 de julio 2002), el columnista Eduardo Posada Carbó se interrogaba si "?debe el tema de la paz y de la guerra sustraerse del debate nacional?¿No es contradictorio argumentar que la democracia está en juego y proponer entonces para su defensa que se deje de opinar? ¿Conviene a la democracia que no se delibere sobre la guerra y la paz?. En otras palabras ¿es el debate de opinión una herramienta que favorece a los grupos ilegales armados?.

Posada Carbó sostiene que, al contrario de lo afirmado por Peñalosa y Pastrana "en el caso colombiano, la tarea de opinar críticamente es una forma de deslegitimar la violencia. Habría que insistir, una y otra vez, en reivindicar la polémica y la discusión pública como un ejercicio de reivindicación democrática frente a quienes pretenden prevalecer sobre la nación con la brutalidad de las armas".

Otro editorialista de El Tiempo, el novelista Oscar Collazos analiza el mismo tema desde otro ángulo a la luz de las afirmaciones de George W. Bus de que quien no está con Estados Unidos está contra Estados Unidos. "Enemigo es quien disiente ?afirma Collazos- Se está con el Estado o se está contra él, ha empesado a decirse en un intento por impedir la reflexión y el disentimiento."

Para Collazos, en situaciones dramáticas como la colombiana se camina hacia una polarización que ha empezado a tocar los linderos del pensamiento y la libertad de expresión".

En efecto, ¿donde reside y quién establece el límite entre el derecho a la información y el ocultamiento "patriótico" de aquella? Hay una receptividad que marca el modo como un hecho es abordado y la receptividad es distinta a partir de dónde se ubica el ser sensible que recibe el estímulo de un hecho. Walter Benjamín sostenía hace mucho tiempo que "el nombre que el hombre da a la cosa depende de la forma en que la cosa se comunica con él."

Y Michel Foucault desagrega este enunciado general afirmando que lo importante es que "la verdad no está fuera del poder, ni carece de poder (...) La verdad es de este mundo es producida en este mundo gracias a múltiples imposiciones, y produce efectos reglados de poder." Va más lejos Foucault: Cada sociedad posee su régimen de verdad, su política general de la verdad: es decir, define los tipos de discursos que acoge y hace funcionar como verdaderos; los mecanismos y las instancias que permiten distinguir los enunciados verdaderos o falsos, la manera de sancionar a unos y otros; las técnicas y los procedimientos que son valorados en orden a la obtención de la verdad, el estatuto de quienes se encargan de decir qué es lo que funciona como verdadero.

Las afirmaciones del presidente Pasatrana, por tanto, no hacen sino trasladar a la realidad colombiana lo aquí planteado, en la medida en que legitima la subjetividad de quienes son, desde la perspectiva del poder, los llamados a informar aquello que para el poder "funciona" como la verdad.

En la medida en que el conflicto se ha ido radicalizando y ha tomado en los últimos meses las características de una confrontación sin retorno, el modo de presentar la información también se ha radicalizado. Nos hemos encontrado, a lo largo de nuestro estudio, con solo dos unidades informativas que recogen la voz de la guerrilla; y en las dos ocasiones ha sido para amenazar a la institucionalidad colombiana. El resto de voces, o son oficiales, o nacen anónimas de aquel gelatinoso espacio conocido con "opinión pública".

La "opinión pública" en nuestras sociedades es la aplicación de lo que Foucault llama la "política general de la verdad", y se produce en un proceso irreconocible que va de la sentencia acuñada por los medios de comunicación al "rumor" que produce la gente común y las interpretaciones que cocinan las élites, y viceversa, hasta que "la opinión pública" cuaja y marca el régimen de verdad de la colectividad. La sociedad civil está en la información en cuanto es víctima de la violencia de la guerrilla y no cuando tiene algo que decir sobre los acontecimientos. La sociedad civil es evocada en los medios en la medida en que completa la dupla "Estado-Ciudadanos" constitutiva de la nación. De allí que un columnista de El Tiempo y figura militar muy influyente en décadas pasdadas, Alvaro Valencia Tobar, afirma sin que le tiemble la pluma que el país está frente a "una guerra brutal declarada a la nación entera, no solo al Estado que la gobierna".

Y en función de esta defensa del conjunto de la nación, Valencia Tobar rechaza a quienes, en los medios defienden la neutralidad y afirma: "Nadie niega a los medios informativos la libertad de crítica, aún en medio de la guerra; tampoco su pleno derecho a la información objetiva. Pero de ahí a que ellos mismos se proclamen neutrales en una guerra que, de perderse, arrasaría con esa misma libertad de expresión, hay un abismo(...) no pueden ser neutrales ante la avalancha criminal que amenaza con destruir la razón de ser de su existencia".

No se trata aquí de formular una defensa de la guerrilla. Tampoco de calificarla. Estamos, simplemente, en función del análisis de contenido de los medios, señalando el modo como los grandes diarios "se encargan de decir qué es lo que funciona como verdadero".

El reto, que la prensa no parece percibir, con excepción de dos editorialistas citados líneas adelante, es la capacidad del Estado colombiano para emprender en una estrategia que equilibre la acción política con la militar, en síntesis, "la política de paz y la política de guerra"?

Y el debate sobre la acción crítica de los medios de comunicación que hemos evocado, tiene este peligroso trasfondo: que la acción militar acabe socavando, en perversa coincidencia con la acción desinstitucionalizadora de la guerrilla y los paramilitares, las bases democráticas del país.

6. BIBLIOGRAFIA:

Además de las ediciones de La Razón y El Deber de Bolivia, El Tiempo y el Colombiano de Colombia y El Comercio y La República de Perú, nos hemos apoyado en la bibliografía siguiente:

§ Mito y realidad de la Ayuda Externa. América Latina al 2002. Asociación Latinoamericana de Organizaciones cde Promoción ALOP, Lima 2002.

§ Ecuador Debate # 54. Centro Andino de Acción Popular, Quito 2002.

§ Los potros interiores de la Democracia. Norbert Lechner. Flacso, Santiago de Chile 1998.

§ Colombian Laberynth. Angel Ramasa y Peter Chalc. Rand. Santa Mónica 2001.

§ La golosina visual. Ignacio Ramonet. Ediciones Temas de Debate, España 2000.

§ Angelus Novus. Walter Benjamin. Ediciones La gaya ciencia, Barcelona 1970.

§ Estrategias de Poder. Michel Foucault. Obras esenciales volumen II. Buenos Aires 1999.

------------

*Proyecto Latinoamericano de Medios de Comunicación de la Fundación Friedrich Ebert. Sede: Quito-Ecuador; Directora: Señora Sara Brombart; teléfonos: (00593) 2904051/2904053; e-mail: promefes@uio.satnet.net; dirección: Calle Calama 354 y Juan León Mera; casilla: 17-21-1993.

Volver atrás
Enviar el artículo por E-mail
close



9 + 3 = echchange

Con el uso de ese servicio Ud. acepta:
Su dirección E-Mail y la del destinatario serán utilizados sólo para avisar al destinatario sobre el envío. Para evitar el mal uso del servicio, Bolpress registrará el IP del emisor del mensaje.

Compartir el artículo en Facebook Versión para mprimir
+ Restaurar tamaño del texto -
Mas informacion
Uhr 50

min.

... a fondo

La influencia histórica de la convicción patriótica

Eduardo Paz Rada

La historia de la sociedad boliviana ha estado marcada por la dinámica y las contradicciones de las relaciones con las potencias capitalistas mundiales en torno a la explotación de los recursos naturales acompañada con la dominación política e ideológica sobre el conjunto de América Latina. En este contexto, los estudios, aportes y (...) :: Más detalles

Otros artículos de análisis

El gobierno de Evo Morales acelera el montaje de la planta nuclear

AnaliaPandoCabildeo

¿Por qué el gobierno de Evo Morales quiere gastar más de 2 mil millones de dólares en la construcción de (...)

Elites económicas y decadencia sistémica

Jorge Beinstein

A raíz de la llegada Mauricio Macri a la presidencia se desató en algunos círculos académicos argentinos la (...)

El gobierno del MAS se hunde en un mar de mentiras

AmaliaPandoCabildeo

El gobierno del MAS ha perdido tres elecciones consecutivas desde 2014 porque las grandes mayorías, sobre todo urbanas, ya no creen (...)

Quintana tiene el hábito de desviar fondos públicos y de impartir “línea” a los periodistas

Wilson García Mérida

La difusión de un audio que registra una reunión “de trabajo” entre el ministro de la Presidencia Juan (...)

la frase

Álvaro García ha leído pocos libros Cita a Hegel pero leyó citas de citas nada más Por eso carece de espíritu humanista y sufre acomplejamiento social e intelectual

Wálter Chávez, ex asesor del MAS

¿Cuál es el principal desafío del nuevo gobierno

  • Seguridad ciudadana
  • Lucha contra el narcotráfico
  • Industrialización
  • Empleo y educación
  • Otros

Encuesta vigente desde el 13-10-2014

Encuesta anterior:

Por quién votará en las elecciones de 2014